INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN

La jornada del 25 de marzo de 2026 constituye, posiblemente, una de las más intensas y reveladoras desde el inicio de la Operación Epic Fury el pasado 28 de febrero. La convergencia de una propuesta de paz estadounidense de quince puntos transmitida a la oligarquía yihadista iraní a través de Pakistán, la activación diplomática del vicepresidente JD Vance como posible negociador principal en Islamabad, el despliegue de la 82.ª División Aerotransportada (82nd Airborne Division) hacia Oriente Próximo con la isla de Jarg (Kharg Island) como posible objetivo, la expulsión del embajador iraní en el Líbano por un gobierno libanés que ha dicho basta a la tutela de Teherán, la lucha interna por el poder en el seno de un régimen iraní descabezado y la enérgica advertencia de los Emiratos Árabes Unidos (EAU) contra el «terrorismo económico internacional» iraní configuran un escenario de altísima complejidad y de consecuencias potencialmente transformadoras para el orden regional y global.

La guerra entra en su cuarta semana sin que se vislumbre un alto el fuego inmediato, pero con señales diplomáticas cruzadas que —por primera vez desde el inicio de las hostilidades— sugieren que la oligarquía yihadista de Teherán empieza a comprender que el coste de la resistencia a ultranza podría resultar sencillamente inasumible.

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Los quince puntos del plan estadounidense para Irán

Hechos. Estados Unidos ha transmitido a la oligarquía yihadista iraní —a través de la mediación paquistaní y, en particular, del mariscal de campo Asim Munir, jefe del Ejército de Pakistán— un plan de quince puntos destinado a poner fin a la guerra en Oriente Próximo. La existencia del plan fue confirmada por Bloomberg, The New York Times, Reuters, Axios, The Jerusalem Post y France 24, entre otros. El presidente Trump declaró en el Despacho Oval que Estados Unidos «está en negociaciones ahora mismo» con Irán y que Teherán «quiere desesperadamente un acuerdo». Irán, por su parte, niega que existan negociaciones directas, aunque el ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbás Araqchí, informó secretamente al enviado especial estadounidense Steve Witkoff de que el nuevo líder supremo, Moytabá Jamenei —hijo del difunto ayatolá Alí Jamenei, eliminado en el ataque inaugural de la Operación Epic Fury—, había dado su consentimiento para negociar, según reveló el diario israelí Yedioth Ahronoth y recogió Al Arabiya.

El plan incluye, entre sus puntos principales: el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní; el cierre de las instalaciones de Natanz, Fordow e Isfahán; el fin de todo enriquecimiento de uranio en suelo iraní; la entrega de todas las reservas de uranio enriquecido al Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA); el acceso pleno, inmediato y verificable del OIEA a todas las instalaciones; la limitación severa o supresión del programa de misiles balísticos; el cese total del apoyo a todas las organizaciones terroristas satélite —Hizbulá, Hamás, hutíes, organizaciones terroristas proiraníes en Irak y Siria—; la reapertura del estrecho de Ormuz como zona de libre navegación marítima; y, como contrapartida, un alivio gradual de sanciones condicionado al cumplimiento verificable y sostenido de todos los puntos anteriores.

Resulta alucinante —permítaseme la expresión— que ciertos medios internacionales y algunos analistas españoles hayan llegado a negar la existencia de este plan e incluso hayan comparado a Trump con «un niño malo pillado en una mentira». Los quince puntos están ahí, confirmados por múltiples fuentes de la máxima solvencia. Que la propuesta sea maximalista y que Teherán pueda rechazarla de plano es una cosa; que no exista es una afirmación que carece de todo fundamento y que revela más sobre la mediocridad de quien la formula que sobre la realidad diplomática.

Implicaciones. La propuesta constituye una posición de partida deliberadamente ambiciosa —una apertura negociadora en toda regla, no un ultimátum final— que busca establecer el marco más exigente posible antes de que se produzcan las inevitables concesiones. Washington sabe que no obtendrá los quince puntos íntegros, pero pretende que el listón de partida sea lo suficientemente alto como para que, incluso tras las cesiones, el resultado final suponga un cambio cualitativo en el equilibrio de poder regional. Israel, que ha sido informado del plan, mantiene un escepticismo comprensible sobre la disposición real de Teherán a aceptar condiciones tan severas. El primer ministro Netanyahu ha expresado su preocupación de que Trump pueda cerrar un acuerdo que quede muy por debajo de los objetivos israelíes.

