INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN

La jornada del 23 al 24 de abril de 2026 cierra una semana en la que el sistema internacional ha confirmado dos lecciones que este analista lleva meses argumentando: la primera, que la diplomacia de «temperatura variable» —esa diplomacia mediada por Islamabad, Abu Dabi y Washington— puede prolongar la fase de contención sin resolverla; la segunda, que la paradoja del descabezamiento sigue operando con inquietante precisión en el vértice de la oligarquía yihadista iraní, cuyo triunvirato militar —Vahidi, Zolghadr y Rezaei— bloquea a los negociadores designados hasta el punto de que el propio Donald Trump, en su prórroga del alto el fuego del 21 de abril, hubo de invocar explícitamente la fractura del gobierno iraní como razón para conceder más tiempo.

El titular geopolítico del día, sin embargo, lo escribe el propio presidente norteamericano con una orden que reintroduce el uso legítimo de la fuerza en el Estrecho de Ormuz: la instrucción a la Marina de «disparar y matar» cualquier embarcación iraní que siembre minas en la vía estratégica por la que transita el 20% del petróleo mundial. La decisión, tomada tras la captura del buque griego Epaminondas y el ataque iraní a tres buques mercantes —entre ellos dos de pabellón indio—, demuestra que Washington no está dispuesto a permitir que Teherán utilice el alto el fuego como coartada para fortalecer su leverage (apalancamiento) sobre la economía global. Brent cerró a 105,07 dólares por barril; el mercado, que siempre llega tarde pero nunca miente, ya ha descontado que la fase actual —fractura sistémica contenida, que vengo describiendo en estos informes— no ha terminado.

Pero la noticia que literalmente ha sacudido las cancillerías europeas hoy es la revelación, por Reuters, de un correo electrónico interno del Pentágono que baraja como opciones de castigo a los aliados que no apoyaron la guerra contra Irán la suspensión de España de la OTAN y la reevaluación del apoyo diplomático estadounidense a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas (Falkland). El memorándum, producido en el «Departamento de la Guerra» de Pete Hegseth y circulando a los más altos niveles, identifica como umbral absoluto de la Alianza los derechos de acceso, basamento y sobrevuelo —los ABO—; y convierte la negativa a otorgarlos en causa de sanción. Que Madrid figure en la primera línea de esa lista no es un accidente; es el resultado inevitable de años de una política exterior que este analista ha calificado ya de neutralidad militante que raya en la irresponsabilidad estratégica. Junto a este frente transatlántico, tres escenarios secundarios reclaman atención analítica: la extensión del alto el fuego Israel-Líbano por tres semanas anunciada por Trump desde el Despacho Oval; el endurecimiento de la postura china en el Mar Meridional —con el bloqueo material del Scarborough Shoal y el anuncio de construcción sobre más de once mil islas y arrecifes, que debe leerse como la mayor ofensiva de fait accompli cartográfico de este siglo—; y la fractura persistente del liderazgo iraní que bloquea la segunda ronda de Islamabad.

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Trump ordena a la Marina “disparar y matar” cualquier embarcación iraní que mine el estrecho de Ormuz

Hechos

El 23 de abril, el presidente Donald Trump anunció públicamente, a través de Truth Social y en declaraciones posteriores, que había ordenado a la Marina de los Estados Unidos «disparar y matar» («shoot and kill») cualquier embarcación iraní dedicada a sembrar minas en el Estrecho de Ormuz. La orden llega tras el ataque ejecutado por una lancha del CGRI el 22 de abril contra el carguero griego Epaminondas —con fuego de armas automáticas y granadas propulsadas que causaron daños significativos al puente—, el fuego contra dos buques de pabellón indio (incluido el VLCC Sanmar Herald) y la incautación iraní de tres buques mercantes ese mismo día. El Central Command (CENTCOM) ha informado de que, desde el inicio del bloqueo naval el 13 de abril, 31 buques han sido obligados a dar media vuelta o regresar a puerto; y que en la madrugada del jueves fuerzas estadounidenses abordaron un petrolero sancionado con crudo iraní en el Océano Índico. Trump anunció además que triplica las operaciones de desminado y que la reapertura completa podría requerir hasta seis meses.

Implicaciones

La orden presidencial marca un escalón cualitativamente superior en la doctrina de «reglas de enfrentamiento» estadounidenses en Ormuz: por primera vez en esta crisis se autoriza el uso de fuerza letal preventiva —no reactiva— contra unidades navales de un Estado con el que formalmente rige un alto el fuego. La implicación jurídica es de envergadura: Washington interpreta que la siembra de minas constituye, en sí misma, una reanudación de hostilidades que suspende la protección del alto el fuego. Esta interpretación, que este analista estima jurídicamente defendible, envía además una señal disuasoria directa al triunvirato militar iraní. Para la oligarquía yihadista, reducida ya a la capacidad de hostigamiento asimétrico con pequeñas embarcaciones rápidas después de la destrucción de buena parte de la flota del CGRI, las minas eran el último vector de coerción económica sobre los mercados globales del petróleo.

