INFORME DE GEOPOLÍTICA

1. BREVE INTRODUCCIÓN

La jornada del 26 de abril de 2026 y la mañana del 27, quedará marcada por una sucesión de hechos que, en su conjunto, dibujan un cuadro inquietante de la deriva del orden internacional: el atentado contra el presidente Donald Trump en la cena de la Asociación de Corresponsales de la Casa Blanca celebrada en el Hilton de Washington la noche del sábado 25; la cancelación —decidida por el propio Trump— del viaje de sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner a Islamabad para una segunda ronda de negociaciones con Irán; el cierre persistente del Estrecho de Ormuz bajo doble bloqueo —iraní y estadounidense— con un coste creciente para la economía global; la fusión de las formaciones de Naftali Bennett y Yair Lapid bajo la marca «Together» para desafiar a Benjamin Netanyahu en las próximas elecciones israelíes; y, en un plano paralelo pero significativo, las nuevas declaraciones de Trump sobre sus contactos con Vladimir Putin y Volodymyr Zelensky en torno a la guerra de Ucrania.

Vivimos, lo vengo describiendo desde hace meses, una fase de fractura sistémica contenida —tres agotamientos simultáneos en el campo militar, el diplomático y el económico— en la que las guerras de temperatura variable se solapan con una violencia política doméstica que en los Estados Unidos amenaza con convertirse en endémica. 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Atentado contra el presidente Trump en la cena de los corresponsales de la Casa Blanca

Hechos: 

La noche del sábado 25 de abril, un individuo identificado como Cole Tomas Allen, natural de New London (Connecticut), forzó el control magnetométrico principal del hotel Hilton de Washington —sede tradicional de la cena anual de la White House Correspondents' Association y del National Prayer Breakfast— y disparó al menos un proyectil antes de ser reducido por el Servicio Secreto. El presidente Trump, la primera dama Melania Trump, el vicepresidente JD Vance, el director del FBI Kash Patel y el secretario de Salud Robert F. Kennedy Jr. se encontraban en la sala de baile cuando se oyeron los disparos. Un agente fue alcanzado en el chaleco antibalas y se recupera satisfactoriamente. El atacante había redactado un manifiesto en el que se autodenominaba «Friendly Federal Assassin» (asesino federal amistoso) e identificaba como objetivo a miembros del Gobierno; su hermano alertó a la policía de New London apenas unos minutos antes del incidente. Trump, evacuado por el Servicio Secreto, declaró posteriormente que el atentado «no me va a disuadir de ganar la guerra contra Irán» y atribuyó la motivación del agresor a un perfil «anti-cristiano» y de «lobo solitario».

Implicaciones: 

Es el tercer intento de magnicidio contra Donald Trump desde julio de 2024 —Butler (Pensilvania) y West Palm Beach (Florida) preceden al de Washington. Conviene subrayar el dato crudo, sin complejos: contra Joseph Biden no hubo un solo intento documentado de atentado durante su mandato, y contra Kamala Harris ninguno; el desequilibrio es muy evidente. La incitación al odio vertida desde sectores duros de la izquierda mediática —encabezados por la MSNBC, ciertos comentaristas de la prensa mal-llamada progresista y, como recuerdo emblemático, aquel periodista estrella que llegó a decir respecto al asesinato de Charlie Kirk «he had it coming» (lo tenía merecido, le iba a ocurrir tarde o temprano por estar buscándoselo)— configura un caldo de cultivo perverso. El ala radical del Partido Demócrata —los autodenominados Democratic Socialists of America y «The Squad» (la Escuadra), con figuras como Ilhan Omar (la cuasi-yihadista somalí), Rashida Tlaib (con un discurso idéntico al de Hamás), Alexandra Ocasio-Cortez (con su discurso de odio que llega al rico)— y los Bernie Sanders y compañía, han contribuido durante años a deshumanizar al adversario político hasta hacerlo socialmente cancelable y, ahora, físicamente eliminable.

