INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN

Vivimos uno de esos momentos que la historia recuerda durante décadas: un conflicto de temperatura variable —una «guerra de temperatura variable» (variable-temperature war), según vengo describiendo en estas páginas— que amenaza con transformarse en un incendio de proporciones sistémicas si los actores implicados no encuentran, con la urgencia que la situación exige, un interlocutor creíble y con autoridad suficiente en el bando iraní. El 16 de abril de 2026 llega cargado de señales contradictorias: el presidente Trump declara que la guerra con Irán está «muy cerca de terminar»; el mariscal de campo paquistaní Asim Munir —a quien el propio Trump llama «mi mariscal de campo favorito»— aterriza en Teherán con mensajes de Washington en la cartera; la oligarquía yihadista iraní desliza, a través de fuentes próximas a su cancillería, una propuesta para permitir el paso libre de buques por el lado omaní del estrecho de Ormuz; el Tesoro estadounidense amplía su batería de sanciones; Tailandia sangra inversión extranjera; y la organización terrorista Hizbollah amenaza públicamente al Estado libanés soberano con represalias por atreverse a negociar con Israel. Cinco noticias, un mismo denominador: el mundo se juega, en cuestión de días, la diferencia entre una «fractura sistémica contenida» y una catástrofe geoeconómica sin retorno.

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. EE. UU. mantiene el optimismo sobre un acuerdo con Irán mientras endurece la presión económica

Hechos

El presidente Donald Trump declaró el miércoles en una entrevista emitida por Fox Business, conducida por Maria Bartiromo, que la guerra con Irán está «muy cerca de terminar» (very close to over). La Casa Blanca confirmó ese mismo día que se siente «bien con las perspectivas de un acuerdo» (good about prospects of a deal), señalando Islamabad como probable sede de una segunda ronda de conversaciones presenciales. Al mismo tiempo, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos impuso sanciones a más de dos docenas de individuos, empresas y embarcaciones vinculadas al comercio petrolero iraní, en lo que constituye la presión económica más intensa de la campaña de máxima coerción (maximum pressure campaign) desplegada desde el inicio de la Operación Epic Fury el 28 de febrero. El bloqueo naval estadounidense —anunciado días antes— ha paralizado, según el Mando Central de los Estados Unidos (US Central Command / CENTCOM), el comercio marítimo económico de Irán. Washington aclaró que no existen, por el momento, nuevas condiciones acordadas para una extensión del alto el fuego en vigor desde el 8 de abril, ni para un acuerdo de paz duradero.

Implicaciones

La simultaneidad del optimismo retórico de Trump y el endurecimiento de las sanciones no es contradictoria: responde a la lógica de la negociación de máxima presión, que consiste en elevar el coste de la resistencia iraní al mismo tiempo que se deja entreabierta una salida diplomática. El problema estructural que este analista estima de mayor relevancia es la ausencia de un interlocutor iraní con autoridad plena para comprometerse. La paradoja del descabezamiento —que vengo subrayando desde el inicio del conflicto— opera en toda su crudeza: cuanto más golpea la coalición a las cúpulas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica / CGRI), más se fragmenta la cadena de mando del régimen y más difícil resulta que algún superviviente del triunvirato de poder —el general Ahmed Vahidi, Mohamed B. Zolghadr y Rezaei— pueda firmar nada con garantías de cumplimiento. El vicepresidente JD Vance había calificado previamente la oferta norteamericana de «oferta final y mejor», lo que reduce los márgenes de maniobra iraníes pero también los propios.

Perspectivas y escenarios

Si el mariscal Munir logra convencer a Teherán de retornar a la mesa de Islamabad en las próximas cuarenta y ocho horas —plazo que el propio Trump ha insinuado—, existe una ventana real para una tregua ampliada que evite la escalada. No obstante, la Resolución de Poderes de Guerra de 1973 (War Powers Resolution) somete al presidente a un reloj que marca el día 60 del conflicto, pasado el cual debe solicitar autorización al Congreso para proseguir las operaciones militares, lo que introduce una presión doméstica adicional de primer orden. El escenario más probable a corto plazo es un acuerdo parcial y frágil centrado en el Estrecho de Ormuz, sin resolución del contencioso nuclear, que permita a Trump proclamar una victoria de imagen (win image) antes de que el War Powers clock (reloj de poderes de guerra) le complique la posición política.