Brent cerró la sesión del 23 de abril a 105,07 dólares por barril —subida de aproximadamente el 3% en una sola jornada— y WTI a 95,85 dólares. El consenso entre bancos de inversión sitúa el escenario de cierre prolongado del Estrecho en 120 dólares el barril para el tercer trimestre (Goldman Sachs), aunque el propio banco ha recortado su previsión base del segundo trimestre a 90 dólares por la reducción de la prima inmediata de riesgo. La volatilidad, en suma, no ha desaparecido; se ha institucionalizado.

Perspectivas y escenarios

Escenario A —el más probable en el corto plazo (próximas dos semanas): persistencia del statu quo. Irán mantiene el hostigamiento selectivo de buques en Ormuz; Estados Unidos mantiene el bloqueo de puertos iraníes; Pakistán sigue mediando sin conseguir que el triunvirato de Vahidi autorice a Ghalibaf a regresar a Islamabad. Brent oscilando en la franja 100-110 dólares.

Escenario B —de probabilidad creciente si Teherán ejecuta una provocación mayor: reanudación limitada de operaciones cinéticas. La orden de Trump abre la puerta a una respuesta inmediata que, por diseño, no requiere nueva autorización política. Una sola acción cinética estadounidense contra embarcaciones del CGRI podría precipitar un escalón adicional de represalia iraní sobre bases del Golfo, sobre infraestructuras saudíes o emiratíes, o sobre intereses israelíes en terceros países.

Escenario C —de probabilidad baja pero sistémicamente grave: implosión negociadora. Si Khamenei hijo (Mojtaba) no logra imponer una línea unificada en los próximos diez días —y por ahora no la ha impuesto—, el alto el fuego extendido por Trump quedará vacío de contenido práctico y la Casa Blanca retomará el menú de opciones cinéticas sobre infraestructuras energéticas y de comunicaciones iraníes. Es lo que este analista viene describiendo como la paradoja del descabezamiento en su forma más pura: eliminar a Ali Larijani —el arquitecto de la estrategia de «marear la perdiz» mediante centrifugadoras de gas simulando diplomacia— no abrió la puerta a los moderados, la cerró. Los que quedan, encabezados por Vahidi, prefieren la continuidad del enfrentamiento a la concesión.

2. Trump extiende por tres semana el alto el fuego Israel-Líbano en una segunda ronda directa en el Despacho Oval

Hechos

El 23 de abril, tras la segunda ronda de conversaciones directas entre los embajadores de Israel y Líbano en Washington (Yechiel Leiter por Israel; Nada Hamadeh Moawad por Líbano), moderadas por el secretario de Estado Marco Rubio y el consejero del Departamento de Estado Michael Needham, con la participación posterior del presidente Trump y el vicepresidente Vance en el Despacho Oval, ambas partes acordaron extender por tres semanas el alto el fuego de diez días que había entrado en vigor la semana anterior. Trump, en Truth Social, escribió que el encuentro «fue muy bien» y que «Estados Unidos trabajará con Líbano para ayudarlo a protegerse de Hezbolá», organización terrorista a la que mencionó explícitamente como «el problema». Netanyahu y el presidente libanés Joseph Aoun se encontrarán próximamente con Trump. Hezbolá, por boca de Wafiq Safa, miembro de su consejo político, rechazó públicamente el marco de la negociación y anunció que no se someterá a los acuerdos. La jornada se vio ensombrecida por la muerte de la periodista libanesa Amal Khalil, del diario Al-Akhbar, en un ataque israelí en el sur de Líbano, y por el lanzamiento de varios cohetes desde posiciones de Hezbolá hacia Israel mientras comenzaban las conversaciones en Washington.

Implicaciones

El dato político-estratégico es que, por segunda vez en una década, un gobierno libanés se sienta en contacto directo con Israel —en territorio estadounidense y con la mediación personal del presidente norteamericano— y lo hace pese al veto de Hezbolá. Esto marca una inflexión profunda en la política libanesa: Beirut está dispuesto, por primera vez desde los Acuerdos del 17 de mayo de 1983, a formalizar un proceso bilateral con Israel. La presencia del embajador Mike Huckabee y la calificación por Leiter del primer encuentro como «victoria aplastante sobre Hezbolá» transmiten un mensaje con un destinatario claro: Teherán.

