INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN

El día treinta de la guerra del Golfo —el conflicto armado más grave desde la Segunda Guerra Mundial en términos de impacto sobre los mercados energéticos globales— se abre con una doble paradoja que define con precisión el estado de situación: Washington habla de negociaciones mientras el Pentágono diseña planes de operaciones terrestres; Teherán niega toda negociación mientras sus representantes, según fuentes bien informadas, solicitan al mismo tiempo una tregua temporal de cinco a siete días. El Estrecho de Ormuz permanece bloqueado en la práctica, el precio del barril Brent supera los ciento quince dólares, y la diplomacia regional —con Pakistán como mediador emergente y los cancilleres de Arabia Saudí, Turquía, Egipto y el propio Pakistán reunidos en Islamabad— intenta construir un puente entre dos partes que públicamente se niegan a reconocer que están hablando. Mientras tanto, la Ucrania en guerra con Rusia firma acuerdos de defensa con las monarquías del Golfo, ofreciendo su inestimable experiencia en tecnología anti-dron —forjada con sangre frente a los drones iraníes Shahed utilizados por Moscú— en un movimiento geopolítico de extraordinaria astucia diplomática. El mundo observa con creciente alarma un tablero en el que todos los actores corren el riesgo —como apunta The Economist— de sobrevalorar su mano en esta peligrosa partida de póker.

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. El Pentágono prepara operaciones terrestres en Irán; Ghalibaf responde con una amenaza directa

Hechos

El Washington Post reveló el 29 de marzo que el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha elaborado planes para semanas de operaciones terrestres limitadas en Irán, que incluirían incursiones de fuerzas de operaciones especiales y tropas de infantería convencional contra la isla de Kharg —nudo neurálgico de las exportaciones petrolíferas iraníes— y posiciones costeras próximas al Estrecho de Ormuz. No se trataría de una invasión terrestre a gran escala, pero sí de operaciones quirúrgicas con enorme carga simbólica y militar. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el presidente Trump no ha tomado todavía ninguna decisión al respecto, pero subrayó que «es misión del Pentágono prepararse para ofrecer al comandante en jefe la máxima flexibilidad operativa». En paralelo, el USS Tripoli — buque de asalto anfibio de la clase América— llegó a la región con tres mil quinientos infantes de marina y marineros a bordo, junto con aviones de combate, aeronaves de transporte y vehículos de asalto anfibio. Miles de soldados adicionales de la División Aerotransportada 82 del Ejército se encuentran en tránsito hacia la zona.

El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf —figura clave en la estructura de poder de la oligarquía yihadista de Teherán y, según diversas fuentes, el principal interlocutor con el que Washington estaría negociando de manera indirecta— respondió con un mensaje de una dureza extraordinaria: «El enemigo envía mensajes de negociación y diálogo abiertamente mientras planea en secreto un ataque terrestre. Nuestros hombres esperan la llegada de los soldados americanos en tierra para prenderles fuego y castigar para siempre a sus aliados regionales».

Implicaciones

La preparación de opciones terrestres por parte del Pentágono constituye un escalón cualitativamente distinto en la evolución del conflicto. La presión coercitiva —«negociamos con bombas», ha dicho el Secretario de Guerra Pete Hegseth— podría funcionar si Teherán concluye que la alternativa es peor que ceder, pero también podría desencadenar una espiral de represalias que desborde cualquier cálculo. Irán ha demostrado una resiliencia mayor de la esperada: sus misiles siguen funcionando, sus proxies terroristas —Hizbulá, los terroristas hutíes, las milicias proiraníes de Irak— mantienen su actividad operativa, y el régimen ha conseguido preservar una narrativa interna de resistencia digna que le otorga margen de maniobra. El hecho de que Israel haya retirado a Ghalibaf de su lista de objetivos prioritarios —aparentemente a petición de Pakistán y del proceso negociador— confirma que el presidente iraní del Parlamento es, en la práctica, el hombre con quien hay que hablar para llegar a algún acuerdo.

Perspectivas y escenarios

Escenario A —el más probable a corto plazo—: Trump extiende la pausa sobre los ataques a infraestructuras energéticas más allá del 6 de abril, Ghalibaf acepta canales de comunicación indirectos a través de Pakistán, y se produce una primera ronda de conversaciones exploratorias en Islamabad. Escenario B: Las operaciones terrestres se ponen en marcha, Irán responde con ataques masivos sobre bases estadounidenses en los países del Golfo y activa a Hizbulá y a los terroristas hutíes, ampliando el conflicto hacia el Mar Rojo y el Mediterráneo oriental. Escenario C —el más preocupante—: La fragmentación del mando iraní, con sectores del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) que rechazan cualquier negociación, provoca acciones militares no autorizadas que destruyen el proceso diplomático antes de que pueda comenzar.