Perspectivas y escenarios: 

El primer escenario, más probable, es la consolidación de la espiral de violencia política en los Estados Unidos durante el ciclo electoral de mitad de mandato de noviembre de 2026: las amenazas contra cargos electos se multiplicarán y el coste de la seguridad —para republicanos y demócratas— aumentará de forma exponencial. El segundo escenario, igualmente plausible, es un endurecimiento ejecutivo de Trump —vía decretos, vía Departamento de Justicia con Pam Bondi, vía nuevos protocolos del Servicio Secreto— sobre los entornos universitarios, mediáticos y digitales que, en lectura del Gobierno, alimentan la incitación. El tercer escenario —y aquí radica la gran incógnita— es que una parte del establishment demócrata se vea forzada por la presión cívica a desautorizar abiertamente a la Squad y al sector más sectario; me temo, sin embargo, que la dinámica de polarización es ya demasiado profunda para que se produzca semejante saneamiento ético del que se beneficiaría toda la república.

2. Trump cancela la misión Witkoff-Kushner a Islamabad: las negociaciones EE. UU.-Irán entran en estado comatoso

Hechos: 

El 25 de abril por la tarde, apenas horas antes del atentado en el Hilton, el presidente Trump anunció en su red Truth Social la cancelación del viaje de su enviado especial Steve Witkoff y de su yerno Jared Kushner a Islamabad, donde estaba previsto que mantuvieran una segunda ronda de conversaciones con Irán a través de la mediación pakistaní. Trump argumentó textualmente: «Demasiado tiempo perdido viajando, demasiado trabajo. Además, hay tremendas luchas internas y confusión dentro de su 'liderazgo'. Nadie sabe quién manda allí, incluidos ellos mismos. Tenemos todas las cartas, ellos no tienen ninguna. Si quieren hablar, que llamen.» El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, salió de Islamabad rumbo a Mascate (Omán) tras reunirse con el primer ministro pakistaní Shehbaz Sharif y con el jefe del ejército, mariscal de campo Asim Munir; regresó a la capital pakistaní el domingo 26, sin contraparte estadounidense. Tiene previsto reunirse con Vladimir Putin en Moscú el martes 28.

Implicaciones: 

La iniciativa diplomática estadounidense queda, de facto, congelada. Trump propone ahora «hablar por teléfono» —tiene línea segura, dice—, lo cual revela el nivel de informalidad y volatilidad en que ha quedado la mediación. La oligarquía yihadista de Teherán, presa de su propia paradoja del descabezamiento —subrayo el concepto—, no es capaz de articular una postura unificada porque el triunvirato del Cuerpo de Guardianes de la Revolución Islámica (CGRI) —general Ahmed Vahidi (comandante en jefe), Mohamed B. Zolghadr (secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, brigadas Al-Quds) y Rezaei (asesor militar interino del Líder Supremo)— bloquea sistemáticamente al ala reformista del presidente Pezeshkian, que sigue siendo, en términos prácticos, una figura ornamental. Ghalibaf, presidente del Parlamento, responde a Vahidi, no a Pezeshkian. Que Araghchi vuele a Moscú en estas condiciones revela hacia dónde se inclina Teherán cuando la puerta de la negociación con Washington la cierra Irán: hacia la alianza por necesidad con Putin.

Perspectivas y escenarios: 

Escenario A —el más probable a corto plazo—: estancamiento prolongado, con conversaciones telefónicas episódicas y bandazos retóricos de Trump, mientras el bloqueo dual del Estrecho de Ormuz continúa sin levantarse y los precios del crudo siguen oscilando en una horquilla incómoda. Escenario B: reanudación del bombardeo táctico estadounidense sobre infraestructuras petrolíferas y eléctricas iraníes —Trump ha amenazado con «volar todas las plantas eléctricas y los puentes»— si Teherán continúa la guerra de minas y los abordajes a buques. Escenario C: Moscú aprovecha la ventana para arrancar concesiones a Teherán a cambio de respaldo diplomático, o utiliza la ocasión para lanzar una mediación paralela que el presidente estadounidense, fiel a su estilo transaccional, podría incluso considerar. Mantengo lo que vengo sosteniendo desde febrero: la operación militar EEUU-Israel contra Irán fue brillante en su ejecución, pero pasmosamente improvisada en su day-after planning (planificación del día después).