El JD Vance que declaró que «el problema no es Líbano, el problema no es Israel, el problema es Hezbolá» —posición que este analista suscribe palabra por palabra— confirma que la administración Trump ha internalizado la lectura correcta del conflicto: Hezbolá es una organización terrorista proxy de la oligarquía yihadista iraní, no una «milicia», no un «movimiento de resistencia». Todo análisis serio de la región parte de esta premisa o no es serio.

Perspectivas y escenarios

En el horizonte de tres semanas se jugarán tres cuestiones simultáneamente: (i) la retirada israelí de la llamada «zona tampón» en el sur de Líbano que pide el primer ministro Nawaf Salam; (ii) la liberación de prisioneros libaneses; y (iii) la cuestión nuclear del desarme efectivo de Hezbolá, exigido por el canciller israelí Gideon Saar. Los tres asuntos están encadenados y ninguno admite solución unilateral. Hezbolá tiene todavía capacidad terrorista —los cohetes del jueves lo demuestran— y seguirá arrastrando a Teherán en cualquier reanudación cinética. La clave será si el gobierno libanés se atreve a pedir formalmente el apoyo estadounidense para forzar el desarme, o si se conforma con una normalización de facto del statu quo. En el primer caso, este proceso tiene vocación de ser histórico; en el segundo, será un nuevo episodio de alto el fuego inestable que nos ha acompañado desde noviembre de 2024.

3. Pezeshkian, bloqueado; Ghalibaf, desautorizado: la fractura iraní paraliza la segunda ronda de Islamabad

Hechos

La segunda ronda de conversaciones de Islamabad, prevista inicialmente para el 21-22 de abril bajo mediación pakistaní, no ha llegado a celebrarse. El vicepresidente JD Vance tenía ya el Air Force Two en la pista de Joint Base Andrews cuando Trump anunció la prórroga del alto el fuego «sin fecha de caducidad», invocando explícitamente la «fractura seria» del gobierno iraní. El Institute for the Study of War ha documentado un enfrentamiento abierto entre Mohammad Bagher Ghalibaf —presidente del Parlamento y jefe de la delegación iraní en la primera ronda— y el general Ahmed Vahidi, comandante en jefe del CGRI: Ghalibaf favorece la participación en negociaciones; Vahidi se opone. El asesor de Ghalibaf, Mahdi Mohammadi, desautorizó públicamente la prórroga del alto el fuego norteamericano calificándola de «estratagema para ganar tiempo para un ataque sorpresa».

La administración Trump atribuye el silencio iraní a la ausencia de consenso sobre el enriquecimiento de uranio y el stock de uranio enriquecido, y sospecha que el nuevo Líder Supremo Mojtaba Khamenei no está impartiendo instrucciones claras a sus subordinados. Masoud Pezeshkian, ala reformista, permanece sistemáticamente bloqueado; el propio Ghalibaf reporta a Vahidi, no al presidente.

Implicaciones

El lector que siga este informe desde hace semanas reconocerá la paradoja del descabezamiento en pleno despliegue: la eliminación de Ali Larijani —el 28 de febrero, junto a Ali Khamenei— no abrió el camino a los pragmáticos, lo cerró. La diplomacia iraní ha quedado suspendida entre un Líder Supremo joven, sin autoridad consolidada, y un triunvirato militar ultraconservador que ha hecho de la resistencia una identidad. Ghalibaf, que querría negociar, no tiene ya autoridad política suficiente para comprometer al régimen; Pezeshkian, que también querría, ni siquiera llega a la mesa.

Perspectivas y escenarios

La condición necesaria —no suficiente— para un acuerdo negociado es la aparición de un interlocutor iraní con autoridad decisoria. Ese interlocutor no existe hoy. La ventana diplomática, sin embargo, no está cerrada: Pakistán —el binomio Shehbaz Sharif y el mariscal de campo Asim Munir— mantiene el canal abierto con ambas partes y ha conseguido ya dos prórrogas. La verdadera incógnita es si Mojtaba Khamenei, en las próximas dos o tres semanas, logra imponer disciplina interna y designar un plenipotenciario con mandato. Si lo hace, el acuerdo es asequible. Si no lo hace, el desenlace será el previsto en el escenario B de la noticia anterior: reanudación limitada —o no tan limitada— de operaciones cinéticas.

