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INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN
El décimo primer día de la Operación Tormenta Épica —Operation Epic Fury— presenta un panorama contradictorio, pero con trazas inequívocas de un conflicto que empieza a mostrar los primeros indicadores de agotamiento mutuo, aunque el Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) se resiste, con fanática determinación, a reconocerlo. Las declaraciones del presidente Donald Trump en el resort de Doral, Florida —en las que, con notable imprecisión táctica, anunció simultáneamente que la guerra estaba llegando a sus principales objetivos y que no terminaría esta misma semana—, han provocado una moderación transitoria de los mercados energéticos que, sin embargo, puede resultar más frágil que sustancial si el Estrecho de Ormuz no recupera su funcionalidad operativa en los próximos días.
La jornada del martes 10 de marzo de 2026 registra seis vectores analíticos de primera magnitud: la caída del precio del crudo Brent desde los casi $120 a menos de $90 el barril —aunque con una elevada volatilidad—; la segunda intercepción de un misil balístico iraní sobre espacio aéreo turco por los sistemas defensivos de la OTAN, lo que eleva el riesgo de una invocación del Artículo 4 del Tratado de Washington; la confirmación por el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, de que las reservas de uranio enriquecido a grado próximo al armamentístico se encuentran mayoritariamente en Isfahán —con indicios, según Clarín, de 600 kilogramos enriquecidos por encima del 70% y trazas de material fisible al 83,7%—; la decisión de la Administración Trump de levantar parcialmente las sanciones petroleras contra Rusia en una maniobra que despierta justificadas alarmas en Washington y en las capitales europeas; el espectacular crecimiento del 21,8% de las exportaciones chinas en los dos primeros meses de 2026, que convierte la inminente cumbre Trump-Xi en una cita de altísima carga geoeconómica; y la estrategia de resistencia prolongada del CGRI —ahora bajo la autoridad del recién designado líder supremo Mojtabá Jamenéi—, que apuesta por la disrupción energética como palanca para desgastar militarmente a Washington y Tel Aviv.
II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS
1. Uranio iraní al grado de arma nuclear: el OIAE confirma el arsenal en Isfahán
Hechos:
El director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Mariano Grossi, ha confirmado públicamente que la mayor parte del uranio iraní enriquecido a grado cercano al armamentístico —es decir, por encima del 60%— se encuentra concentrado en las instalaciones de Isfahán. La fuente no es un gabinete de análisis privado ni una publicación de orientación ideológica, sino el máximo órgano internacional de supervisión nuclear: la fuente no puede ser más directa. El diario argentino Clarín, citando fuentes próximas al OIEA, va más lejos e indica la existencia de indicios de hasta 600 kilogramos de material enriquecido por encima del 70%, así como trazas de material fisible enriquecido al 83,7% —umbral que se sitúa a menos de un grado y medio del 90% requerido para la fabricación de un artefacto nuclear de tipo implosión— como ya habíamos adelantado en reiteradas ocasiones en estos informes. La planta de enriquecimiento de Isfahán alberga, asimismo, instalaciones subterráneas que, según análisis de inteligencia previos al inicio de las operaciones militares, habían sido parcialmente endurecidas («hardened», es decir, reforzadas contra ataques convencionales) para resistir bombardeos.
Implicaciones:
La confirmación de Grossi pone en evidencia, de manera definitiva, el carácter absolutamente falaz de las tesis de quienes —en Europa y en los sectores más radicales de la izquierda estadounidense, incluidos los representantes de la llamada «Squad» (la Escuadra), liderados por Ilhan Omar, Rashida Tlaib y Alexandria Ocasio-Cortez— sostenían que el programa nuclear iraní no representaba una amenaza real o inminente y que la Operación Furia Épica carecía de justificación estratégica y en consecuencia es ilegal según este sector radical. El hecho de que Irán haya acumulado material fisible al 83,7% —un porcentaje que sólo tiene sentido explicativo dentro de un programa orientado hacia la fabricación de armamento nuclear— convierte en irrelevante el debate sobre las intenciones declaradas del régimen de Teherán: los hechos hablan por sí solos con una elocuencia que ninguna retórica puede suavizar. Isfahán, además, es la ciudad donde se concentran también los principales activos de la industria aeroespacial y “misílistica” iraní, lo que la convierte en uno de los objetivos más sensibles del conflicto en curso.
El dato adquiere dimensiones adicionales de gravedad si se considera que el CGRI —que desde el asesinato del ayatolá Alí Jamenéi el 28 de febrero controla de facto el aparato de seguridad y la toma de decisiones estratégicas— habría tenido acceso directo a estas reservas. La sucesión de Mojtabá Jamenéi como nuevo líder supremo, ratificada el 8 de marzo, no ha alterado la cadena de mando efectiva: es el CGRI quien dirige la guerra y quien tiene la llave del arsenal atómico en ciernes.
Perspectivas y escenarios:
Escenario A (más probable a corto plazo): Los ataques israelíes y estadounidenses sobre las instalaciones de Isfahán continúan con la prioridad declarada de destruir o inutilizar los depósitos de material enriquecido, en una operación que los analistas militares comparan, por su complejidad técnica, con los ataques previos sobre las plantas de Fordow y Natanz. La ventana operativa para una acción efectiva es estrecha: el traslado o dispersión del material fisible hacia ubicaciones subterráneas más profundas reduciría dramáticamente las probabilidades de éxito.