3. Estrecho de Ormuz: bloqueo dual, minas marinas y estasis

Hechos: 

Tal como recoge The Economist en su sección «The World in Brief» —«Stasis in the Strait»—, el comercio marítimo a través del Estrecho de Ormuz sigue funcionalmente paralizado. Solo tres a cinco buques cisterna lo cruzan al día, frente a una media prebélica de unos 129. El CGRI mantiene la captura de buques —los casos del MSC Francesca (panameño) y el Epaminondas (griego) la semana pasada—, mientras la Armada de los Estados Unidos ha redirigido 37 buques hasta la fecha en su bloqueo de los puertos iraníes y sigue ejecutando operaciones de retirada de minas que el Pentágono ha advertido al Congreso podrían prolongarse hasta seis meses. El Brent cotizó esta semana en una horquilla de 95 a 106 USD por barril; el WTI, alrededor de 87 USD. Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), ha calificado la situación como «la mayor amenaza a la seguridad energética de la historia», con 13 millones de barriles diarios desaparecidos del mercado y sin remedio inmediato a la vista.

Implicaciones: 

El Estrecho de Ormuz es, en esencia, una arteria yugular de la economía global: por él transita el 20% del crudo y el 20% del gas natural licuado del mundo. La presión inflacionaria sobre Europa, Asia y los propios Estados Unidos se mantendrá mientras el bloqueo siga vigente. Existe además un efecto de segunda derivada de la mayor gravedad: la crisis del fertilizante y de la urea, cuya producción depende del gas natural del Golfo y cuyo encarecimiento amenaza la siembra de maíz en Estados Unidos y, por extensión, los precios alimentarios mundiales en 2027. Goldman Sachs ha pronosticado un windfall —ingreso extraordinario imprevisto— para Omán y Arabia Saudí, que ven sus ingresos petroleros engrosarse mientras los puertos iraníes permanecen cerrados. Esta dinámica refuerza el peso geopolítico del Consejo de Cooperación del Golfo en cualquier salida negociada. El Canal de Panamá, según fuentes empresariales recogidas por Fortune, se está convirtiendo en una alternativa —pese al coste de cuatro millones de dólares por travesía— frente al riesgo en Ormuz.

Perspectivas y escenarios: 

El escenario más probable a 60-90 días vista es lo que en la jerga de Goldman Sachs se ha denominado «sloppy peace» (paz desordenada): reapertura parcial del Estrecho con escoltas navales, niveles de tráfico bajos, primas de riesgo elevadas y volatilidad permanente. Un escenario más oscuro sería la reactivación cinética generalizada si Irán, presionado por el bloqueo, decide redoblar la campaña de minas y de drones sobre buques cisterna. Un tercer escenario, menos probable pero no descartable, es una escalada hacia infraestructuras energéticas saudíes y emiratíes —recuérdese Abqaiq en 2019—, lo cual obligaría a una respuesta inmediata del Mando Central estadounidense. Mantengo desde marzo que solo una arquitectura diplomática regional con presencia activa de Riad, Abu Dabi, Doha, Mascate, Bagdad e Islamabad, y con respaldo discreto pero firme de Washington, puede generar las condiciones para una desescalada sostenida.

4. Israel: Bennet y Lapid fusionan sus formaciones bajo “Together” para derrotar a Netanyahu

Hechos: 

Los exprimeros ministros Naftali Bennett (54 años, derecha pragmática) y Yair Lapid (62 años, centrista, expresentador de televisión) anunciaron en rueda de prensa conjunta en Herzliya, en la tarde del domingo 26 de abril, la fusión de sus partidos —Bennett 2026 y Yesh Atid (Hay un Futuro)— bajo una sola lista denominada «Together» (Juntos), liderada por Bennett. Los exjefes del Estado Mayor Gadi Eisenkot —al frente del partido Yashar!— ha sido invitado a sumarse a la coalición. Las elecciones generales israelíes deben celebrarse, a más tardar, el último día de octubre de 2026. La encuesta de N12 News del 23 de abril otorga a Bennett 21 escaños en la Knesset (de 120), frente a los 25 del Likud de Netanyahu; la suma de la nueva alianza con factores menores podría rozar los 60 escaños, mientras que la coalición ultraderechista-religiosa actual de Netanyahu apenas alcanzaría los 50.