2. Irán propone paso libre por el lado omaní del estrecho de Ormuz como señal negociadora

Hechos

Reuters reveló en exclusiva el 15 de abril que Irán habría puesto sobre la mesa, como parte de sus propuestas al negociador paquistaní, la posibilidad de permitir el tránsito libre de ataques de embarcaciones por el lado omaní del Estrecho de Ormuz si se alcanza un acuerdo global que ponga fin al conflicto. La propuesta, confirmada por una fuente próxima a Teherán que declinó identificarse, constituiría el primer gesto tangible de la oligarquía yihadista por alejarse de posiciones más beligerantes que incluían el cobro de peajes a los buques —hasta dos millones de dólares por travesía— y la imposición de soberanía efectiva sobre el estrecho. El Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica había publicado previamente un mapa que redirigía el tráfico hacia aguas más próximas a la costa iraní, alegando la presencia de minas. Cientos de petroleros y otras embarcaciones, así como unos 20.000 marineros, permanecen bloqueados dentro del Golfo desde el inicio de las hostilidades. La propuesta iraní está condicionada, de forma explícita, a que Washington satisfaga las demandas de Teherán, todavía sin concretar públicamente en su totalidad.

Implicaciones

Que Irán ofrezca liberar el paso por aguas omaníes —y no por las propias— no es una concesión menor en términos de soberanía percibida: Teherán sabe que Omán ya rechazó la idea de cobrar peajes conjuntos, y que cualquier solución que implique aguas exteriores a su jurisdicción directa le resulta políticamente más digerible ante una opinión interna que ha vivido durante semanas el discurso de la invulnerabilidad nacional. El Estrecho de Ormuz canaliza aproximadamente el veinte por ciento del petróleo y del gas natural licuado (GNL / liquefied natural gas o LNG) que fluye por mar en el mundo. La mayor interrupción de suministro energético de la historia de los mercados globales —así la califica la Agencia Internacional de la Energía (AIE / International Energy Agency o IEA)— no puede sostenerse sin consecuencias que ya se están manifestando en Asia, Europa y América Latina. La propuesta iraní es un globo sonda (trial balloon): mide la disposición real de Washington a negociar y, al mismo tiempo, ofrece a Teherán una narrativa de resistencia «honrosa» para consumo interno.

Perspectivas y escenarios

Si Washington acepta explorar la propuesta, el precio del petróleo Brent —que el lunes había superado los cien dólares por barril y el miércoles había retrocedido a los noventa y cinco— podría estabilizarse en torno a los noventa dólares, lo que aliviaría la presión inflacionaria global. El nudo gordiano sigue siendo la cuestión nuclear: Irán exige preservar su derecho al programa civil de enriquecimiento; Estados Unidos insiste en una restricción significativa. El portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores iraní, Esmail Baqaei, admitió el miércoles que no se ha llegado a ninguna conclusión definitiva sobre ninguno de los asuntos tratados, incluida la liberación de los seis mil millones de dólares de activos iraníes congelados en Qatar. Este analista estima que la propuesta sobre Ormuz es real pero insuficiente: es un paso en la dirección correcta que, sin embargo, no resuelve la ecuación de fondo.