Perspectivas y escenarios. El escenario más probable a corto plazo es una fase de negociación indirecta —con Pakistán, Turquía y Egipto como intermediarios— que podría desembocar en un encuentro presencial en Islamabad esta misma semana. No obstante, tanto funcionarios estadounidenses como israelíes planifican que la guerra continúe al menos dos o tres semanas más, independientemente de que se celebren conversaciones. La combinación de presión militar sostenida y apertura diplomática responde a la doctrina clásica de «negociar bajo fuego» (negotiating under fire): mantener la presión para maximizar la posición negociadora. Si Teherán rechaza el plan, Washington tendrá la cobertura política para escalar; si lo acepta parcialmente, se abrirá una ventana negociadora sin precedentes desde la Revolución Islámica de 1979.

2. JD Vance, posible negociador principal en las conversaciones de Islamabad

Hechos. Según The Guardian, Axios, The Daily Beast, TRT World y múltiples fuentes paquistaníes e israelíes, el vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, ha sido propuesto como negociador principal del bando estadounidense en las posibles conversaciones de Islamabad. Irán ha rechazado categóricamente sentarse con Steve Witkoff y Jared Kushner —los enviados que conducían las negociaciones nucleares antes de la guerra— a quienes considera responsables de haber engañado a Teherán mientras se preparaban los ataques del 28 de febrero. La opción Vance responde a la necesidad de elevar el nivel de representación y de ofrecer a Irán un interlocutor que no esté contaminado por la ruptura de confianza anterior.

El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, ha confirmado que Pakistán «está preparado y honrado de acoger conversaciones significativas y concluyentes». El mariscal de campo Asim Munir habló directamente con Trump el domingo. Los dos posibles formatos de reunión que se barajan son: o bien Araqchí con Witkoff y Kushner, o bien Vance con el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf. Esta segunda opción, de mayor calado político y simbólico, es la que concentra las expectativas.

Implicaciones. La elección de Vance es enormemente significativa. El vicepresidente ha mantenido a lo largo de su carrera política una posición escéptica respecto a la intervención militar estadounidense en Oriente Próximo y es conocido como partidario de cerrar esta crisis lo antes posible. Que sea Vance —y no los halcones negociadores que precedieron al conflicto— quien se siente frente a los iraníes envía una señal clara: Washington busca una salida, no una escalada indefinida. Para Irán, la presencia de Vance ofrece una garantía implícita de que la delegación estadounidense tiene autoridad real para cerrar un acuerdo, no meramente para explorar posiciones.

Perspectivas y escenarios. El escollo principal sigue siendo la desconfianza iraní, que es profunda y comprensible tras el inicio de hostilidades durante unas negociaciones nucleares en curso. Ghalibaf, por su parte, ha negado públicamente que existan contactos —una posición que puede leerse tanto como un rechazo real como una cobertura táctica ante sus rivales internos—. Pakistán gana una proyección internacional que no alcanzaba desde que facilitó la apertura secreta de Nixon a China en 1971. Si las conversaciones se materializan, Islamabad se consolidará como mediador de referencia en la nueva arquitectura diplomática de Oriente Próximo.

3. La lucha interna por el poder en el régimen iraní y el papel de Ghalibaf

Hechos. La situación interna de la oligarquía yihadista iraní es de una complejidad extrema. Tras la eliminación del ayatolá Alí Jamenei y de Alí Lariyaní —considerado el líder civil de facto tras la muerte del líder supremo—, el régimen se encuentra en una lucha salvaje por el poder entre facciones rivales. Según un exhaustivo análisis de Critical Threats (Instituto para el Estudio de la Guerra, vinculado al American Enterprise Institute), el círculo interno del nuevo líder supremo, Moytabá Jamenei, está dominado por comandantes veteranos de los Guardianes de la Revolución Islámica (Pasdaran/IRGC): el exjefe de inteligencia del IRGC Hosein Taeb, el general de brigada Ahmad Vahidí (comandante de facto del IRGC), el excomandante general Mohammad Alí Yafarí y el propio Ghalibaf.