Implicaciones: Es el movimiento político más relevante en Israel desde el desencadenamiento de la guerra de Irán. Bennett y Lapid ya cooperaron en 2021 para poner fin a doce años de Netanyahu —en una coalición que, sin embargo, sobrevivió apenas dieciocho meses por sus contradicciones internas—. Esta vez la coalición es más estrecha (un solo partido) y la oferta política más coherente: ambos defendieron los ataques contra Irán pero critican a Netanyahu por su incapacidad para traducir las victorias militares en victorias estratégicas; ambos exigen una comisión nacional de investigación sobre los fallos del 7 de octubre de 2023 que Netanyahu sigue bloqueando; y ambos están alineados en la cuestión —que en Israel es ya explosiva— del fin de las exenciones del servicio militar para los ultraortodoxos. Lapid calificó el alto el fuego de dos semanas con Irán como «un desastre político», fórmula que sintetiza la crítica ascendente al primer ministro.

Perspectivas y escenarios: 

El escenario más probable, es una elección reñidísima en la que Bennett tendría posibilidades reales de formar gobierno con Yair Golan, los partidos árabes israelíes moderados y, eventualmente, ¡Yashar! de Eisenkot. Netanyahu, sin embargo, ha demostrado durante quince años una resiliencia política asombrosa y dispone aún del aparato del Likud y del apoyo de los partidos religiosos. 

Un segundo escenario es la fragmentación del bloque opositor por incompatibilidades internas: Bennett es de derechas, Lapid de centro, y la cuestión palestina sigue siendo divisoria —ambos rechazan, eso sí, el Estado palestino—. 

Un tercer escenario, el más inquietante, es una crisis institucional si Netanyahu intenta forzar un calendario electoral favorable o si los problemas judiciales que le acompañan estallan en plena campaña.

5. Memorando del Pentágono y suspensión de España de la OTAN: la fractura transatlántica se hace explícita

Hechos: 

El 24 de abril, Reuters reveló la existencia de un memorando interno del Pentágono que circula entre los altos mandos del Departamento de Defensa estadounidense y que enumera opciones para «castigar» a aquellos aliados de la OTAN que se negaron a otorgar derechos de acceso, basing y overflight (ABO, base y sobrevuelo) durante la guerra contra Irán. La opción más llamativa es la suspensión de España de la Alianza Atlántica; la segunda, la revisión de la posición estadounidense sobre la soberanía británica de las Islas Malvinas (Falkland) frente a la reclamación argentina; la tercera, apartar a los aliados «difíciles» de cargos prestigiosos en la estructura de la OTAN. La portavoz del Pentágono, Kingsley Wilson, declaró que «como ha dicho el presidente Trump, pese a todo lo que Estados Unidos ha hecho por sus aliados de la OTAN, no estuvieron ahí cuando los necesitamos». El presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, replicó desde Chipre: «No trabajamos con correos electrónicos, trabajamos con documentos oficiales y posiciones de los gobiernos». Un funcionario de la OTAN aclaró a TIME que «el Tratado fundacional de la OTAN no contempla disposiciones para la suspensión o expulsión de miembros».

Implicaciones: 

Estamos ante la fractura transatlántica más severa desde el debate sobre la guerra de Irak en 2003. La postura del Gobierno español —que ha denegado el uso de las bases conjuntas y cerrado el espacio aéreo— ronda la irresponsabilidad neutral y resulta, francamente, más hostil con los Estados Unidos que con Teherán. La incoherencia entre el discurso público y la realidad operativa de las bases de Rota y Morón —que siguen siendo, en los hechos, soportes logísticos activos de la operación contra Irán— es un caso paradigmático de hipocresía estratégica que conviene denunciar sin paliativos. Reino Unido también figura en la diana de Washington por la negativa pública del primer ministro Keir Starmer a sumarse a la guerra; replantear la posición estadounidense sobre las Malvinas sería un golpe simbólico de calado y un regalo geopolítico inesperado a Buenos Aires. Lo que vengo describiendo desde hace meses se confirma: una Europa miope, fragmentada y temerosa de tomarse en serio su propia defensa y su propio destino, paga ahora el precio de quince años de irresponsabilidad estratégica.