4. China bloquea materialmente el Scarborough Shoal y anuncia la militarización de once mil islas: el mar Meridional se cierra

Hechos

Imágenes satelitales de los días 10 y 11 de abril —confirmadas por la empresa Vantor (antes Maxar Technologies) y corroboradas por Jay Tarriela, portavoz del Servicio de Guardacostas de Filipinas— revelan el despliegue de una barrera flotante y múltiples embarcaciones chinas (cuatro buques pesqueros, un barco naval o de la Guardia Costera, y seis vehículos de la milicia marítima en el interior del bajo con otros tres en el exterior) que obstruyen el acceso al Scarborough Shoal (Bajo de Masinloc), situado dentro de la Zona Económica Exclusiva filipina. El 22 de abril, el diario People's Daily —órgano del Partido Comunista Chino— publicó un artículo atribuido al Ministerio de Recursos Naturales anunciando que Pekín «construirá más» sobre «más de once mil islas» que considera propias, como parte del proyecto estratégico de «potencia marítima». La declaración coincide con el inicio de los ejercicios militares Balikatan (Estados Unidos-Filipinas-Japón) del 20 de abril al 8 de mayo, con participación por primera vez de Tokio como socio pleno, y con el bloqueo chino del arrecife Scarborough que corta el acceso a pescadores filipinos.

Implicaciones

La secuencia es inequívoca. Primero, Pekín declaró el Scarborough «reserva nacional natural» en septiembre (cobertura jurídica doméstica). Después ha pasado al bloqueo físico con fuerzas civiles encubiertas (milicia marítima) respaldadas por la Guardia Costera y unidades navales (plausible deniability / negación plausible). Ahora anuncia con voz partidaria una campaña de construcción sobre once mil accidentes geográficos (fait accompli cartográfico). Es la misma estrategia de «salami slicing» (troceado en rodajas) ejecutada en los arrecifes Spratly desde 2014, escalada y formalizada. Xi Jinping lo ha dicho en su llamada del 21 de abril al príncipe heredero saudí Mohammed bin Salmán: «el Estrecho de Ormuz debe permanecer abierto a la navegación normal». Pekín demanda libertad de navegación ajena pero cierra la propia. La doble vara es tan descarada que resulta casi provocadora.

Perspectivas y escenarios

Manila tiene tres opciones, todas costosas. Primera: escalada diplomática con invocación explícita del Tratado de Defensa Mutua con Estados Unidos (escenario más favorable para la coalición indopacífica). Segunda: aceptación de facto del bloqueo con protestas formales (el peor escenario, porque consolida el precedente). Tercera: internacionalización en foros multilaterales (ASEAN, ONU, CIJ). La administración Marcos ha optado hasta ahora por una combinación de la primera y la tercera. El estatus de Filipinas como aliado por tratado de Estados Unidos es una baza que Pekín no quiere forzar —pero que está dispuesta a calibrar milímetro a milímetro—. La presencia de Japón en los Balikatan 2026 introduce una variable novedosa, de gran alcance: Tokio ha cruzado una línea roja histórica al enviar tropas a ejercicios bilaterales Estados Unidos-Filipinas, y lo ha hecho sin levantar polvaredas domésticas. Eso es, en sí mismo, una noticia estratégica de primer orden.

5. El Pentágono baraja suspender a España de la OTAN como represalia por el rechazo a apoyar la guerra contra Irán

Hechos

La agencia Reuters ha publicado hoy, 24 de abril, una exclusiva firmada por Phil Stewart basada en un correo electrónico interno del Pentágono —ahora «Departamento de la Guerra»— que enumera opciones de castigo contra los aliados de la OTAN que, a juicio de Washington, no prestaron apoyo operativo a los Estados Unidos durante la guerra contra Irán. El memorándum, que circula a los más altos niveles de la Administración, incluye tres líneas concretas: (i) suspender a España de la Alianza; (ii) apartar a países «difíciles» de puestos importantes o prestigiosos en la propia OTAN; y (iii) reevaluar el apoyo diplomático estadounidense a «posesiones imperiales» europeas tradicionales, con mención explícita a las Islas Malvinas (Falkland) administradas por el Reino Unido y reclamadas por Argentina, cuyo presidente libertario Javier Milei es aliado declarado de Trump. El núcleo conceptual del documento es que los derechos de acceso, basamento y sobrevuelo —«ABO»— son «el umbral absoluto de la OTAN»; toda reticencia o negativa a otorgarlos se interpreta como deslealtad estratégica sancionable. La portavoz del Pentágono, Kingsley Wilson, respondiendo al requerimiento de Reuters, no negó la autenticidad del correo: «El Departamento de la Guerra garantizará que el presidente disponga de opciones creíbles para que nuestros aliados dejen de ser un tigre de papel y asuman su parte».

Preguntado por Reuters el 1 de abril sobre una posible salida estadounidense de la OTAN, el propio Trump respondió: «¿Tú no lo harías si fueras yo?» («Wouldn't you if you were me?»). El memorándum, según la fuente, no propone abandonar la Alianza ni cerrar bases en Europa, pero no descarta explícitamente la reducción de tropas estacionadas en el continente. Interrogado hoy, en la cumbre de líderes de la Unión Europea convocada en Chipre para tratar —entre otros puntos— la cláusula de asistencia mutua de la OTAN, el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez ha restado importancia al asunto con una frase tan breve como reveladora: «Nosotros no trabajamos con correos electrónicos. Trabajamos con documentos oficiales y posiciones de los gobiernos, en este caso del de los Estados Unidos».