Mohammad Bagher Ghalibaf es un caso paradigmático de la «paradoja del descabezamiento» (decapitation paradox) que venimos analizando en estos informes. Es un veterano del IRGC —fue comandante de las Fuerzas Aéreas de los Pasdaran, jefe de Policía y alcalde de Teherán durante doce años—, cósmicamente corrupto según las investigaciones que apuntan a desvíos millonarios a una fundación de su esposa, cuatro veces candidato presidencial frustrado y, sin embargo, superviviente nato de todas las purgas internas del régimen. El analista Michael Rubin lo ha descrito con precisión: «Muchos iraníes desprecian a Ghalibaf; los diplomáticos lo ven como un pragmático. Esos diplomáticos confunden pragmatismo con oportunismo. Ghalibaf es un superviviente. Ve en Trump a alguien que puede ayudarle a conseguir lo que el difunto Jamenei siempre le negó: la presidencia o un papel de liderazgo equivalente».

La agencia semioficial iraní Tasnim, próxima a los Pasdaran, describió las informaciones sobre los contactos de Ghalibaf con Washington como una «bomba política» destinada a crear divisiones internas: «El nombre de Ghalibaf fue introducido deliberadamente para presentar una imagen contradictoria y desunida de Irán y provocar conflictos entre las fuerzas políticas».

Implicaciones. La lucha interna iraní tiene una dimensión que los observadores occidentales suelen subestimar. No se trata de un debate entre «reformistas» y «conservadores» —esa distinción siempre fue en gran medida ficticia dentro de un régimen en el que todos los actores relevantes comparten una misma matriz ideológica yihadista—, sino de una pugna descarnada entre facciones del aparato militar-securitario por el control de los resortes del poder y, muy especialmente, de los inmensos recursos económicos que manejan los Pasdaran. La corrupción pura y dura es el cemento que une y, al mismo tiempo, enfrenta a estas facciones.

Perspectivas y escenarios. La capacidad real de Ghalibaf para negociar transversalmente con todas las facciones del régimen es dudosa. Cuenta con credenciales militares sólidas, relaciones estrechas con Moytabá Jamenei y una habilidad probada para sobrevivir políticamente. Pero carece de la autoridad religiosa del líder supremo y se enfrenta a la desconfianza de sectores duros del IRGC que ven cualquier negociación con Washington como una traición. El escenario más probable es que Ghalibaf intente utilizar las negociaciones para reforzar su posición interna —presentándose como el hombre que salvó al régimen— sin comprometerse realmente a las concesiones sustanciales que Washington exige.

4. El Líbano expulsa al embajador de Irán y los libaneses plantan cara a Hizbulá

Hechos. El gobierno libanés —presidido por el primer ministro suní Nawaf Salam y respaldado por el presidente de la República, el cristiano maronita Joseph Aoun, exjefe del Ejército libanés y máximo promotor del desarme total de Hizbulá— ha declarado persona non grata al embajador designado de Irán en Beirut, Mohammad Reza Shibani, y le ha dado hasta el domingo 29 de marzo para abandonar territorio libanés. El Ministerio de Asuntos Exteriores libanés, encabezado por el ministro Youssef Raggi, ha retirado asimismo la acreditación al embajador y ha convocado al embajador libanés en Teherán para consultas. La decisión se produce tras semanas de escalada en la que Hizbulá —actuando como instrumento de la oligarquía yihadista iraní— arrastró al Líbano a la guerra al lanzar misiles y drones contra Israel el 2 de marzo, en represalia por la eliminación de Jamenei, violando el alto el fuego de noviembre de 2024 y desafiando las órdenes explícitas del gobierno libanés.

Hizbulá condenó la expulsión calificándola de «imprudente y reprobable», mientras que el IRGC amenazó con nuevos ataques. El ministro de Asuntos Exteriores israelí, Gideon Saar, calificó la decisión como «un paso justificado y necesario contra el Estado responsable de violar la soberanía del Líbano y de arrastrarlo a la guerra». Una encuesta del Council for a Secure America de enero de 2026 reveló que el 73% de los libaneses apoya los esfuerzos del presidente Aoun para desarmar a Hizbulá, frente a apenas un 9% que se opone.