Escenario B: El material fisible al 83,7% ya ha sido parcialmente trasladado o diseminado en ubicaciones no identificadas, lo que convertiría el conflicto actual en el preludio de una amenaza nuclear diferida de alcance imprevisible. Este escenario, que no puede descartarse, constituiría el mayor fracaso de inteligencia posible.
1. El petróleo cede desde $120: Trump anuncia de-escalada, El Pasdarán (CGRI) amenaza con cerrar el paso del crudo regional
Hechos:
Los mercados energéticos internacionales han registrado en las últimas 24 horas una caída significativa del precio del crudo, con el Brent —referencia internacional— situándose por debajo de los $90 el barril durante las primeras horas de la jornada asiática, después de haber alcanzado casi $120 el pasado lunes. La corrección se produce tras las declaraciones del presidente Trump en Doral, en las que afirmó que la operación estaba alcanzando sus objetivos principales, que los ataques iraníes mostraban señales de disminución en su intensidad —tanto por el impacto de los ataques israelíes y estadounidenses sobre lanzaderas de misiles y drones como por el acuerdo alcanzado entre China e Irán para permitir el paso de petroleros con destino al gigante asiático—, y que contemplaba la posibilidad de que la Marina de los Estados Unidos escoltara petroleros a través del Estrecho de Ormuz. Los mercados de valores asiáticos respondieron positivamente: la Bolsa de Corea del Sur rebotó más de un 5% y el Nikkei japonés recuperó un 3%, revertiendo parcialmente las abruptas caídas del lunes.
Sin embargo, el CGRI no tardó en desmentir, con característica intransigencia, cualquier señal de flexibilidad: el portavoz de la Guardia Revolucionaria declaró que sólo el CGRI determinaría «el fin de la guerra», y advirtió de que no permitirá la exportación de «ni un solo litro de petróleo» de la región mientras continúen los ataques. Miles de iraníes se manifestaron en apoyo del nuevo líder supremo Mojtabá Jamenéi mientras los bombardeos de Estados Unidos e Israel continuaban. En el ámbito diplomático, se confirmó el acuerdo entre China y el régimen de los ayatolás para garantizar el tránsito de petroleros hacia puertos chinos —un movimiento que ilustra con perfecta nitidez la estrategia de Pekín de capitalizar geopolítica y comercialmente el caos generado por el conflicto sin implicarse militarmente en él—.
Implicaciones:
La volatilidad extrema del precio del crudo —que ha oscilado más de un 50% en menos de dos semanas, desde los aproximadamente $78 previos al conflicto hasta el pico de $119,50— representa una perturbación sistémica para la economía global de consecuencias difícilmente calibrables en tiempo real. El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz ha provocado recortes de producción en Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait e Iraq —cuya producción de los tres principales yacimientos del sur ha caído un 70%, de 4,3 millones de barriles diarios a sólo 1,3 millones—, desencadenando la mayor disrupción del suministro energético de la historia según la consultora Rapidan Energy. Si el Estrecho permanece cerrado durante cuatro meses, el Brent podría alcanzar los $135 el barril según Rystad Energy, con efectos inflacionarios devastadores sobre las economías occidentales.
El acuerdo chino-iraní sobre el tránsito de petroleros es, en términos estratégicos, una pieza de maestría diplomática de Pekín que merece un análisis detenido: China se garantiza el suministro energético, refuerza su interdependencia económica con Irán, y —lo que es aún más relevante— demuestra a los países productores del Golfo que puede actuar como interlocutor alternativo a Washington en situaciones de crisis. Esta lectura no escapa a Trump, que ha manifestado su intención de reunirse con Xi Jinping a finales de marzo. Mientras tanto los intentos de mediación por parte de algún país del Golfo prosiguen en el más absoluto secreto.
Perspectivas y escenarios:
El restablecimiento del tráfico normal en el Estrecho de Ormuz —que en condiciones de paz transporta aproximadamente el 20% del consumo mundial de petróleo y en torno al 30% del gas natural licuado (GNL) global— depende, en última instancia, de la capacidad militar de Estados Unidos para neutralizar de manera definitiva los sistemas de misiles antibuque y las capacidades navales del CGRI. El secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, ha declarado que el tráfico se normalizará «en semanas, no en meses», pero reconociendo que, hoy, el paso está «lejos de ser normal». Los países del G-7 han acordado en reunión virtual de ministros de finanzas estar «listos para tomar las medidas necesarias», incluyendo la liberación de reservas estratégicas de petróleo, aunque Francia —que ostenta la presidencia del grupo— ha señalado que «aún no han llegado a ese punto».