Implicaciones

Lo primero que hay que decir es que, en sentido estricto, la OTAN no dispone de mecanismo formal de suspensión; el Tratado de Washington de 1949 no lo contempla, y la propia Reuters reconoce que no pudo determinar ese extremo. La consecuencia material directa, por tanto, es acotada: España no va a ser expulsada de la Alianza por un correo interno del Pentágono, por mucho que circule a alto nivel. Pero la lectura política, estratégica y simbólica es de una gravedad enorme y, sobre todo, de un mensaje inequívoco al gobierno Sánchez: la paciencia de Washington se ha agotado. No es la primera vez que Trump ha sugerido personalmente la expulsión de España —lo hizo en octubre, tildándola de «very low payer»— ni la primera vez que ha amenazado con represalias comerciales. Es, sin embargo, la primera vez que el aparato militar estadounidense formaliza un menú de opciones de castigo que incluye nominalmente a Madrid.

La combinación de la excepcionalidad española en el 5% del PIB acordado en La Haya en junio de 2025 —Madrid fue la única capital aliada que no se comprometió formalmente con el objetivo para 2035, aceptando el compromiso colectivo solo a cambio de suavizar el lenguaje de «we commit» a «allies commit»— con la negativa a otorgar plenitud de derechos ABO durante la Operation Epic Fury ha producido este desenlace predecible. La incoherencia entre una realidad militar operativa —Rota y Morón funcionando como pivotes logísticos aéreo-navales del despliegue estadounidense en el Atlántico medio, como columna vertebral de la reposición de la Sexta Flota y como estación de escala del P-8A Poseidon— y un discurso político gubernamental que presenta a España como país neutral-crítico frente a la acción norteamericana en Ormuz, tenía que estallar. Ha estallado. El único elemento de sorpresa es, si acaso, la inclusión de las Malvinas en el mismo paquete punitivo, que apunta a una ofensiva estadounidense más amplia contra la «herencia imperial europea» y que expone a Londres —tradicional aliado de confianza— a una sanción diplomática inédita. Que un aliado atlantista como Starmer sea tratado en el mismo paquete que el gobierno Sánchez es, para el Reino Unido, un aldabonazo.

Perspectivas y escenarios

Escenario A —altamente probable: tensión diplomática persistente sin sanción formal. El correo queda como advertencia, Madrid continúa su discurso público de distanciamiento, Washington responde con irritación selectiva (aranceles ampliados, exclusión de reuniones de alto nivel sobre Ucrania y Oriente Medio, retirada de apoyos diplomáticos puntuales). Es la línea que ya lleva meses siguiendo la Casa Blanca.

Escenario B —de probabilidad media: degradación del estatus de España en la Alianza sin suspensión formal. Retirada de mandos españoles de puestos relevantes de la OTAN (cuartel general de operaciones, posiciones en SHAPE, comité militar), renegociación al alza del coste que España paga por los servicios prestados por Rota y Morón, presión directa sobre los socios europeos para aislar a Madrid. Es el escenario que mejor responde a la lógica interna del memorándum: castigar sin romper la Alianza.

Escenario C —de probabilidad baja pero no descartable: cumbre bilateral Trump-Sánchez con concesiones formales recíprocas. El presidente español necesita, por razones internas, mantener la ficción de autonomía; el presidente estadounidense necesita, por razones de calendario (elecciones legislativas de mitad de mandato en noviembre), un trofeo diplomático. Un compromiso explícito español de elevar el gasto militar a niveles más cercanos al umbral del 3-3,5% junto con garantías escritas de ABO plenos en futuros conflictos, podría bastar. El problema es que Sánchez depende parlamentariamente de Sumar y de los socios nacionalistas, ninguno de los cuales aprobaría semejante movimiento.

La conclusión política, para España, es dura pero inapelable: el gobierno actual ha conducido al país a la primera lista negra del Pentágono desde los años setenta. Un país que no se toma en serio su propia seguridad acaba siendo percibido como lo que es —un free rider (polizón estratégico)— y, a partir de ahí, tratado como tal. La clase política que dirigen los gobiernos del siglo XXI en Europa (con algunas honrosas excepciones) mediocre, miope, incompetente y profundamente irresponsable. El gobierno de España es tristemente el paradigma de esa mediocridad, falta de visión e incompetencia.