2. Reunión cuatripartita en Islamabad: Pakistán, Arabia Saudí, Turquía y Egipto buscan una salida

Hechos

Los cancilleres de Pakistán, Arabia Saudí, Turquía y Egipto se reunieron el domingo 29 de marzo en Islamabad en una cumbre de urgencia para coordinar una iniciativa diplomática conjunta destinada a frenar la escalada bélica. Pakistán ha emergido como el principal mediador activo del conflicto: Islamabad fue el canal a través del cual el plan de paz de quince puntos presentado por Washington llegó a manos de las autoridades iraníes, y el gobierno pakistaní ha ofrecido públicamente acoger conversaciones directas entre representantes estadounidenses e iraníes «en los próximos días». El canciller pakistaní declaró en redes sociales que su país estaría «honrado de acoger y facilitar conversaciones significativas entre ambas partes para un acuerdo global y duradero del conflicto en curso». Los cuatro cancilleres prevén reunirse de nuevo el lunes 30 de marzo para concretar los pasos siguientes.

Implicaciones

La irrupción de Pakistán como mediador principal refleja varias realidades simultáneas: el agotamiento del formato omaní, la voluntad de Islamabad de elevar su perfil geopolítico internacional, y la necesidad de ambas partes de contar con un intermediario con credibilidad en Teherán pero con buenas relaciones con Washington. Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos, que soportan directamente el peso de los ataques con misiles y drones iraníes, tienen un interés existencial en que el conflicto concluya cuanto antes —sus economías, su credibilidad como destinos de inversión y sus proyectos de modernización dependen de la estabilidad regional—. Turquía, con su habitual habilidad para posicionarse como actor indispensable en todas las crisis, busca capital diplomático. Egipto, cuyo Canal de Suez es una de las arterias del comercio mundial en riesgo, tiene razones económicas de primer orden para sumarse a cualquier iniciativa de desescalada.

Perspectivas y escenarios

El formato cuatripartito de Islamabad podría ser el embrión de un mecanismo de garantías multilaterales —similar al papel que jugó el grupo EU3 más Rusia y China en las negociaciones nucleares previas— que aporte a Irán suficientes garantías de seguridad para que Teherán pueda justificar internamente un acuerdo. El gran obstáculo sigue siendo la asimetría de exigencias: Washington pide la desnuclearización completa y la desmantelación del arsenal de misiles; Teherán exige el cese de las hostilidades, reparaciones de guerra y el reconocimiento de su soberanía sobre el Estrecho de Ormuz. Entre ambas posiciones media un abismo que sólo puede llenarse con una dosis enorme de pragmatismo que, por el momento, no se detecta en ninguna de las dos capitales.

3. Petróleo a más de 115 dólares: la mayor disrupción energética de la historia

Hechos

El precio del barril de petróleo Brent ha superado los ciento quince dólares, con el crudo estadounidense West Texas Intermediate (WTI) firmemente anclado por encima de los noventa y cinco dólares. Según la Agencia Internacional de la Energía (AIE), se trata de la mayor disrupción del suministro energético en la historia de los mercados mundiales del petróleo: el flujo a través del Estrecho de Ormuz ha caído desde los veinte millones de barriles diarios —la norma antes del conflicto— hasta un goteo residual, y los recortes de producción en el Golfo superan los diez millones de barriles diarios. El indicador TTF del gas natural neerlandés —referencia europea— se ha prácticamente duplicado, alcanzando más de sesenta euros por megavatio-hora, en un momento en que los depósitos de gas europeos apenas estaban al treinta por ciento de su capacidad tras un invierno especialmente riguroso. La Reserva Federal de Dallas ha calculado que si el cierre del Estrecho se extiende dos trimestres, el precio del barril podría mantenerse en torno a ciento quince dólares con impactos devastadores sobre el crecimiento mundial.

La capacidad de desvío es mínima: el oleoducto Este-Oeste de Arabia Saudí puede transportar unos dos millones y medio de barriles diarios adicionales hacia el Mediterráneo, y los Emiratos pueden redirigir unos quinientos mil barriles a través de su oleoducto hasta Fujairah. Con veinte millones de barriles diarios bloqueados, el ochenta y cinco por ciento del volumen normal permanece varado sin posibilidad de exportación.