3. OTAN intercepta por segunda vez un misil iraní sobre Turquía: el Artículo 4 acecha
Hechos:
La OTAN ha interceptado, por segunda vez en menos de cinco días, un misil balístico lanzado desde territorio iraní que penetró en el espacio aéreo turco —miembro de pleno derecho de la Alianza Atlántica—. El proyectil fue neutralizado el lunes 9 de marzo por los sistemas de defensa antimisil de la OTAN desplegados en el Mediterráneo Oriental, con fragmentos del cohete impactando en campos despoblados de la provincia de Gaziantep, a aproximadamente 93 millas de la base aérea de Incirlik —donde están estacionados cientos de militares estadounidenses y donde se cree ampliamente que Estados Unidos almacena armamento nuclear—. La portavoz de la OTAN, Allison Hart, declaró que «la Alianza se mantiene firme en su disposición a defender a todos los aliados frente a cualquier amenaza». Turquía convocó nuevamente al embajador iraní en Ankara y advirtió a Teherán de que «no están dispuestos a tolerar pasos extremadamente equivocados y provocadores». Los presidentes Erdogan y Pezeshkian hablaron por teléfono, con el presidente iraní ofreciendo crear una comisión de investigación conjunta para aclarar los hechos —una propuesta que la diplomacia turca ha recibido con escasa convicción—. Como medida de precaución, Ankara desplegó seis cazas F-16 en Chipre del Norte días después de que un dron de fabricación iraní —probablemente lanzado por Hezbolá—golpeara la base británica de Akrotiri.
Implicaciones:
La doble intercepción de misiles iraníes sobre suelo turco eleva el conflicto a una nueva dimensión de riesgo estratégico: por primera vez desde el inicio de la Operación Tormenta Épica el 28 de febrero, el fuego iraní ha violado el espacio aéreo de un miembro de la OTAN en dos ocasiones consecutivas, lo que pone sobre la mesa, con una urgencia que ya no puede ignorarse, la posibilidad de una invocación del Artículo 4 del Tratado del Atlántico Norte —que permite a cualquier miembro solicitar consultas formales si considera amenazadas su integridad territorial o su seguridad—. La proximidad de los impactos a la base de Incirlik, que alberga armamento nuclear de los Estados Unidos bajo los acuerdos de intercambio nuclear de la OTAN, introduce una variable que los planificadores militares de la Alianza no pueden ignorar: un misil iraní que impacte sobre Incirlik en un contexto de guerra activa constituiría el escenario más grave desde la crisis de los misiles de Cuba en 1962 —y la comparación no es hiperbólica—. El hecho de que debris del dron que golpeó Akrotiri contuviera componentes de fabricación rusa —según informó The Times el 7 de marzo— añade una capa adicional de inquietud sobre la profundidad de la colaboración ruso-iraní durante el conflicto.
Perspectivas y escenarios:
Turquía se encuentra en una posición geopolítica extraordinariamente delicada: aliado de la OTAN con el segundo ejército más numeroso de la Alianza, mantiene al mismo tiempo relaciones económicas y diplomáticas con Irán y ha declarado que no permitirá el uso de sus bases para operaciones ofensivas contra el régimen de los ayatolás. Ankara no ha invocado el Artículo 4 y, por el momento, no parece dispuesta a hacerlo —en parte porque ello implicaría una implicación formal en un conflicto que, hasta ahora, ha gestionado desde la calculada ambigüedad erdoganiana—. No obstante, una tercera intercepción de misiles iraníes, especialmente si se produce con víctimas turcas o daños materiales significativos, podría cambiar la ecuación en horas. La OTAN, por su parte, ha enfatizado que no es «parte en el conflicto» —en las palabras del coronel Martin O'Donnell, portavoz del Mando Supremo Aliado en Europa—, pero la interceptación repetida de misiles sobre territorio aliado convierte esa declaración, con el paso de los días, en una ficción jurídica cada vez más difícil de sostener operativamente.
4. Trump levanta parcialmente las sanciones petroleras a Rusia: una apuesta de alto riesgo
Hechos:
La Administración Trump ha dado un paso de enorme carga estratégica al anunciar el levantamiento parcial de las sanciones petroleras sobre Rusia como medida de emergencia para contener el alza de los precios del crudo provocada por el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz. El Departamento del Tesoro ha emitido una licencia general («general license») que facilita la adquisición de petróleo ruso por parte de determinados países, comenzando por India —que recibe un “waiver” de 30 días—, con la expresa intención de compensar el déficit de suministro generado por la disrupción iraní. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, declaró abiertamente que existe la posibilidad de «liberar» los cientos de millones de barriles de crudo ruso embargado que se encuentran en tránsito en alta mar, lo que permitiría inyectar suministro adicional al mercado global. Trump, por su parte, añadió que hablará con el presidente Putin sobre el conflicto con Irán y sobre la guerra en Ucrania, calificando la conversación de «muy buena».
La reacción en el Congreso no se ha hecho esperar: un grupo de senadores demócratas encabezado por Chuck Schumer, Jack Reed y Sheldon Whitehouse —junto con Elizabeth Warren, Jeanne Shaheen y otros— ha emitido una declaración conjunta calificando la decisión como «particularmente irritante» en un momento en que existen informes creíbles de que Rusia está proporcionando inteligencia a Irán sobre la posición de las fuerzas estadounidenses en Oriente Medio. La portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, restó importancia a estos informes afirmando que la cooperación ruso-iraní no estaba «haciendo ninguna diferencia» en el terreno militar.