III. RACK DE MEDIOS

La cobertura de la orden de Trump sobre Ormuz ha sido dominante en la prensa económica y política anglosajona. CNBC (Kevin Breuninger, 23 de abril) tituló de manera inequívoca «Trump orders Navy to 'shoot and kill any boat' laying mines in Hormuz Strait» y registró el cierre del Brent en 105,07 dólares. TIME (edición del 23 de abril) subrayó la duración estimada del desminado en seis meses. NBC News y The Washington Post convergieron en que el bloqueo se ha consolidado como pivote estratégico del despliegue naval estadounidense, con 31 buques reconducidos y el abordaje de un petrolero sancionado en el Océano Índico. El Financial Times y Bloomberg han puesto el acento en la prima de riesgo petrolero y en las proyecciones de Goldman Sachs (120 dólares si Ormuz se cierra completamente).

La exclusiva de Reuters sobre el correo del Pentágono —firmada por Phil Stewart a las 07:22 hora de Washington del 24 de abril— ha sido replicada en cascada por CNBC, Jerusalem Post, Times of Israel, Irish Times, Cyprus Mail y Al-Monitor, así como por la prensa financiera asiática y latinoamericana. The Business Standard resalta, con acierto, la secuencia informativa previa: «Turkey says US withdrawal from European security architecture could be 'destructive'», «Trump weighs pulling some US troops from Europe amid NATO strains», «NATO's Rutte told allies Trump wants Hormuz commitments within days», «Trump's anger over Iran thrusts NATO into fresh crisis». La prensa española, todavía sin tiempo para una reacción editorial completa, ha cubierto el asunto desde Moncloa con la declaración seca de Sánchez. Habrá que esperar a la edición del sábado en ABC, La Razón y El Debate, que previsiblemente marcarán posición crítica con la ambigüedad gubernamental; El País y La Vanguardia, fieles a su sensibilidad, intentarán minimizar el alcance del memorándum invocando la ausencia de mecanismo jurídico de suspensión.

Al Jazeera y Al-Arabiya han destacado, con ángulos distintos, la negativa iraní a regresar a Islamabad mientras persista el bloqueo y la fractura del triunvirato Vahidi-Ghalibaf. The Jerusalem Post e Israel Hayom han celebrado la segunda ronda Israel-Líbano en Washington como «momento histórico» (palabras del vicepresidente Vance); Haaretz, con matices, ha relativizado el optimismo recordando los ataques israelíes que continúan en el sur libanés y la muerte de la periodista Amal Khalil. L'Orient-Le Jour y The Daily Star desde Beirut han documentado el rechazo explícito de Hezbolá —por boca de Wafiq Safa— al marco del acuerdo, confirmando el carácter terrorista de la organización y su dependencia funcional de Teherán.

En Asia, el South China Morning Post ha dado cobertura extensa al anuncio chino sobre las once mil islas, presentándolo como extensión natural del discurso de «potencia marítima» de Xi Jinping —lo cual es un eufemismo importante de registrar—. Nikkei, Yomiuri Shimbun y el Straits Times han destacado la participación japonesa en los Balikatan como giro histórico. El China Daily, como cabría esperar, ha relegado la noticia a una nota sobre «desarrollo sostenible de recursos marítimos». The Times of India y el Hindustan Times han informado del fuego iraní contra los dos buques de pabellón indio en Ormuz y de la convocatoria del embajador iraní por el Ministerio de Asuntos Exteriores indio: un episodio de enorme sensibilidad para Nueva Delhi, que mantiene con Teherán una relación compleja en torno al puerto de Chabahar.

En Europa, Le Monde y Le Figaro han centrado su análisis en la fractura iraní y el bloqueo de Ormuz; Le Figaro, fiel a su sensibilidad atlantista, aprueba la firmeza estadounidense; Le Monde prefiere subrayar los costes económicos. Die Welt y la FAZ han publicado editoriales alineados con la línea de la canciller alemana pidiendo a Teherán que «regrese a la mesa por el bien de la gente»; el ministro de Exteriores Johann Wadephul lo ha expresado así el 21 de abril. El Corriere della Sera y Libération han dedicado más espacio al frente asiático. The Times y The Telegraph, en Londres, mantienen el foco sobre el despliegue naval estadounidense en Ormuz y la conferencia de cincuenta países convocada por el Reino Unido (22-23 de abril) sobre libertad de navegación. The Guardian, con su sesgo habitual, adopta una lectura más crítica con la firmeza norteamericana. Foreign Affairs y The Economist, en la prensa de análisis, han publicado este mes piezas convergentes sobre la fractura sistémica contenida como categoría descriptiva del momento geopolítico —concepto que este analista viene desarrollando desde diciembre de 2025 en estos informes y en su libro Breve Guía a la Nueva Geopolítica Mundial—. El Institute for the Study of War, RUSI, IISS, CSIS e IFRI coinciden en diagnosticar el bloqueo negociador iraní como producto de la fractura del liderazgo posterior a la eliminación de Ali Larijani.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

Estrecho de Ormuz / orden de disparar y matar — Riesgo extremo de escalada cinética en las próximas 72 horas. Una sola acción contra una embarcación del CGRI podría precipitar una respuesta iraní sobre bases del Golfo o infraestructura aliada. Brent 105 dólares, con escenarios plausibles hasta 120 dólares.