3. El rebote económico chino se enfrenta a aguas turbulentas: la guerra de Irán oscurece las perspectivas de 2026

Hechos

Reuters publicó el 16 de abril un análisis de alcance —respaldado por una encuesta a cincuenta economistas— que documenta cómo China, la segunda economía del mundo, se encuentra ante una paradoja geoeconómica de primer orden: el Producto Interior Bruto (PIB) chino habría crecido un 4,8% en el primer trimestre de 2026 en términos interanuales, acelerando desde el mínimo de tres años del 4,5% registrado en el cuarto trimestre de 2025, gracias a las sólidas exportaciones y a los estímulos de política económica desplegados por Pekín. Sin embargo, el mismo análisis anticipa que ese impulso se irá agotando: el crecimiento caería al 4,7% en el segundo trimestre y la expansión anual quedaría en el 4,6%, por debajo del 5,0% de 2025, aunque todavía dentro del objetivo oficial del Partido Comunista del 4,5%–5,0%. Los precios industriales a pie de fábrica subieron en marzo por primera vez en más de tres años —primera señal de que las presiones de costes energéticos derivadas de la guerra están penetrando en el tejido productivo chino—, y el crecimiento de las exportaciones se habría enfriado en el mismo mes. Los datos oficiales del PIB del primer trimestre se publicarán el jueves 17 de abril.

Implicaciones

China es el mayor importador de energía del mundo y una economía cuya locomotora principal son las exportaciones —que representan un porcentaje sustancial del PIB—, lo que la sitúa en una posición de vulnerabilidad estructural ante un choque de oferta energético sostenido como el que genera el bloqueo del Estrecho de Ormuz. Dicho esto, Pekín parte de una posición considerablemente más sólida que la mayoría de los importadores netos de petróleo: dispone de reservas estratégicas significativas, de una cesta energética más diversificada que la de sus vecinos del Sudeste Asiático y de una capacidad de control de precios internos —mediante subsidios y regulación directa— que ninguna economía de mercado occidental puede replicar. Los analistas de Morgan Stanley señalan en nota reciente que el impacto sobre China se transmitirá principalmente a través de un choque de términos de intercambio (terms of trade shock) y de una compresión de márgenes empresariales —ya de por sí extraordinariamente delgados— en el sector manufacturero. La reunión del Politburó a finales de abril —máximo órgano de decisión económica del Partido Comunista— analizará el cuadro macroeconómico: los analistas de Société Générale estiman que un buen dato del primer trimestre dará margen a los dirigentes para no lanzar un gran paquete de estímulo adicional, confiando en que la actual política acomodaticia del banco central sea suficiente. Ese cálculo puede resultar demasiado optimista si el conflicto iraní se prolonga.

Perspectivas y escenarios

El impacto de la guerra sobre China tiene una dimensión geopolítica que va más allá de los datos del PIB: Pekín compra el ochenta por ciento del petróleo iraní y paga en yuanes —una estrategia deliberada para erosionar el dominio del dólar en los mercados energéticos y eludir las sanciones norteamericanas—. La posición china en este conflicto es, por tanto, la de un actor que tiene mucho que perder con la inestabilidad prolongada pero que también tiene incentivos para no facilitar demasiado rápido una solución que refuerce la hegemonía norteamericana en la región. El Politburó de finales de abril será un termómetro crucial: si Pekín decide lanzar estímulos adicionales pese al rebote del primer trimestre, será una señal de que el Partido percibe la situación como más grave de lo que reconoce públicamente. En el escenario más probable —conflicto que se extiende a mayo sin resolución plena—, este analista estima que el crecimiento chino de pleno año se situará en el límite inferior de la horquilla oficial, lo que añadirá presión deflacionaria sobre los mercados globales de manufacturas justo cuando Europa y América del Norte luchan contra la inflación energética. Una vez más, la «fractura sistémica contenida» actúa como multiplicador de vulnerabilidades cruzadas.

4. Trump cree que la guerra “está cerca de terminar” mientras Munir llega a Teherán como mediador

Hechos

El mariscal de campo Syed Asim Munir, Jefe del Ejército de Pakistán (Chief of Army Staff), aterrizó el miércoles en Teherán al frente de una delegación de alto nivel, siendo recibido por el ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Araghchi. El Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Pakistaníes indicó que Munir viajaba «como parte de los esfuerzos de mediación en curso». Araghchi publicó un comunicado señalando que Irán «sigue comprometido con la promoción de la paz y la estabilidad en la región» y expresó su apreciación por el papel mediador de Islamabad. El secretario general de la ONU, António Guterres, declaró el martes que era «altamente probable que estas conversaciones se reinicien» tras hablar con el viceprimer ministro paquistaní Ishaq Dar. Paralelamente, el Tesoro de los EE.UU. anunció sanciones contra más de dos docenas de personas, compañías y embarcaciones vinculadas al comercio de petróleo iraní. La agencia de noticias estatal iraní Tasnim informó que las conversaciones del jueves en Teherán abordarán los mensajes intercambiados entre Irán y EE.UU. desde que las negociaciones en Pakistán se rompieran el domingo anterior.