Implicaciones

Europa se enfrenta a una segunda crisis energética de gran magnitud en menos de cinco años —la primera fue consecuencia de la agresión rusa a Ucrania—, con el agravante de que ahora confluyen simultáneamente el encarecimiento del petróleo y el del gas natural. Las naciones asiáticas —China, India, Japón, Corea del Sur— que dependen de las importaciones del Golfo Pérsico para el ochenta por ciento de su suministro de hidrocarburos, se ven forzadas a competir en mercados alternativos, lo que eleva la presión sobre los precios globales. Rusia, paradójicamente, se beneficia de la crisis al exportar más crudo para llenar el vacío, reforzando sus ingresos de guerra precisamente cuando Occidente pretendía estrangular su economía.

Perspectivas y escenarios

La duración del choque energético es la variable crítica. Si el Estrecho permanece prácticamente cerrado durante el segundo y el tercer trimestre de dos mil veintiséis, el mundo entrará en una recesión sincronizada de una dureza comparable a la de los shocks del petróleo de mil novecientos setenta y tres y mil novecientos setenta y nueve, pero con mayor velocidad de transmisión dado el grado de integración de las cadenas de valor globales. La Unión Europea —que lleva meses predicando la autonomía estratégica pero sin haberla construido seriamente— se encontrará ante una situación de emergencia energética que pondrá a prueba, una vez más, su cohesión interna.

4. Zelensky firma acuerdos de defensa con Arabia Saudí, Emiratos y Qatar: la paradoja ucraniana

Hechos

El presidente ucraniano Volodymyr Zelensky completó el 28 y 29 de marzo una gira diplomática por las monarquías del Golfo Pérsico que ha producido acuerdos de defensa con Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos y Qatar. Los acuerdos, cuyo núcleo es la transferencia a los países del Golfo de tecnología anti-dron ucraniana y el despliegue de expertos militares de Kyiv en la región, tienen una lógica geopolítica impecable: Ucrania lleva más de cuatro años combatiendo los drones Shahed de fabricación iraní que Moscú utiliza para bombardear sus ciudades y centrales eléctricas. Sus militares conocen las vulnerabilidades de esa tecnología mejor que nadie en el mundo. Riyadh y Abu Dabi, que sufren los mismos drones, necesitan urgentemente esa experiencia. El Ministerio de Defensa de Arabia Saudí firmó el memorando de entendimiento en Jeddah el viernes 27 de marzo con el jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas ucranianas, teniente general Andriy Hnatov.

Al mismo tiempo, según el Washington Post, el Pentágono estudia redirigir hacia el Oriente Medio el material y las armas destinados a Ucrania, lo que dejaría la defensa antiaérea ucraniana en una situación de extrema vulnerabilidad frente a los ataques con misiles balísticos rusos, que Moscú ha intensificado en las últimas semanas.

Implicaciones

La maniobra de Zelensky es de una elegancia estratégica notable. En lugar de esperar pasivamente a que Washington desvíe sus recursos hacia el Oriente Medio, Ucrania se posiciona como «donante de seguridad» —en palabras del propio Zelensky— y como actor indispensable en la arquitectura de defensa regional del Golfo. Ello le otorga capital diplomático, posibles fuentes alternativas de financiación, y una narrativa internacional que refuerza su relevancia en un momento en que el conflicto iraní amenaza con eclipsar la guerra ruso-ucraniana en la agenda global. La convergencia entre los dos conflictos —la agresión rusa a Ucrania y la guerra en el Golfo— es ya estructural: Rusia suministra drones y tecnología a Irán, Irán los usa contra Ucrania y ahora los lanza sobre el Golfo, y Ucrania ofrece su experiencia y expertos contra la tecnología iraní a quienes los sufren sus ataquesen la región.

Perspectivas y escenarios

Si el Pentágono confirma el desvío de armamento destinado a Ucrania hacia el Oriente Medio, el riesgo de un avance ruso significativo en el frente ucraniano aumentará de manera alarmante. Europa deberá entonces decidir si es capaz —y si tiene la voluntad política— de compensar ese déficit con sus propias capacidades de producción de defensa, algo para lo que todavía no está en absoluto preparada a la escala requerida. La gira de Zelensky por el Golfo es también un mensaje implícito a Washington: Ucrania tiene opciones y alternativas, y puede ser útil a aliados que tienen los recursos financieros para compensar la reducción de la ayuda estadounidense.