Implicaciones:
La decisión de levantar, aunque sea parcialmente y con carácter temporal, las sanciones petroleras sobre Rusia en plena guerra iraní encierra una contradicción estratégica de primer orden que ningún análisis riguroso puede soslayar: mientras Estados Unidos y sus aliados combaten militarmente contra el principal eje de desestabilización regional auspiciado por Moscú y Teherán —y mientras existen evidencias de que la inteligencia rusa ha facilitado información operativa a los iraníes sobre posiciones militares estadounidenses—, Washington libera ingresos petroleros para el Kremlin que financiarán directamente su campaña de agresión continuada en Ucrania. La paradoja es de una magnitud que no tiene precedentes en la historia de la política exterior estadounidense contemporánea: en términos de coherencia estratégica, equivale a financiar, siquiera indirectamente, al adversario que facilita la resistencia del enemigo que se combate. La senadora demócrata Warren ha denunciado que la licencia general viola el «Countering America's Adversaries Through Sanctions Act» (Ley de Sanciones a los Adversarios de América), que exige una notificación al Congreso con 30 días de antelación antes de cualquier relajación de sanciones.
Perspectivas y escenarios:
El movimiento de Trump no puede interpretarse únicamente en clave energética: en el horizonte se perfila la cumbre con Xi Jinping —prevista para finales de marzo— y las negociaciones informales con Putin sobre Ucrania, para las que el presidente estadounidense utiliza la palanca de las sanciones como moneda de negociación. El riesgo, empero, es que esta táctica de doble tablero —presionar militarmente a Irán mientras se flexibiliza el régimen sancionador contra su patrocinador ruso— sea leída en Moscú como una señal de debilidad o de división interna en la coalición occidental. Los mercados, al menos de manera transitoria, han recibido la señal como una reducción del riesgo, con el Brent bajando hasta los $88 desde su pico reciente; pero la estabilidad de esta corrección depende enteramente de si el Estrecho de Ormuz recobra su funcionalidad y de si la OTAN logra evitar una mayor escalada con Turquía.
5. China registra un alza de exportaciones del 21,8%: una baza formidable antes de la cumbre Trump-Xi
Hechos:
Las autoridades estadísticas chinas han publicado los datos de comercio exterior correspondientes a los dos primeros meses de 2026 —China combina enero y febrero para neutralizar el efecto estadístico del Año Nuevo lunar—, arrojando un crecimiento de las exportaciones del 21,8% interanual. El dato contrasta de manera extraordinariamente llamativa con el 6,6% de diciembre de 2025 y se produce en pleno contexto de escalada arancelaria entre Washington y Pekín, lo que constituye una refutación empírica de quienes argumentaban que las tarifas trumpianas estaban produciendo ya un efecto contraccionista significativo sobre el comercio exterior chino. El superávit comercial chino —que, según todos los indicios, habrá crecido de manera paralela— representa una irritante geoeconomica de primera magnitud en el momento más delicado para la relación bilateral: Trump prevé visitar China a finales de este mismo mes de marzo en una cumbre que, a la vista de los datos publicados, arrancará con una asimetría negociadora aún más pronunciada.
Implicaciones:
El crecimiento del 21,8% de las exportaciones chinas en un período de alta tensión arancelaria puede explicarse por varios factores que no se excluyen entre sí: anticipación exportadora de las empresas chinas antes de que entren en vigor nuevas rondas de aranceles —lo que los anglosajones denominan «front-loading», es decir, adelantamiento de envíos—; diversificación de destinos hacia mercados del Sur Global; y, no en menor medida, el impacto indirecto del conflicto iraní, que ha convertido a China en el único importador que mantiene acceso garantizado al petróleo del Golfo gracias al acuerdo bilateral con Teherán. Pekín llega a la cumbre con Trump en una posición de notable fortaleza relativa: con la economía exportadora en expansión, el suministro energético asegurado —al menos transitoriamente—, y la retórica de «neutralidad activa» que le ha valido reconocimiento implícito en múltiples capitales del Sur Global. Trump, por su parte, llega con los precios de la gasolina en máximos históricos de su segundo mandato y con el fantasma de las elecciones intermedias de noviembre sobrevolando cada decisión estratégica.
Perspectivas y escenarios:
La cumbre Trump-Xi de finales de marzo se perfila como el encuentro bilateral más cargado geopolítica y geoeconómicamente desde la pandemia. Sobre la mesa estarán: la política arancelaria —Trump ha sugerido que podría relajar aranceles a cambio de concesiones comerciales, en lo que constituiría una inversión clásica de su manual de negociación—; el Estrecho de Ormuz y el papel chino en la presión diplomática sobre Teherán para su reapertura; Taiwán —cuya situación se vuelve paradójicamente más estable durante el conflicto iraní, dado que Washington no puede permitirse un segundo frente—; y los datos de exportaciones, que previsiblemente provoquen un exabrupto trumpiano sobre el déficit comercial bilateral. La posición de Trump se complica adicionalmente por el hecho de que, como ha señalado él mismo con cierto orgullo geopolítico, mantiene el Estrecho abierto «también para China» —en sus propias palabras, es un «honor» hacerlo—, lo que convierte a Pekín en beneficiario directo del esfuerzo militar estadounidense sin ningún coste estratégico para el gigante asiático.