Y aquí viene lo que deja en evidencia —una vez más— a los analistas de salón europeos y españoles que se apresuraron a vaticinar que los bombardeos israelíes provocarían una ola de solidaridad popular con Hizbulá entre los libaneses. Al día siguiente de tan «sagaces» observaciones, el gobierno libanés expulsa al embajador iraní. Los barrios cristianos y suníes de Beirut y del sur del Líbano acorralan y expulsan a los miembros de Hizbulá que intentan esconderse entre la población civil para evitar ser eliminados por Israel o para provocar víctimas civiles que alimenten la indignación popular. Las comunidades de Marjayún y Alma al-Shaab se niegan a evacuar precisamente para impedir la infiltración de Hizbulá. Algún «experto en geopolítica» —según reza en sus antefirmas televisivas— llegó a afirmar que los chiíes poseen «la convicción del martirio». No parece que estos cobardes que se esconden entre cristianos y suníes sean precisamente el «Capitán Trueno».

Implicaciones. La expulsión del embajador iraní representa la ruptura diplomática más significativa entre el Líbano y Teherán desde la fundación de Hizbulá en 1982. Combinada con la prohibición gubernamental de las actividades militares de Hizbulá (2 de marzo), la orden de arresto contra operativos del IRGC en el Líbano (5 de marzo), y el apoyo popular masivo al desarme del grupo terrorista, configura una transformación estructural de la política libanesa que desmiente frontalmente la narrativa de quienes presentaban a Hizbulá como un actor con arraigo social profundo e irreductible.

Perspectivas y escenarios. Israel ha anunciado, por boca del ministro de Defensa Israel Katz, su intención de ocupar el sur del Líbano hasta el río Litani para crear una zona de seguridad definitiva. Francia ha instado a Israel a abstenerse de operaciones terrestres, con una hipocresía notable: París no levantó un dedo durante años para hacer cumplir la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni para impedir que Hizbulá convirtiera el sur del Líbano en un arsenal. El presidente Aoun ha propuesto conversaciones directas con Israel —una oferta que Washington ha acogido favorablemente—. Si la dinámica actual se consolida, el Líbano podría experimentar su primera oportunidad real de emancipación de la tutela iraní desde los Acuerdos de Taif de 1989.

5. Despliegue de la 82.ª División Aerotransportada y escenario de toma de la isla de Jarg

Hechos. El Pentágono ha ordenado el despliegue de aproximadamente 3000 paracaidistas de la 82.ª División Aerotransportada (82nd Airborne Division) —con base en Fort Bragg, Carolina del Norte— hacia Oriente Próximo, según confirmaron The Washington Post, The Wall Street Journal, Bloomberg, Axios y Stars and Stripes. El general de división Brandon Tegtmeier y su estado mayor de mando ya han recibido la orden de desplegar para establecer un puesto de mando avanzado (forward command) que permita la ejecución inmediata de operaciones de combate si así se ordena. Este contingente se suma a los más de 50.000 efectivos estadounidenses ya desplegados en la región en el marco de la Operación Epic Fury, y se une a la fuerza expedicionaria de dos Unidades Expedicionarias de Marines (Marine Expeditionary Units, MEU) —aproximadamente 5.000 marines— que ya navegan hacia el Golfo Pérsico.

Según The New York Times y Axios, uno de los posibles objetivos de estas fuerzas es la toma de la isla de Jarg (Kharg Island), un islote de apenas ocho kilómetros de largo situado a veinticinco kilómetros de la costa iraní que alberga las terminales por las que transita el 90% de las exportaciones de petróleo del régimen. Trump ha descrito Jarg como la «joya de la corona» de Irán. El almirante retirado James Stavridis, excomandante supremo aliado de la OTAN (SACEUR), ha analizado en Bloomberg las opciones operativas: los marines realizarían el asalto anfibio-aéreo inicial mediante helicópteros y aeronaves de rotor basculante MV-22 Osprey; los ingenieros de combate del Cuerpo de Marines repararían la pista de aterrizaje —dañada por los bombardeos previos—; y la 82.ª Aerotransportada reforzaría la posición una vez asegurada la cabeza de playa.

Implicaciones. La toma de la isla de Jarg sería la operación más arriesgada y de mayor calado estratégico de toda la Operación Epic Fury. Desde el punto de vista militar, la proximidad de la isla a la costa iraní la expone a un contraataque masivo con misiles, drones y embarcaciones cargadas de explosivos. Desde el punto de vista económico, la ocupación del nudo central de las exportaciones petroleras iraníes tendría un efecto inmediato y devastador sobre los ingresos del régimen, pero también provocaría una subida instantánea de los precios del crudo a escala global —con consecuencias directas para los consumidores estadounidenses y europeos—. El senador Lindsey Graham se ha mostrado favorable a la operación; los aliados del Golfo, que han restringido el uso de sus bases aéreas para los ataques contra Irán por temor a represalias, contemplan el escenario con comprensible nerviosismo.