Implicaciones

El papel de Pakistán en esta crisis geopolítica de primer orden es de una importancia que ningún analista debería subestimar. Islamabad se ha convertido en el único canal de comunicación indirecto entre Washington y Teherán que ambas partes aceptan —por distintas razones— como legítimo y discreto. Pakistan posee, simultáneamente, relaciones históricas y profundas con el régimen iraní y una relación estratégica con la Administración Trump de un valor que quedó patente cuando el propio presidente lo designó el «mariscal de campo favorito». Sin embargo, este analista estima que la ventana de oportunidad es estrecha y frágil: las posiciones de partida siguen siendo muy alejadas. EE.UU. exige un acuerdo nuclear restrictivo y no acepta la soberanía iraní sobre Ormuz; Irán reclama el levantamiento de todas las sanciones, la retirada de fuerzas enemigas y compensaciones por los daños de guerra. El portavoz iraní Baqaei resumió con brutales claridad la posición de Teherán al comparar la devolución de activos congelados con la devolución de un objeto robado: no es una concesión, es una obligación.

Perspectivas y escenarios

Si Munir regresa de Teherán con una señal positiva y las partes aceptan retornar a Islamabad —como Trump insinuó al New York Post que era «más probable»— existirá una oportunidad real de extender y consolidar el alto el fuego vigente. La presión del War Powers Resolution sobre la Casa Blanca añade un factor de urgencia que en política interior norteamericana tiene enorme peso. No obstante, la paradoja del descabezamiento sigue siendo el obstáculo más difícil de superar: incluso si Pezeshkian quisiera comprometerse, los verdaderos titulares del poder —el triunvirato ultraconservador de Vahidi, Zolghadr y Rezaei— no han dado señales inequívocas de estar dispuestos a aceptar las condiciones norteamericanas en materia nuclear. El escenario de mayor riesgo sería una ruptura de las conversaciones que dejara el conflicto en un estado de «ni guerra ni paz» indefinido, lo que perpetuaría el bloqueo de Ormuz y condenaría a decenas de economías vulnerables a una crisis energética sostenida.

5. Hizbollah amenaza al Líbano soberano: Naim Qassem rechaza las negociaciones históricas con Israel

Hechos

El líder de la organización terrorista Hizbollah, Naim Qassem, pronunció un discurso televisado el lunes 13 de abril en el que instó al gobierno del Líbano a cancelar la reunión diplomática directa con Israel prevista para el día siguiente en Washington. Las delegaciones del Líbano e Israel ante los Estados Unidos se reunieron el martes 14 de abril en el Departamento de Estado —las primeras conversaciones directas bilaterales desde 1993—, en un encuentro mediado por el secretario de Estado Marco Rubio. Qassem calificó las negociaciones de «inútiles» (futile) y de «concesión gratuita» (free concession) a Israel y a EE.UU., y llamó a adoptar «una postura histórica y heroica» rechazando el encuentro. Wafiq Safa, alto miembro del consejo político de Hizbollah, declaró que la organización terrorista no se sentirá vinculada por ningún acuerdo que pueda derivarse de estas conversaciones. El ministro de Asuntos Exteriores estadounidense, Marco Rubio, describió las conversaciones como orientadas a «poner fin permanente a veinte o treinta años de influencia de Hizbollah en esta parte del mundo». Israel exige el desarme de Hizbollah como condición previa; el Líbano reclama un alto el fuego inmediato. Más de 2.100 personas han muerto en el Líbano desde el inicio del conflicto, según las autoridades sanitarias libanesas.