6. La estrategia de resistencia del CGRI: Irán apuesta por el desgaste y la disrupción energética
Hechos:
El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica ha adoptado, según analistas de Reuters y otras fuentes primarias, una estrategia de resistencia prolongada basada en dos pilares: la disrupción continuada del tráfico energético en el Estrecho de Ormuz y una táctica de dosificación de misiles y drones diseñada para extender el conflicto en el tiempo, en lugar de agotar el arsenal iraní en un intercambio de fuego intensivo y breve. La apuesta del CGRI descansa en una premisa geopolítica que no carece de lógica interna —aunque resulte profundamente errónea en su calibración estratégica—: que la presión sobre los precios del petróleo, combinada con el desgaste político interno en Estados Unidos derivado del alza de los precios de la gasolina en vísperas de las elecciones intermedias de noviembre, terminará por erosionar la voluntad política de Washington para continuar las operaciones. Desde el inicio del conflicto el 28 de febrero, Irán ha lanzado más de 500 misiles balísticos y navales y casi 2.000 drones, dirigidos en un 40% contra objetivos israelíes y en un 60% contra activos militares estadounidenses en la región. Sin embargo, el propio Cuerpo admite implícitamente que el ritmo de lanzamientos ha descendido de manera apreciable desde el 4 de marzo, fecha a partir de la cual los analistas señalan una combinación de agotamiento de almacenes y de racionalización del arsenal para una guerra larga.
Implicaciones:
La estrategia del CGRI es intelectualmente coherente desde la perspectiva de un actor no estatal o subestatal que ha leído correctamente las limitaciones políticas de las democracias occidentales —como ya lo hicieron, con éxito relativo, los insurgentes iraquíes o los talibanes afganos—. Sin embargo, comete un error de cálculo fundamental: el conflicto actual no se produce contra una coalición desgastada y políticamente dividida como la de Iraq o Afganistán, sino contra una administración Trump que ha hecho de la demostración de fuerza su sello identitario y que tiene, en el programa nuclear iraní, un casus belli con legitimidad estratégica suficiente para sostener la operación en el tiempo. El CGRI subestima, además, el efecto acumulativo de los más de 3.000 objetivos destruidos por CENTCOM —el Mando Central de los Estados Unidos—, que incluyen instalaciones nucleares, complejos balísticos, cuarteles generales y capacidades navales. La pérdida del IRIS Dena —fragata iraní hundida en el Océano Índico por el submarino USS Charlotte, a unas 40 millas náuticas de Sri Lanka— y de varios mandos militares del CGRI en los primeros días del conflicto ha producido un deterioro estructural de la capacidad de mando y control del régimen que ninguna retórica revolucionaria puede revertir en el corto plazo.
Perspectivas y escenarios:
La hipótesis de trabajo más sólida, a la vista de los datos disponibles, es que el CGRI no tiene capacidad para sostener su estrategia de resistencia durante más de cuatro a seis semanas adicionales sin agotar las reservas de misiles de alta precisión y sin sufrir un deterioro irreversible de su infraestructura industrial de defensa. La presión popular interna —las protestas de principios de 2026 fueron reprimidas con brutalidad, pero no eliminadas— representa una variable de inestabilidad adicional que la «oligarquía yihadista» del régimen iraní no puede controlar indefinidamente. La designación de Mojtabá Jamenéi, carente de autoridad religiosa reconocida —no es un marjaa (autoridad doctrinal) de primer rango en el shiísmo iraní—, como nuevo líder supremo añade una dimensión de fragilidad a la estructura de legitimidad del régimen que podría acelerar, en determinados escenarios, procesos de fractura interna.
7. Von der Leyen exige a Europa que despierte: Sánchez y Orbán, los perturbadores del consenso europeo
Hechos:
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, pronunció el lunes 9 de marzo un discurso de notable dureza ante los embajadores de la Unión Europea reunidos en Bruselas, en el que realizó un llamamiento inequívoco a que Europa abandone el plácido sueño —en palabras que recuerdan inevitablemente a Ortega y Gasset— de un orden mundial que «ha desaparecido y no volverá». Von der Leyen fue explícita en su diagnóstico: «Europa no puede seguir siendo la guardiana de un viejo orden mundial para un mundo que ha desaparecido y que no volverá», y añadió que el Viejo Continente debe dotarse de capacidad real de autodefensa en lugar de seguir dependiendo de garantías externas que ya no pueden darse por descontadas. La presidenta cuestionó asimismo la viabilidad del sistema de consenso por unanimidad en las decisiones de política exterior de la UE —sugiriendo abiertamente la conveniencia de migrar hacia un sistema de votación por mayoría cualificada («qualified majority voting»)—, en una referencia que no necesitaba mayores aclaraciones para señalar a los dos principales perturbadores del consenso europeo: el primer ministro húngaro Viktor Orbán y el presidente del Gobierno español Pedro Sánchez.
Orbán, al que von der Leyen ya venía enfrentando por su veto crónico a la ayuda de 90.000 millones de euros a Ucrania —bloqueada en esta ocasión por una disputa sobre un oleoducto que transporta petróleo ruso a Hungría y Eslovaquia—, ha vuelto a protagonizar un movimiento de perfil colaboracionista con Moscú al enviar una carta formal a la presidenta de la Comisión exigiendo el levantamiento «inmediato e integral» de todas las sanciones europeas contra el sector energético ruso, alegando el impacto de la crisis del Estrecho de Ormuz sobre los precios del petróleo en Hungría. Por su parte, Sánchez ha aparecido mencionado —tanto en los comentarios privados de diplomáticos europeos recogidos por Politico como en las declaraciones públicas de responsables comunitarios— como el segundo gran disruptor del consenso atlántico-europeo, precisamente por la negativa española al uso de las bases de Rota y Morón. La alta representante para Asuntos Exteriores, Kaja Kallas, alineada con von der Leyen, advirtió por su parte de que «una mayor escalada de la guerra podría amenazar a Europa y más allá con consecuencias imprevisibles», urgiendo medidas concretas de defensa colectiva.