Perspectivas y escenarios. El despliegue de la 82.ª Aerotransportada no significa necesariamente que la operación sobre Jarg sea inminente; su función principal es disponer de una capacidad de respuesta inmediata que otorgue a Washington una palanca de presión adicional en las negociaciones. Si las conversaciones de Islamabad fracasan, la amenaza de ocupar la isla se convierte en una baza de escalada controlada (controlled escalation). Si avanzan, el despliegue puede reabsorberse como demostración de fuerza disuasoria. En cualquier caso, la decisión de enviar tropas terrestres a un teatro de operaciones contra Irán marca un punto de inflexión en un conflicto que la Administración Trump ha intentado mantener en el ámbito aéreo y naval.

6. Los EAU denuncian el “terrorismo económico internacional” iraní

Hechos. Sultan Ahmed Al Jaber, consejero delegado de la Abu Dhabi National Oil Company (ADNOC) y ministro de Industria y Tecnología Avanzada de los EAU, pronunció una intervención contundente en la conferencia CERAWeek de S&P Global en Houston: «Permítanme ser absolutamente claro: convertir en un arma el estrecho de Ormuz no es un acto de agresión contra una sola nación. Es terrorismo económico contra todas las naciones, y a ningún país se le debe permitir tomar como rehén a Ormuz, ni ahora ni nunca». La declaración se produce en un contexto de ataques iraníes sostenidos contra los EAU —357 misiles balísticos, 1.806 drones y 15 misiles de crucero lanzados contra territorio emiratí desde el 28 de febrero, según el Ministerio de Defensa de los EAU, que han causado 8 muertos y 157 heridos—.

El presidente de los EAU, Mohamed bin Zayed Al Nahyan (MBZ), advirtió en una rara aparición pública que «los EAU tienen piel gruesa y carne amarga; no somos presa fácil» y que sus «enemigos no deben dejarse engañar por la apariencia de los EAU». El ministro de Asuntos Exteriores, Abdalá bin Zayed Al Nahyan, calificó los ataques iraníes de «ataques terroristas» y afirmó que los EAU «no serán chantajeados por terroristas». El consejero presidencial Anwar Gargash subrayó que la guerra debe terminar con una solución de seguridad a largo plazo para el Golfo Pérsico y desaconsejó un alto el fuego que no lo logre. MBZ mantuvo además una conversación telefónica con el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, quien condenó los ataques iraníes como violaciones de la soberanía, del Derecho internacional y de la Carta de las Naciones Unidas.

Implicaciones. La utilización del concepto de «terrorismo económico internacional» por parte de los EAU tiene un calado jurídico y político de primer orden. No se trata de una fórmula retórica, sino de una calificación que busca situar las acciones iraníes en el ámbito del Derecho internacional como actos de agresión sistemática contra la economía global, equiparables en gravedad a un ataque armado convencional. La Resolución 2817 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, copatrocinada por 136 Estados miembros, exige a Irán el cese inmediato e incondicional de los ataques contra los Estados del Golfo y Jordania y establece la plena responsabilidad iraní por los daños causados.

Perspectivas y escenarios. Los EAU y Arabia Saudí —que también expulsó al agregado militar iraní y a cuatro diplomáticos la semana pasada— están convergiendo hacia una posición de máxima firmeza que podría traducirse en una cooperación militar más estrecha con Estados Unidos e Israel. El descubrimiento de células terroristas de Hizbulá en Kuwait y en los propios EAU ha reforzado la convicción de que la red de proxies iraní constituye una amenaza existencial para la seguridad de los Estados del Golfo. Si Irán persiste en sus ataques contra infraestructuras civiles y energéticas de alto valor geoeconómico, la presión para una respuesta militar coordinada de los Estados del Golfo —más allá de la mera defensa antimisil— se intensificará exponencialmente.

III. RACK DE MEDIOS

Bloomberg: Confirma el plan de quince puntos y la urgencia de la Administración Trump por encontrar una salida negociada al conflicto con Irán.