Implicaciones

Lo que hizo Naim Qassem el 13 de abril no fue simplemente rechazar una negociación: fue amenazar a un Estado soberano —al Líbano— con represalias por ejercer su derecho legítimo a buscar una salida diplomática a una guerra que devasta su territorio. Esta conducta es, lisa y llanamente, la de una organización mafiosa que ha secuestrado durante décadas la soberanía libanesa y que hoy se niega a aceptar que el Estado libanés recupere las riendas de su destino. El hecho de que Hizbollah, brazo armado terrorista de la oligarquía yihadista de Teherán, amenace al presidente y al primer ministro del Líbano —Joseph Aoun y Nawaf Salam, respectivamente— por atreverse a sentarse con el embajador israelí, debería ser objeto de la más enérgica condena de la comunidad internacional. El Líbano tiene todo el derecho —y la obligación moral para con su pueblo— de negociar el fin de un conflicto que no eligió y que le está costando vidas, hogares e infraestructuras. Hizbollah, que según su propio portavoz Safa reactivó el lanzamiento de cohetes en marzo porque creía que «Israel preparaba una segunda batalla», ha demostrado una vez más que su lógica es la del perpetuo enfrentamiento al servicio de Teherán, no la del interés nacional libanés.

Perspectivas y escenarios

La reunión del martes en Washington —la primera de estas características desde 1993— representa un hito histórico de enorme significación, aunque sus resultados inmediatos sean necesariamente modestos. El comunicado del Departamento de Estado señaló que Israel expresó apoyo a la desarticulación de los grupos armados y sus infraestructuras en el Líbano, y que Beirut reclama un alto el fuego inmediato y medidas para atenuar la crisis humanitaria. La siguiente ronda de conversaciones se celebrará en pocas semanas en Washington. El principal obstáculo no es la negativa de Israel a dialogar —está dialogando— sino la coacción que Hizbollah ejerce sobre el Estado libanés, amenazando con represalias a quien intente construir la paz. Este analista estima que si las negociaciones progresan y conducen a un acuerdo de paz entre Líbano e Israel —lo que requeriría el desarme efectivo de Hizbollah o su confinamiento al sur del río Litani—, el efecto estratégico sobre el conjunto del frente iraní sería de primer orden: Hizbollah perdería su función de brazo de guerra avanzado de Teherán en el Mediterráneo oriental. Por eso la organización terrorista amenaza: porque sabe lo que está en juego.

III. RACK DE MEDIOS

Lectura comparada de la cobertura internacional en las últimas 24 horas:

MEDIO

POSICIÓN

ENFOQUE EDITORIAL

Reuters

Informativo / Verificador

Fuente primaria de las exclusivas sobre Ormuz y el optimismo de la Casa Blanca. Cobertura factual sin sesgo aparente; separación clara entre hechos y valoraciones.

CNN

Crítico / Analítico

Cobertura amplia del papel mediador de Munir; destaca el optimismo de la Casa Blanca pero apunta las profundas divergencias subsistentes sobre el dossier nuclear.

CBS News

Neutro / Institucional

Énfasis en el marco legal de la War Powers Resolution y la presión doméstica sobre Trump; cita a John Bolton criticando la falta de objetivos claros de la operación.

Time

Analítico / Contextual

Aborda el conflicto en clave de política interna norteamericana; señala la proximidad del techo legal de 60 días y las tensiones sobre el dossier nuclear.

Al Jazeera

Crítico con Israel / Pro-Hizbollah

Cobertura de las conversaciones Líbano-Israel subrayando las posiciones de Hizbollah; presenta a la organización terrorista como «grupo militante» sin usar el término correcto de terroristas.

Times of Israel

Pro-negociación / Anti-Hizbollah

Cobertura detallada de los discursos de Qassem y las amenazas de Safa; documenta la contradicción entre las posiciones del Estado libanés y las de Hizbollah.