Implicaciones:
El discurso de von der Leyen ante los embajadores comunitarios es, en términos de contenido sustantivo, el más importante pronunciado por un alto cargo europeo desde el inicio de la Operación Tormenta Épica. La presidenta de la Comisión ha identificado, con una claridad que sus predecesores nunca tuvieron el coraje de mostrar, el problema estructural que paraliza la acción exterior de la UE: la regla de unanimidad convierte cualquier decisión de política exterior en rehén del veto de un solo Estado miembro —ya sea Orbán actuando como utilidad de la política del Kremlin, ya sea Sánchez buscando rédito electoral izquierdista—. La propuesta de pasar a la mayoría cualificada en política exterior es, constitucionalmente, una revolución de primera magnitud que requeriría modificar los Tratados; pero su mera enunciación pública por la presidenta de la Comisión señala una dirección de viaje que, si la crisis iraní se prolonga, podría acelerar los tiempos de manera imprevista.
La asociación de Sánchez con Orbán en el mismo diagnóstico de responsabilidad por la fractura del consenso europeo constituye un oprobio diplomático de primera magnitud para España: que el gobierno de un país fundador de la democracia liberal representativa, miembro de pleno derecho de la OTAN y uno de los cuatro grandes de la Unión Europea, aparezca en el mismo paquete analítico que el líder más abiertamente proputinista de la UE es un daño reputacional cuyas consecuencias se extenderán mucho más allá del conflicto iraní. Ni Alemania, que permitió el uso de sus bases, ni Francia, que autorizó las suyas para operaciones «defensivas» según BFMTV, han sido mencionadas en ese contexto. España lo ha sido. La diferencia entre discrepar de la política de una alianza y convertirse en su disruptor estructural es la que separa la soberanía legítima de la irresponsabilidad histórica.
Perspectivas y escenarios:
El escenario más probable a corto plazo es que la presión de von der Leyen y Kallas sobre los Estados miembros intensifique el debate sobre la reforma del sistema de toma de decisiones en política exterior, sin que ello se materialice en cambios constitucionales inmediatos —dado que cualquier modificación de los Tratados requiere la unanimidad de los mismos Estados que se pretende disciplinar—. Sin embargo, el discurso tiene valor político por sí mismo: establece un marco narrativo en el que los vetos sistemáticos de Orbán y las posiciones de Sánchez serán en adelante interpretados, en las capitales europeas y ante la opinión pública continental, como actos de obstrucción deliberada de la capacidad de acción de Europa. Para España, el coste ya está produciéndose: una fuente diplomática europea ha señalado a Politico que la posición de Madrid está «aislando a España de sus socios más cercanos» en un momento en que el país necesitaba exactamente lo contrario. La apuesta de Sánchez por el rédito doméstico a corto plazo —reproduciendo el manual de Zapatero de 2004— podría resultar mucho más cara en términos de influencia europea y atlántica de lo que el cálculo electoral inmediato sugería.
III. RACK DE MEDIOS
Los grandes medios internacionales continúan ofreciendo coberturas profundamente diferenciadas del conflicto, reflejo de sus líneas editoriales, alineamientos políticos y lecturas geopolíticas de fondo.
MEDIOS ANGLOSAJONES (EE.UU. Y REINO UNIDO):
El Wall Street Journal y el Financial Times coinciden en subrayar el riesgo sistémico para la economía global del conflicto energético, con análisis centrados en el impacto del alza del crudo sobre la inflación estadounidense y los mercados de bonos. El WSJ es particularmente crítico con la decisión de levantar las sanciones rusas, a la que califica de «moral hazard» (riesgo moral) geopolítico de consecuencias impredecibles. The Economist —en su análisis semanal— dedica un extenso reportaje al dilema de Trump: ganar la guerra en Irán mientras pierde la batalla de la gasolina en casa. The Times de Londres y The Telegraph mantienen una posición de apoyo crítico a la operación, cuestionando su gestión pero no su legitimidad de principio; ambos dedican atención preferente a las tensiones con España por las bases de Rota y Morón. The Guardian adopta, con su habitual coherencia editorial de izquierda liberal, una posición marcadamente escéptica respecto a los objetivos declarados de la operación, y dedica amplio espacio a los informes de Human Rights Watch sobre el uso de fósforo blanco por Israel en áreas residenciales del sur del Líbano.
CNN mantiene una cobertura continua del conflicto con notable despliegue de corresponsales en la región; su enfoque es, como de costumbre, más descriptivo que analítico. Fox News hace hincapié en la declaración del secretario Hegseth de que «estamos poniendo en peligro a los otros, ese es nuestro trabajo» y en las críticas a la actitud «pusilánime» de los aliados europeos que han restringido el uso de sus bases. The Washington Post dedica varios análisis al impacto electoral doméstico del conflicto sobre los republicanos de cara a las elecciones intermedias de noviembre. USA Today se centra en los costes de la gasolina para el ciudadano medio americano.