5. Escalada en el Líbano: Israel avanza, Hizbulá resiste, UNIFIL bajo fuego

Hechos

Israel ha intensificado sus operaciones en el sur del Líbano, donde sus fuerzas terrestres —encuadradas en la División 91— avanzan hacia el norte con el objetivo declarado de establecer una «zona de seguridad» que proteja a los asentamientos israelíes del norte. El primer ministro Benjamin Netanyahu ordenó la expansión del perímetro de seguridad en el sur libanés. Un soldado israelí murió en combate en el Líbano durante el fin de semana. La Fuerza Provisional de las Naciones Unidas para el Líbano (UNIFIL) comunicó que un de sus efectivos murió y otro resultó gravemente herido en una explosión en el sur del país, lo que añade una nueva dimensión de gravedad al conflicto. Según las Naciones Unidas, trescientas setenta mil niños han sido desplazados por las operaciones militares israelíes en el Líbano desde el inicio de la ofensiva. La organización terrorista Hizbulá, que mantiene sus posiciones pese a los golpes recibidos, lanzó un cohete que mató a una mujer en el norte de Israel.

Implicaciones

La apertura de un frente terrestre significativo en el Líbano —en paralelo a las operaciones aéreas sobre Irán— pone de manifiesto que Israel ha decidido aprovechar la ventana estratégica abierta por el debilitamiento del régimen iraní para intentar desmantelar la infraestructura de Hizbulá en el sur libanés de manera definitiva. Es una apuesta de enorme riesgo: si el régimen de Teherán no colapsa o alcanza un acuerdo antes de que Israel alcance el límite de sus capacidades operativas, Hizbulá podría recuperarse y la destrucción del Líbano habrá sido en vano. La muerte del soldado de UNIFIL abre además un frente diplomático delicado con los países que contribuyen tropas a la fuerza internacional —Italia, Francia, España—, que han reclamado explicaciones y garantías de seguridad.

Perspectivas y escenarios

El portavoz de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI, Tsáhal) afirmó el 29 de marzo que el ejército está «a pocos días de haber alcanzado todos los objetivos de primera prioridad en Irán». Si eso es cierto, la presión sobre Teherán podría aumentar lo suficiente como para que los sectores más pragmáticos de la oligarquía yihadista —Ghalibaf a la cabeza— impongan algún tipo de acuerdo provisional. Pero la clave seguirá siendo si Irán está dispuesto a aceptar las condiciones estadounidenses sobre su programa nuclear, o si prefiere una guerra de desgaste indefinida.

6. The Economist y el riesgo de sobrevalorar las propias cartas: el dilema de todos los actores

Hechos

En su edición del 29 de marzo, The Economist publica un análisis de singular profundidad bajo el título «All sides in the Gulf war are at risk of overplaying their hands» («Todos los actores en la guerra del Golfo corren el riesgo de sobrepasar sus propias cartas»). La publicación constata que ninguna de las partes ha logrado sus objetivos declarados: Estados Unidos e Israel no han conseguido que el régimen colapse ni que Teherán acepte sus condiciones; Irán, pese a su resistencia, ha sufrido daños militares severos y una destrucción de infraestructuras civil que sus ciudadanos pagarán durante generaciones; los países del Golfo ven cómo su imagen de destino estable para inversores y expatriados se erosiona de manera acelerada. El Foro Económico Mundial calcula que el conflicto está provocando un choque estructural sobre la economía global —no sólo un shock de precios transitorio— que afectará a cadenas de suministro, seguridad alimentaria, inversión y estabilidad política durante años.

Implicaciones

La advertencia de The Economist no es retórica. La dinámica de escalada en la que están atrapados todos los actores tiene una lógica perversa propia: cada parte teme que retroceder equivalga a una derrota estratégica inaceptable, lo que la lleva a escalar en lugar de desescalar. Trump teme que un acuerdo insuficiente sea interpretado como una claudicación; Netanyahu necesita resultados tangibles para su supervivencia política; los dirigentes iraníes que quedan en pie saben que cualquier concesión podría ser percibida internamente como una traición a los fundamentos de la República Islámica. En ese contexto, la diplomacia de Islamabad y la mediación cuatripartita son el único camino real hacia alguna forma de salida, por imperfecta que sea.

Perspectivas y escenarios

El análisis de The Economist coincide con la evaluación del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus siglas en inglés) de Washington: sin una reapertura del Estrecho de Ormuz, el mundo se dirige hacia la mayor contracción económica sincronizada desde la Gran Recesión de dos mil ocho. Esa presión económica —que ya afecta a los propios aliados de Estados Unidos en Europa y Asia— podría ser, paradójicamente, el factor que finalmente obligue a un acuerdo. El dolor es real, y cuanto más se extiende, más difícil resulta para cualquier gobierno justificar la prolongación del conflicto ante sus propias opiniones públicas.