Fractura interna de la oligarquía yihadista iraní — Alto. Triunvirato Vahidi-Zolghadr-Rezaei bloquea a Ghalibaf y Pezeshkian. Mojtaba Khamenei no ha consolidado autoridad. Ventana negociadora estrecha; sin interlocutor plenipotenciario no hay acuerdo posible.

Fractura transatlántica / España y el memorándum del Pentágono — Alto. El «Departamento de la Guerra» baraja suspender a España de la OTAN y reevaluar el apoyo a la soberanía británica sobre las Malvinas. Sin mecanismo jurídico formal de suspensión, pero con capacidad real de degradación de estatus. La coherencia estratégica española es, a día de hoy, indefendible.

Hezbolá y el proceso Israel-Líbano — Alto. Rechazo público de Hezbolá a la negociación directa Beirut-Washington-Jerusalén; cohetes lanzados durante las propias conversaciones. Hezbolá sigue siendo la palanca iraní más peligrosa en el Levante.

Mar de la China Meridional / Scarborough y Balikatan — Medio-alto. Bloqueo chino físico del Scarborough; anuncio de construcción sobre once mil islas; Japón participa por primera vez en Balikatan como socio pleno. Probabilidad de incidente menor alta; probabilidad de confrontación mayor, baja pero creciente.

NATO / estructura aliada y credibilidad colectiva — Medio-alto. Crisis de confianza en la Alianza tras la guerra contra Irán. Rutte convocado a Washington; Turquía advierte de consecuencias «destructivas» de una retirada estadounidense de la arquitectura europea. Revisión colectiva 5% PIB en 2029, final 2035.

Mercados de petróleo y prima de riesgo — Medio. Brent 105 dólares, WTI 95 dólares; volatilidad estructural por bloqueo cruzado en Ormuz. Proyección Goldman 120 dólares si cierre prolongado.

Terrorismo yihadista en Sahel, Cuerno de África e Indonesia — Bajo-medio en términos de irrupción en la agenda de las últimas 24 horas; sin embargo, la amenaza estructural sigue intacta: Al-Shabab, Boko Haram, ISIS-K, ramas de Al Qaeda siguen operando con impunidad en zonas grises. Vigilancia permanente.

V. COMENTARIO EDITORIAL

Si algo caracteriza la jornada que cerramos es la confirmación de que el orden internacional del siglo XXI —ese orden que vengo describiendo como «caos como nuevo orden»— ha normalizado la simultaneidad de varias guerras de «temperatura variable»: bajas en resolución, pero altas en destrucción, guerras que nadie quiere perder y nadie puede permitirse ganar. Ormuz, Scarborough, el Levante y, ahora, la propia cohesión interna de la OTAN es, a efectos analíticos, escenarios conexos del mismo fenómeno: un sistema internacional incapaz de resolver conflictos activos, atrapado en una fractura sistémica creciente y quizás imparable, cuya principal virtud es, paradójicamente, no haber hecho implosión aún.

La orden de Trump de disparar contra las embarcaciones iraníes que minen el Estrecho de Ormuz es, en sustancia, correcta. Irán es un estado terrorista, la suya una oligarquía yihadista despiadada, bestial y cósmicamente corrupta que ha convertido en política de Estado la exportación del terrorismo —Hezbolá en el Líbano y Siria, los hutíes en Yemen, Hamás, las milicias terroristas proiraníes de Irak, sus títeres en Asia Central—. Defender la libertad de navegación en una vía por la que transita el 20% del petróleo mundial no es una opción, es una obligación civilizatoria. Lo que este analista lamenta —y lo viene lamentando desde que se iniciaron las operaciones Epic Fury el 28 de febrero— es la ausencia persistente de un plan serio para el día después. La eliminación de Khamenei y de Larijani ha dejado a Teherán sin cabeza negociadora; el triunvirato militar que ha ocupado el vacío no es interlocutor, es obstáculo. La Casa Blanca, que ha sido quirúrgica en la ejecución, sigue siendo imprecisa en el diseño de la posguerra. Es la misma crítica, estructuralmente idéntica, que le formulo a la administración Bush sobre Irak en 2003, y a la administración Obama sobre Libia en 2011.