The New York Times: Reveló la existencia del plan transmitido a través de Pakistán y la posible utilización de la 82.ª Aerotransportada para la toma de la isla de Jarg.

The Washington Post: Confirma la orden de despliegue de los paracaidistas y analiza las implicaciones operativas.

Reuters: Proporcionó la primera confirmación independiente del plan de quince puntos y del papel mediador de Pakistán.

Axios: Detalló los dos posibles formatos de negociación en Islamabad y el escepticismo israelí ante las supuestas concesiones iraníes. Analizó en profundidad el papel de la 82.ª Aerotransportada.

CNBC: Recogió ampliamente las declaraciones de Trump y la intervención de Al Jaber en CERAWeek sobre el «terrorismo económico».

The Guardian: Primera fuente en informar de que Irán exige que Vance —y no Witkoff o Kushner— sea el interlocutor estadounidense.

The Jerusalem Post / Times of Israel: Cobertura exhaustiva de la expulsión del embajador iraní en el Líbano y de la reacción israelí.

Al Arabiya: Difundió la información de Yedioth Ahronoth sobre la comunicación secreta de Araqchí a Witkoff con el consentimiento de Moytabá Jamenei.

Al Jazeera: Cobertura detallada de las propuestas de mediación paquistaní y del perfil de Ghalibaf.

Al-Monitor: Análisis en profundidad de la expulsión del embajador iraní en Beirut y sus ramificaciones regionales.

France 24: Seguimiento equilibrado de la propuesta de quince puntos y de la apertura del estrecho de Ormuz a «buques no hostiles».

Critical Threats (AEI): Análisis de referencia sobre el círculo interno de Moytabá Jamenei y la estructura de poder del IRGC.

Yedioth Ahronoth: Fuente original de la revelación sobre la comunicación secreta Araqchí-Witkoff.

Stars and Stripes / Military Times: Información operativa sobre el despliegue de la 82.ª Aerotransportada y las opciones sobre la isla de Jarg.

MOFA EAU (fuente oficial): Comunicados sobre las conversaciones de Abdalá bin Zayed con múltiples cancilleres —incluido el español José Manuel Albares— y la condena de los ataques iraníes.

The Daily Beast: Análisis del ultimátum iraní sobre Vance como único interlocutor aceptable.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴 Escalada militar en el Golfo Pérsico (despliegue terrestre / isla de Jarg): RIESGO CRÍTICO. La orden de despliegue de la 82.ª Aerotransportada eleva la posibilidad de una operación terrestre a niveles sin precedentes.

🔴 Ataques iraníes contra infraestructuras energéticas del Golfo (EAU, Arabia Saudí, Qatar): RIESGO CRÍTICO. 357 misiles balísticos y 1.806 drones contra los EAU en menos de un mes.

🔴 Bloqueo/disrupción del estrecho de Ormuz: RIESGO CRÍTICO. Pese a la apertura parcial a «buques no hostiles», la ambigüedad de la definición mantiene la amenaza.

🟠 Fracaso de las negociaciones de Islamabad: RIESGO ALTO. La desconfianza iraní y las divisiones internas del régimen pueden hacer descarrilar las conversaciones antes de que comiencen.

🟠 Escalada en el frente libanés (ocupación israelí del sur del Líbano): RIESGO ALTO. Israel ha anunciado su intención de avanzar hasta el Litani.

🟠 Fragmentación del régimen iraní / lucha interna violenta: RIESGO ALTO. La paradoja del descabezamiento sigue generando inestabilidad.

🟡 Impacto sobre los precios del petróleo y la economía global: RIESGO MEDIO-ALTO. La volatilidad de los mercados energéticos sigue siendo extrema.

🟡 Desalineamiento entre Estados Unidos e Israel sobre los términos de un posible acuerdo con Irán: RIESGO MEDIO. Netanyahu mantiene un escepticismo activo.

🟢 Solidez de la coalición libanesa anti-Hizbulá: RIESGO BAJO. La tendencia de la opinión pública libanesa y de las instituciones del Estado es inequívocamente favorable al desarme.