MEDIOS FRANCESES Y EUROPEOS CONTINENTALES:
Le Monde y Libération adoptan posiciones marcadamente críticas con la Operación Tormenta Épica, en línea con la posición oficial francesa de condena de los ataques como «contrarios al derecho internacional». Le Figaro, sin embargo, muestra una postura más matizada, reconociendo la amenaza nuclear iraní como real aunque cuestionando la unilateralidad de la acción. BFM TV y LCI ofrecen coberturas continuas con énfasis en el impacto para los ciudadanos franceses en la región y en las presiones sobre el precio de la energía en Francia. La FAZ y Die Welt, portavoces del establishment conservador alemán, reflejan la incómoda posición del canciller Merz —quien permitió el uso de las bases alemanas para el esfuerzo estadounidense pero prefirió callar ante las amenazas de Trump a España—. Die Zeit presenta un análisis más reflexivo sobre el coste para la cohesión europea de la fractura entre Madrid y Washington. El Corriere della Sera dedica una doble página al análisis del papel de Italia como potencia mediadora y a las implicaciones del conflicto para los flujos migratorios en el Mediterráneo.
MEDIOS DE ORIENTE PRÓXIMO:
Al Jazeera mantiene, con su orientación habitual, una cobertura crítica de las operaciones estadounidenses e israelíes, con especial énfasis en las bajas civiles iraníes y en las vulneraciones del derecho internacional humanitario. Sus informes sobre la sucesión de Mojtabá Jamenéi son particularmente detallados. Al Arabiya y Asharq Al Awsat —medios de orientación saudí— reflejan la profunda inquietud de Riad ante el conflicto: Arabia Saudí es simultáneamente aliada de Washington, objetivo potencial del CGRI —que ya ha lanzado misiles contra territorio saudí— y beneficiaria a largo plazo de cualquier debilitamiento estructural del régimen iraní. The Jerusalem Post e Israel Hayom cubren el conflicto con un apoyo editorial claro a las operaciones del IDF, aunque ambos señalan el coste creciente para la ciudadanía israelí —13 muertos y más de 1.900 heridos en ataques iraníes desde el inicio del conflicto—. Haaretz mantiene, con su habitual independencia editorial, una postura más crítica con el Gobierno Netanyahu, señalando el riesgo de haber iniciado un conflicto sin una estrategia de salida claramente definida.
MEDIOS RUSOS Y CHINOS:
Russia Today y TASS presentan el conflicto como un acto de agresión imperialista occidental desestabilizador del orden internacional, destacando la condena del papa Francisco y de múltiples líderes del Sur Global. Ambos medios subrayan con evidente satisfacción las tensiones entre España y Estados Unidos, presentando a Sánchez como el único líder europeo con «integridad moral» —una manipulación propagandística que no debe confundirse con un análisis objetivo—. El South China Morning Post y el China Daily ofrecen una lectura favorable a los intereses de Pekín: ambos destacan el acuerdo sino-iraní sobre el tránsito de petroleros como un éxito de la diplomacia china y presentan a Xi como el único líder global con capacidad real de mediación. El Yomiuri Shimbun y los medios japoneses reflejan la seria preocupación de Tokio por el impacto energético del conflicto sobre una economía que depende críticamente de las importaciones de petróleo del Golfo.
MEDIOS IBEROAMERICANOS:
Clarín de Buenos Aires destaca por ser la fuente que recoge con mayor detalle los datos sobre el enriquecimiento de uranio iraní al 83,7%, citando fuentes próximas al OIEA —un dato que confirma que el rigor informativo no es patrimonio exclusivo de los grandes medios anglosajones—. La Razón y El Debate de Madrid ofrecen una cobertura de primer nivel sobre las implicaciones de la crisis de las bases para España, con un enfoque crítico hacia la gestión del gobierno Sánchez-Albares que es compartido por otros medios del centroderecha español y europeo. El Mercurio de Chile y Reforma de México observan el conflicto con la inquietud de economías exportadoras de materias primas que, en condiciones de alta volatilidad energética, se ven expuestas a shocks externos de difícil gestión.
IV. SEMÁFORO DE RIESGOS
FACTOR DE RIESGO | NIVEL DE RIESGO |
Escalada militar a conflicto regional total (Arabia Saudí, Emiratos) | 🔴 CRÍTICO |
Irán activa el Artículo 5 de la OTAN vía misiles sobre Turquía | 🔴 MUY ALTO |
Colapso del tráfico marítimo en el Estrecho de Ormuz (>4 semanas) | 🟠 ALTO |
Escalada del precio del petróleo hacia $135/barril (Brent) | 🟠 ALTO |
Crisis diplomática España-EE.UU. y represalias comerciales | 🟠 ALTO |
Fractura interna en Irán / sucesor Mojtabá sin legitimidad religiosa | 🟡 MODERADO-ALTO |
Tensiones comerciales EE.UU.-China (exportaciones chinas +21,8%) | 🟡 MODERADO |
Sanciones a Rusia aliviadas: riesgo de precedente en Ucrania | 🟡 MODERADO |
Proliferación nuclear iraní: material fisible enriquecido al 83,7% | 🔴 MUY ALTO |
V. COMENTARIO EDITORIAL
Once días después del inicio de la Operación Tormenta Épica —y diez días después del asesinato del ayatolá Alí Jamenéi en los bombardeos israelíes y estadounidenses sobre Teherán—, el cuadro estratégico que emerge es el de una victoria militar parcial acompañada de una gestión política llena de inconsistencias que, si no se corrigen con urgencia, podrían convertir un éxito táctico indiscutible en un pantanal estratégico del que Washington tardará años en emerger. Analicémoslo con la frialdad que el momento exige y con la claridad que nuestra línea editorial siempre ha reivindicado.