III. RACK DE MEDIOS

El Financial Times y el Wall Street Journal lideran la cobertura económica con análisis exhaustivos del impacto del cierre del Estrecho de Ormuz sobre los mercados energéticos y las cadenas de suministro globales, coincidiendo en que se trata del mayor shock energético registrado en la historia del mercado petrolero moderno. The Economist aporta el análisis político más lúcido de la jornada con su advertencia sobre el riesgo de que todos los actores «sobrepasen sus propias cartas».

The New York Times y el Washington Post ofrecen la información más detallada sobre la preparación de operaciones terrestres por parte del Pentágono y sobre las negociaciones indirectas a través de Pakistán, con acceso visible a fuentes gubernamentales de primer nivel. La CNN y la NBC mantienen coberturas en tiempo real de extraordinaria densidad informativa. El Times de Londres y The Telegraph siguen la crisis con especial atención a las implicaciones para los aliados europeos y para UNIFIL.

Al Jazeera —con sus redacciones en Doha y Beirut— ofrece la cobertura más completa desde el lado iraní y libanés del conflicto, así como el mejor seguimiento de las iniciativas diplomáticas regionales. Arab News de Riyadh y el Kyiv Independent aportan, respectivamente, las perspectivas saudí y ucraniana. Le Monde y Le Figaro mantienen un tono más distanciado pero igualmente riguroso, con especial atención a las implicaciones para la seguridad energética europea y para las tropas francesas de UNIFIL en el sur del Líbano.

Russia Today y TASS continúan su línea propagandística, presentando el conflicto como una agresión imperialista angloionista y minimizando el papel desestabilizador de Irán, cuya cooperación militar con Moscú contra Ucrania resulta indefendible a la luz de los hechos. La prensa israelí —Jerusalem Post, Times of Israel, Haaretz— se divide entre quienes apoyan la intensificación de la campaña y quienes advierten del riesgo de un conflicto sin fin y sin plan para el día después. El CSIS, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS, por sus siglas en inglés) y el Instituto de Relaciones Internacionales de Francia (IFRI, por sus siglas en francés) han publicado en las últimas horas análisis de notable calidad técnica sobre los escenarios de resolución del conflicto.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

 

RIESGO

NIVEL

DESCRIPCIÓN

Escalada terrestre EE.UU.-Irán

CRÍTICO 🔴

El Pentágono ha elaborado planes de operaciones terrestres. El USS Tripoli con 3.500 marines está en zona. El CGRI espera órdenes de respuesta.

Crisis energética global

CRÍTICO 🔴

Brent > 115 $/barril. Ormuz prácticamente cerrado. Mayor disrupción energética de la historia según la AIE. Riesgo de recesión sincronizada global.

Fracaso del proceso diplomático

ALTO 🟠

Irán rechaza el plan de 15 puntos. Contraoferta iraní inaceptable para Washington. Ventana de Islamabad es la única oportunidad real.

Expansión del conflicto al Líbano

ALTO 🟠

Avance terrestre israelí. Muerto un soldado de UNIFIL. 370.000 niños desplazados. Hizbulá mantiene capacidad operativa.

Desvío de ayuda militar a Ucrania

ALTO 🟠

El Pentágono sopesa redirigir armamento de Ucrania al Oriente Medio. Riesgo de colapso de la defensa antiaérea ucraniana frente a Rusia.

Seguridad alimentaria global

MODERADO 🟡

Fertilizantes, azufre, urea y cereales en situación crítica. El Programa Mundial de Alimentos advierte de crisis similar a la de 2022.

Éxito del formato Islamabad

BAJO 🟢

Existe una posibilidad real, aunque reducida, de que la mediación cuatripartita produzca un acuerdo provisional en los próximos días.

V. COMENTARIO EDITORIAL

La guerra del Golfo —una denominación que ya nadie discute, aunque al iniciarse el conflicto algunos comentaristas se resistieran a usarla— ha entrado en su fase más peligrosa precisamente cuando parecía que la presión militar acumulada podría forzar algún tipo de solución negociada. La coexistencia de planes de operaciones terrestres del Pentágono y de iniciativas diplomáticas cuatripartitas en Islamabad no es una contradicción: es la esencia de la diplomacia coercitiva, ese arte de hacer creer al adversario que las alternativas a la negociación son peores que la negociación misma. El problema es que esta estrategia sólo funciona cuando el adversario comparte el mismo marco de racionalidad.