V. COMENTARIO EDITORIAL

La jornada del 25 de marzo de 2026 ilustra, con una nitidez que debería avergonzar a más de un autoproclamado experto, la diferencia abismal entre el análisis geopolítico riguroso y la tertulia de salón. Quienes negaron la existencia del plan de quince puntos —citando, con una mezcla de ignorancia y arrogancia, sus «fuentes» anónimas— han quedado desautorizados por Bloomberg, The New York Times, Reuters, Axios y media docena más de medios de referencia mundial. Quienes vaticinaron que los libaneses se solidarizarían con Hizbulá ante los bombardeos israelíes han asistido, sin inmutarse aparentemente, a la expulsión del embajador iraní por un gobierno libanés compuesto por un primer ministro suní y un presidente cristiano maronita, con el respaldo del 73% de la ciudadanía. Menudos linces del análisis.

La realidad —esa vieja y obstinada amiga— se impone: Hizbulá no es el pueblo libanés, sino su carcelero. Los miembros de la organización terrorista que se esconden en barrios cristianos y suníes para eludir la acción israelí no son mártires —como algún ilustre comentarista ha querido presentarlos—, sino cobardes que utilizan a la población civil como escudo humano, exactamente como ha hecho Hamás en Gaza. La «convicción del martirio» se desvanece con notable rapidez cuando el martirio es una posibilidad real y no una abstracción retórica.

El plan de quince puntos de Washington es, como toda posición de apertura negociadora, maximalista por diseño. Pero su mera existencia y transmisión formal desmienten la narrativa —cultivada con esmero por la propaganda iraní y amplificada con entusiasmo por ciertos sectores de los medios occidentales— de que Trump «improvisa» sin plan. Podrá discutirse la viabilidad de cada punto, la secuencia de las concesiones, la credibilidad de las garantías, pero no puede negarse que existe un marco negociador articulado y que ha sido comunicado formalmente a Teherán.

La elección de JD Vance como posible interlocutor principal es un movimiento de una inteligencia política considerable. Vance encarna la corriente del Partido Republicano que considera que la presencia militar estadounidense en Oriente Próximo debe tener un objetivo definido, un calendario de ejecución y una estrategia de salida. Su presencia en Islamabad enviaría al régimen iraní —y al mundo— el mensaje de que Washington busca una resolución, no un conflicto permanente. Es la señal correcta en el momento correcto.

Dicho esto, sería imprudente sucumbir al optimismo. La oligarquía yihadista de Teherán ha demostrado a lo largo de cuarenta y siete años una capacidad casi sobrenatural para sobrevivir, mutar y resistir. La lucha interna por el poder —con Ghalibaf, los comandantes del IRGC, Moytabá Jamenei en las sombras y Araqchí maniobrand en el terreno diplomático— puede producir cualquier resultado, desde una apertura negociadora genuina hasta un enrocamiento suicida. Y aquí reside el mayor defecto de la estrategia estadounidense e israelí: la ausencia de un plan creíble para «el día después» (the day after). Si el régimen se pliega, ¿quién gobierna? Si hace implosión, ¿quién controla el arsenal? Si se fragmenta, ¿cuántas guerras civiles internas desencadena? Estas preguntas siguen sin respuesta convincente.

Mientras tanto, los Emiratos Árabes Unidos —con una claridad moral y terminológica que Europa debería tomar como ejemplo— han puesto nombre a lo que Irán está haciendo: terrorismo económico internacional. Cuando un régimen bloquea el paso del 20% del petróleo mundial como arma de chantaje, ataca con misiles las terminales energéticas de sus vecinos y lanza drones contra hoteles civiles en Dubái, no estamos ante una «escalada regional» ni ante un «diferendo diplomático», sino ante un acto de terrorismo de Estado a escala planetaria. Que se tomen nota en Bruselas, en Madrid y en las cancillerías que aún se empeñan en hablar del «diálogo con Teherán» como si se tratara de una disputa de vecinos.

Europa, una vez más, está siendo irrelevante. Francia insta a Israel a no enviar tropas al sur del Líbano —el mismo sur del Líbano que París dejó que Hizbulá convirtiera en una base de lanzamiento de misiles durante dos décadas de inacción de la UNIFIL—. Bruselas emite comunicados y «expresa preocupación». España permanece enredada en sus propias crisis internas. Y mientras tanto, son Pakistán, los EAU, Arabia Saudí y Turquía los que mueven las piezas del tablero diplomático. La Europa del siglo XXI ha consumado su irrelevancia estratégica con una pasividad que ya no es ni siquiera elegante.

CLAVES DEL DÍA DE JOSE A. VIZNER

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