Euronews

Neutro / Europeo

Énfasis en el rechazo de Hizbollah a cualquier acuerdo y en las implicaciones para la estabilidad del Líbano; poco énfasis en las consecuencias energéticas para Europa.

NPR / Radio Pública EE.UU.

Humanitario / Progresista

Destaca el balance de víctimas libanesas (2.100 muertos) y las destrucciones de viviendas (40.000 hogares); posición editorial que tiende a equiparar responsabilidades entre Israel y Hizbollah.

Reuters / Morgan Stanley / Soc. Générale

Técnico / Geoeconómico

Encuesta a 50 economistas sobre el PIB chino del primer trimestre; datos de precios industriales, exportaciones y escenarios de desaceleración anual. Morgan Stanley señala el choque de términos de intercambio como principal vector de transmisión.

Al Monitor

Especialista / Medio Oriente

Cobertura de la propuesta iraní sobre Ormuz; cita la fuente de Reuters y aporta contexto histórico sobre la soberanía del estrecho y los precedentes de peajes.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

RIESGO / TEATRO

VALORACIÓN

🔴

Ruptura diplomática EE.UU.–Irán

CRÍTICO. Si las conversaciones de Islamabad no se reinician en los próximos dos días, el alto el fuego queda en suspenso y el bloqueo de Ormuz se hace permanente. Riesgo de escalada militar severo.

🔴

Amenazas de Hizbollah al Estado libanés

CRÍTICO. La organización terrorista amenaza públicamente a las instituciones soberanas del Líbano. Riesgo real de atentados o ataques contra representantes del Estado si las negociaciones progresan.

🟠

Bloqueo del Estrecho de Ormuz

ALTO. A pesar de la propuesta iraní sobre la ruta omaní, cientos de buques y 20.000 marineros permanecen retenidos. El impacto energético global ya es el mayor de la historia de los mercados.

🟠

Crisis geoeconómica en Asia Sudoriental

ALTO. Tailandia, Vietnam y Filipinas muestran señales de deterioro estructural. Si el conflicto supera abril, la contracción económica regional será inevitable.

🟡

Presión doméstica sobre Trump (War Powers)

MODERADO-ALTO. El reloj constitucional corre: el día 60 del conflicto acerca la obligación de solicitar autorización al Congreso. Esto puede crear incentivos para un acuerdo precipitado y poco sólido.

🟡

Crisis energética en Europa

MODERADO-ALTO. Reservas de gas al 30% de capacidad antes del inicio de la temporada de recarga estival. Si el bloqueo persiste, segundo choque energético europeo en cuatro años.

🟢

Mediación paquistaní

BAJO-MODERADO. La presencia de Munir en Teherán y el optimismo de Washington son señales positivas. Pero la propuesta núclear sigue sin resolverse. Canal diplomático activo; resultados inciertos.

V. COMENTARIO EDITORIAL

El mundo se encuentra, en este 16 de abril de 2026, ante una de esas encrucijadas que la historia contempla con los ojos muy abiertos: una «guerra de temperatura variable» que puede resolverse esta semana o convertirse en la crisis geoeconómica más perturbadora desde la primera crisis del petróleo de 1973, o quizás desde el inicio de la invasión rusa de Ucrania. Los cinco vectores informativos de esta jornada —el optimismo norteamericano, la propuesta iraní sobre Ormuz, la fuga de capitales de Tailandia, la mediación de Munir y las amenazas de Hizbollah— son las cinco caras de un poliedro que resume, con brutal claridad, tanto las posibilidades como los riesgos del momento.

Empecemos por lo que me parece más esperanzador y, al mismo tiempo, más precario: el canal paquistaní. Asim Munir es un actor de primer nivel, dotado de credibilidad en ambas capitales, cuya discreción y pragmatismo han permitido que la comunicación indirecta entre Washington y Teherán no se cortara del todo cuando las conversaciones de Islamabad naufragaron el domingo. Trump, que gusta de los elogios personales tanto como de los resultados rápidos, ha tratado a Munir con una deferencia que en el lenguaje del actual inquilino de la Casa Blanca es un activo político de primer orden. Pero ni los elogios del presidente norteamericano ni los viajes del mariscal paquistaní resuelven el problema de fondo que vengo describiendo en estas páginas desde el inicio de la Operación Epic Fury: la ausencia de un interlocutor iraní con autoridad suficiente para comprometerse en nombre del régimen.