Y aquí reside el nudo gordiano de este conflicto. La oligarquía yihadista de Teherán —a diferencia de lo que muchos analistas occidentales, víctimas de un pensamiento desiderativo crónico, llevan años sosteniendo— no opera con los mismos parámetros de racionalidad estratégica que un estado democrático. Para el CGRI y para los sectores más duros del régimen, la humillación de aceptar las condiciones americanas sería peor que la destrucción física. Eso no significa que sean irracionales: significa que su función de utilidad incluye variables —la supervivencia del modelo teocrático, la narrativa de resistencia, su imagen de guardianes de las esencias e ideología del régimen— que los modelos analíticos occidentales tienden a subestimar sistemáticamente.

Mohammad Bagher Ghalibaf es el hombre más poderoso y con influencia transversal que le queda al régimen. Que Israel le haya retirado de su lista de objetivos prioritarios —aparentemente a instancias de Pakistán y del proceso negociador— es la señal más esperanzadora de las últimas semanas. Ghalibaf sabe que Irán no puede ganar militarmente esta guerra, y probablemente sabe también que el precio que están pagando los ciudadanos iraníes —privación de agua, luz, internet durante treinta días, infraestructuras destruidas— es insostenible a largo plazo. Pero también sabe que cualquier acuerdo que firme tiene que ser presentable hacia adentro, hacia una Guardia Revolucionaria que no le perdonaría una capitulación desnuda.

El plan de paz de quince puntos de Washington —desnuclearización completa más limitación drástica del arsenal de misiles— es, en este contexto, maximalista hasta el punto de resultar contraproducente como punto de partida. No porque los objetivos sean incorrectos —son los correctos y hay que defenderlos— sino porque ningún negociador serio empieza en la posición de llegada. La diplomacia de Reagan con la Unión Soviética —que es el modelo que el propio Trump debería tener en mente— no comenzó exigiendo la disolución inmediata del Pacto de Varsovia. Comenzó con presión máxima y conversaciones graduales. La diferencia es que Reagan tenía un plan para el día después. Trump, por ahora, no lo tiene.

Europa, mientras tanto, asiste al espectáculo con su habitual mezcla de impotencia y autoproclamación de principios. La segunda crisis energética en menos de cinco años —consecuencia directa de la pasividad ante la agresión rusa primero, y de la desastrosa transición energética después— debería ser la última llamada de atención. Si el Viejo Continente no construye su autonomía estratégica y una seguridad energética real, tomarnos en serio nuestra defensa, promover nuestra industria más puntera en los próximos cinco años, Europa dejará de ser un actor con influencia en el tablero mundial. La actuación de Zelensky en el Golfo —tan activa, y tan hábil— debería avergonzar a más de un canciller europeo que sigue esperando que los problemas se resuelvan solos.

El mundo está en un momento de fractura sistémica —término que venimos usando en estas páginas desde hace meses— en el que el orden internacional de la posguerra fría se deshace con una velocidad que nadie había previsto. La guerra del Golfo no solo es la consecuencia, es el catalizador y desde luego no la causa. La causa es más profunda: la acumulación de errores estratégicos amontonados durante décadas, la ingenuidad ante los regímenes autoritarios, la ilusión de que el comercio sin más civiliza y que la globalización elimina los conflictos. Nada de eso ha resultado cierto. Y el precio de esa ilusión lo están pagando hoy los civiles iraníes, los marinos mercantes varados en el Golfo, los habitantes y trabajadores de los estados del Golfo que ven sus ciudades bombardeadas, y los consumidores de todo el mundo que pagan los carburantes y el gas a precios que nunca habían conocido.

La salida existe, pero requiere algo que escasea en todos los actores implicados: coraje, audacia, sentido de Estado y de la historia, grandeza de espíritu y visión estratégica y de largo plazo. Un acuerdo imperfecto que detenga la hemorragia abra el Estrecho y siente las bases de una negociación nuclear verificable sería infinitamente preferible a un conflicto que se prolonga hasta que alguien cometa el error irreparable. Islamabad, con sus cuatro ministros de Exteriores reunidos en torno a una mesa este domingo, es hoy el lugar más importante del planeta. Ojalá estén a la altura.

CLAVES DEL DÍA DE JOSE A. VIZNER

¿Te gusta esta Newsletter? Suscríbete 

Reply

or to participate.