En el Levante, el desarrollo del proceso Israel-Líbano en Washington merece aprobación explícita. Es difícil exagerar la importancia simbólica y práctica de dos embajadores hablando cara a cara en el Despacho Oval del presidente norteamericano mientras Hezbolá —rechazando el proceso— confirma su condición de organización terrorista al servicio de Teherán. La precisión léxica importa: Hezbolá no es una «milicia», no es un «movimiento de resistencia», no es un «actor no estatal»; es una organización terrorista. Cualquier análisis que no arranque de esa premisa es un análisis contaminado por el relativismo moral que tanto rehúyo. JD Vance y Mike Huckabee han hablado con la claridad que el momento exige: el problema es Hezbolá. El reto es que Beirut logre convertir el proceso en algo más que tres semanas de tregua, y para ello necesitará del Estado libanés —tan debilitado que el verbo «existir» le queda grande— asumir el desarme del partido-milicia terrorista. Pero el Líbano no tiene los medios necesarios para ello, necesitaría de un intenso y muy importante apoyo internacional, en armas, adiestramiento y apoyo financiero. El riesgo no es menor, que occidente se vea envuelto, una vez más, en el imprevisible avispero libanés.

Sobre China. El anuncio de construcción en «más de once mil islas» debe leerse no como un capricho expansivo, sino como lo que este analista describe hace años: un proyecto coherente de hegemonía asimétrica sobre el Índico-Pacífico, combinado con la captura de materias primas estratégicas y tierras raras en África y América Latina. Pekín opera con una consistencia estratégica que deja a la Europa del siglo XXI —autocomplaciente, fragmentada, miope en su horizonte— en ridículo. Que Japón haya cruzado la línea roja de enviar tropas a los Balikatan es la mejor noticia estratégica de la semana: Tokio asume su papel en el marco QUAD reforzado (o incipiente AUKUS ampliado) con una sensatez de la que carecen demasiadas capitales europeas.

Y llego al asunto que más me atañe como español y como analista. El correo interno del Pentágono, revelado hoy por Reuters, que baraja suspender a España de la OTAN, no debe despacharse como un trial balloon (globo sonda) de un burócrata frustrado. Es la constatación —formalizada ya en el escalón operativo del «Departamento de la Guerra»— de que el gobierno Pedro Sánchez ha conducido a España a una posición internacional insostenible. Permítaseme enumerarlo con la claridad que exige el momento: España es hoy el único miembro de la Alianza que ha rechazado formalmente el objetivo del 5% del PIB en defensa para 2035 acordado en La Haya; el único cuya presidencia del Gobierno dedicó una carta pública al secretario general Rutte calificando ese compromiso aliado de «poco razonable y contraproducente»; uno de los pocos que no ha otorgado plenitud de derechos de acceso, basamento y sobrevuelo a las operaciones estadounidenses contra la oligarquía yihadista iraní; y, simultáneamente, es el país que sigue acogiendo en Rota la base logística aeronaval más importante del Mediterráneo occidental y el Atlántico medio, y en Morón una plataforma de reposición aérea estratégica para las misiones norteamericanas en el teatro mediterráneo-africano. La contradicción entre el discurso público del gobierno y la realidad operativa del territorio español es sencillamente indefendible. No es maximalismo; es coherencia. Las bases siguen funcionando, los aviones siguen despegando, los buques de la Sexta Flota siguen haciendo escala en Rota; pero Moncloa sigue hablando de neutralidad. La consecuencia era previsible: Washington ha tomado nota.

No se me escapa que la suspensión formal de España de la OTAN carece de mecanismo jurídico. No se trata de eso. Se trata del efecto acumulativo sobre la credibilidad internacional del país: exclusiones de reuniones de alto nivel —como la que padeció Sánchez en agosto sobre Ucrania—, degradaciones silenciosas de mandos españoles en estructuras aliadas, aranceles comerciales diferenciales, retiradas de apoyo diplomático en foros multilaterales. Es el aislamiento por degradación, que siempre es peor que el aislamiento por exclusión porque no tiene nunca un momento claro de ruptura y, por tanto, no tiene nunca un momento claro de reacción. España, con uno de los mejores ejércitos de Europa occidental, con una tradición atlantista de enorme solidez, con una proyección africana, mediterránea y latinoamericana única, merece algo mejor que la incoherencia estratégica en que la ha instalado el actual gobierno. Que Madrid aparezca en el mismo paquete punitivo del Pentágono que el Reino Unido de Keir Starmer —por las Malvinas— no es un consuelo, es una humillación compartida. Es el precio de dejarse gobernar por coaliciones que no se toman en serio la seguridad del país.

CLAVES DEL DÍA DE JOSE A. VIZNER

¿Te gusta esta Newsletter? Suscríbete 

Reply

or to participate.