En el haber de la operación, los datos son objetivamente significativos: más de 3.000 objetivos destruidos; la eliminación física del principal exponente del terrorismo de Estado a escala global; el impacto severo sobre el arsenal balístico iraní —cuyas reservas de misiles de alta precisión muestran signos inequívocos de agotamiento—; la confirmación por el OIEA de un programa nuclear que estaba, literalmente, a un paso de producir material fisible para uso armamentístico; y la señal inequívoca enviada a todos los actores del llamado «eje de la resistencia» —Hezbolá, Hamás, los hutíes yemeníes, las milicias chiíes iraquíes— de que el paraguas del CGRI no es invulnerable. Nadie podrá decir, con honestidad intelectual, que la amenaza iraní era una ficción construida por neoconservadores belicistas: los 600 kilogramos de uranio enriquecido por encima del 70% y las trazas de material al 83,7% en las instalaciones de Isfahán son la mejor respuesta posible a los que —desde Bernie Sanders hasta Ilhan Omar, pasando por las distintas fracciones de la izquierda radical europea— negaban la existencia de dicho programa o lo minimizaban como una provocación israelí-americana.
En el debe, sin embargo, se acumulan errores de gestión de una gravedad que no puede subestimarse. La decisión de levantar las sanciones petroleras sobre Rusia —en el momento en que existen informes de que Moscú está facilitando inteligencia operativa a Teherán sobre posiciones militares estadounidenses— no es sólo un error de coherencia estratégica: es una señal de debilidad que Putin leerá, con toda certeza, como una invitación a elevar el precio de su «neutralidad». El presidente Trump no puede pretender simultáneamente desmantelar la oligarquía yihadista iraní y compensar a su patrocinador ruso con ingresos petroleros adicionales: las contradicciones de esa postura terminarán por erosionar la credibilidad de una administración que ha hecho de la determinación su marca diplomática más valiosa.
La crisis con España merece una reflexión separada, porque sus implicaciones van más allá del episodio en sí mismo. La actitud del gobierno Sánchez-Albares —que ha negado el uso de las bases de Rota y Morón para operaciones militares, en una decisión que el Partido Popular ha criticado con razón como un abandono de las obligaciones aliadas de España— representa el punto más bajo de la política exterior española desde la retirada de las tropas de Iraq en 2004, igualmente protagonizada por un presidente socialista en búsqueda de rédito electoral doméstico. Que miles de manifestantes en Barcelona porten fotografías de Sánchez junto al retrato del ayatolá asesinado no debería ser motivo de orgullo para ningún demócrata europeo. La diferencia entre oponerse a una guerra y hacerse la foto con la iconografía de un régimen que ha ejecutado a decenas de miles de ciudadanos por exigir libertad es, precisamente, la que separa una posición de principios de una calculada exhibición de demagogia populista. España tiene derecho a discrepar de sus aliados —lo ha hecho en otras ocasiones con plena dignidad—, pero la forma en que Sánchez ha gestionado esta discrepancia ha dañado la credibilidad de nuestro país ante sus aliados atlánticos y ha colocado a España en el incómodo rol de utilidad propagandística para Russia Today y para los sectores más antioccidentales del espacio árabe.
Dicho lo anterior, sería injusto no señalar que la operación estadounidense también presenta, desde una perspectiva de derecho internacional y de gestión humanitaria, aspectos que merecen una crítica rigurosa: las bajas civiles iraníes, los daños al Gran Bazar de Teherán y al Palacio de Golestán, y los informes del Human Rights Watch sobre el uso de fósforo blanco en el sur del Líbano exigen una respuesta transparente de las autoridades militares israelíes y estadounidenses. La diferencia, empero, entre estas críticas legítimas y la postura de quienes equiparan a la democracia israelí con el régimen del CGRI es la diferencia entre el análisis y la propaganda —y ese abismo no admite equidistancias cómodas—.
En cuanto al nuevo líder supremo Mojtabá Jamenéi: la oligarquía revolucionaria ha cometido, al designarlo, un error político de proporciones históricas. En el chiísmo iraní, la autoridad del líder supremo —el Rahbar— emana de su reconocimiento como Marjaa, capacidad de sentar doctrina y precedente como fuente de emulación religiosa. Mojtabá no lo es. Su designación por el CGRI representa la conversión del Velayat-e Faqih —el gobierno del jurisconsulto islámico, concepto creado por el ayatolá Jomeini en 1979— en una monarquía dinástica de raíz ideológica radical, lo que contradice los fundamentos doctrinales de la propia revolución y abrirá, en el seno del clero y de la sociedad iraní, fracturas que el régimen no podrá gestionar indefinidamente por la fuerza.
La guerra continúa. El CGRI conserva aún gran capacidad ofensiva. El Estrecho de Ormuz permanece funcionalmente cerrado. Pero la dirección estratégica del conflicto, más allá de las fluctuaciones cotidianas, apunta hacia un debilitamiento estructural e irreversible de uno de los regímenes más brutales, más sanguinarios, exportadores de terrorismo y más desestabilizadores que el mundo ha conocido en las últimas cinco décadas. Eso, con todas las imperfecciones y riesgos de su ejecución, no es poca cosa.
CLAVES DEL DÍA DE JOSE A. VIZNER
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