La paradoja del descabezamiento no es un concepto académico: es la descripción de una realidad operacional que determina que cuanto más se golpea a la cúpula de la oligarquía yihadista, más se fragmenta la cadena de mando y más difícil resulta que alguien pueda firmar —y, sobre todo, hacer cumplir— un acuerdo. Ghalibaf, que responde a Vahidi y no a Pezeshkian, es en este momento el interlocutor más realista del que dispone la comunidad internacional para llegar a algún punto de encuentro con el triunvirato ultraconservador que controla efectivamente el poder en Teherán. El reformista Pezeshkian —sistemáticamente bloqueado por ese mismo triunvirato— no puede ofrecer garantías que no tiene capacidad de cumplir. Este es el nudo gordiano de la negociación, y ningún optimismo presidencial, por legítimo que sea, lo resuelve por decreto.

Sobre la propuesta iraní relativa al Estrecho de Ormuz, este analista la valora como un gesto positivo pero absolutamente insuficiente. Permitir el paso de buques por el lado omaní sin garantías nucleares, sin levantamiento del bloqueo total y sin un marco de seguridad regional verificable no es un acuerdo: es un parche. Teherán lo sabe, Washington lo sabe, y los mercados también lo saben, como demuestra que el petróleo Brent haya bajado sólo cinco dólares —de cien a noventa y cinco— ante una señal que debería haber aliviado más la presión. La desconfianza es el activo más sólido de este conflicto, y tiene raíces de décadas.

El caso chino merece una reflexión separada porque trasciende las fronteras de la República Popular. Lo que describe Reuters no es simplemente una desaceleración económica en un país lejano: es la señal de que la guerra de Irán está empezando a morder en la segunda economía del planeta, la que compra el ochenta por ciento del petróleo iraní y la que actúa como locomotora manufacturera del mundo. Que los precios industriales a pie de fábrica (factory-gate prices) hayan subido en China por primera vez en más de tres años es un dato de enorme significación: quiere decir que la presión de costes energéticos está perforando la formidable capacidad de absorción que Pekín tiene gracias a sus reservas estratégicas, sus subsidios y su control de precios. Cuando esa presión llega a China, llega al mundo entero a través de los precios de exportación de sus manufacturas. La reunión del Politburó de finales de abril será el primer gran test político del impacto de la guerra sobre la estrategia económica de Xi Jinping. Si Pekín estimula agresivamente, reconoce implícitamente que el daño es mayor de lo admitido. Si no lo hace, apuesta a que el conflicto se resolverá antes de que el deterioro se vuelva incontrolable. En ambos casos, el mundo entero pagará las consecuencias.

Finalmente, sobre Hizbollah, no me canso de repetirlo porque es importante: la organización terrorista libanesa no representa al pueblo libanés, nunca lo ha representado, y su rechazo a las conversaciones históricas entre Beirut e Israel no es una postura política legítima —es una amenaza mafiosa a un Estado soberano que tiene todo el derecho del mundo a buscar la paz. Que Naim Qassem llame «concesión gratuita» al hecho de que el Líbano se siente por primera vez en treinta y tres años a negociar directamente con su vecino del sur demuestra hasta qué punto Hizbollah actúa como un Estado dentro del Estado, un Estado que no tiene pueblo propio sino amos en Teherán. Marco Rubio, al hablar de «poner fin permanente a veinte o treinta años de influencia de Hizbollah», ha formulado exactamente el objetivo correcto. El problema es que ese objetivo sólo puede alcanzarse si el Estado libanés tiene la determinación —y la protección internacional suficiente— para sostener la presión frente a la coacción terrorista. Ojalá la tenga. Ojalá no quede solo.

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