Perspectivas y escenarios: 

El escenario base es que la suspensión efectiva de España de la OTAN no se materialice —el Tratado fundacional no la contempla—, pero la presión política, comercial y diplomática sobre Madrid se incremente: aranceles selectivos, exclusión de plataformas industriales conjuntas, presión sobre el gasto en defensa que España sigue manteniendo en el 2% del PIB pese al compromiso del 5% asumido por la Alianza en La Haya en 2025. 

Un segundo escenario, más explosivo, es una crisis abierta si Trump decide, con su volatilidad característica, retirar parcialmente fuerzas estadounidenses de Europa. 

Un tercero es la consolidación del «Pilar Europeo» —idea sobre la que insistirá Macron, ya muy debilitado en casa con un 20% de aprobación— y un nuevo impulso a la autonomía estratégica europea, idea que llevamos repitiendo desde hace décadas y que sigue sin pasar del discurso a la realidad operativa. Demando coherencia, no maximalismo, al Gobierno español: si se cree de verdad la postura, retírese de la OTAN; si no, asuma sus obligaciones aliadas.

6. Trump confirma “buenas conversaciones” con Putin y Zelensky: el frente ucraniano vuelve, tímidamente, a la agenda

Hechos: 

En entrevista en el programa «The Sunday Briefing» de Fox News, el presidente Trump declaró el domingo 26 de abril que mantiene «buenas conversaciones» tanto con Vladimir Putin como con Volodymyr Zelensky, sin precisar fechas. «Estamos trabajando en la situación de Rusia, Rusia y Ucrania, y espero que lo logremos», afirmó. Añadió: «el odio entre Putin y Zelensky es ridículo, es una locura; y el odio es algo malo cuando intentas resolver algo, pero pasará». Erdogan ha confirmado a comienzos de abril la disposición turca a acoger una nueva ronda de negociaciones; Zelensky, durante su visita a Bakú el viernes, declaró estar listo para conversaciones trilaterales en territorio azerbaiyano. Trump se atribuyó haber «resuelto ocho guerras» y dijo que la de Ucrania «debería haber sido la más sencilla».

Implicaciones: 

El conflicto en Ucrania se ha convertido en lo que vengo describiendo como una guerra de temperatura variable —de baja resolución, pero alta destrucción, que nadie puede ganar y nadie puede permitirse perder— y ha sido sistemáticamente desplazado de la agenda internacional por la guerra de Irán. Zelensky lo reconoció recientemente, al admitir que el conflicto iraní ha desviado la atención y que existe un riesgo serio de que las gestiones para terminar las hostilidades en Ucrania no se reanuden hasta que termine el conflicto en Irán. La aspiración trumpiana a un acuerdo rápido choca con la doble realidad: ni Putin tiene incentivos para detenerse, el desgaste de Ucrania trabaja a su favor en el largo plazo, aunque a un coste demográfico y militar enorme, ni Zelensky puede ceder territorio sin una garantía de seguridad sólida que únicamente la OTAN podría ofrecer.

Perspectivas y escenarios: 

El escenario más probable es la prolongación del statu quo militar con conversaciones bajo cuerda hasta que se resuelva, en una u otra dirección, el frente iraní. 

Un segundo escenario es un alto el fuego frágil con líneas de contacto congeladas, sin reconocimiento de soberanía rusa sobre los territorios ocupados —solución a la coreana—, lo que requeriría garantías de seguridad robustas y una arquitectura europea de defensa que hoy no existe.

Un tercer escenario, el más oscuro, es la reanudación de ofensivas rusas a gran escala si Putin percibe el desentendimiento estratégico de Washington como una luz verde. Reitero mi posición: contrarios a la agresión rusa, contrarios al uso de la fuerza para adquirir territorios, y solo moderadamente críticos con Trump en este expediente concreto, donde su empeño negociador —pragmático, realista, transaccional— merece, al menos, no ser saboteado a priori desde Europa.

III. RACK DE MEDIOS

El conjunto de la prensa de referencia internacional dedica las mejores cabeceras a las dos crisis encadenadas del fin de semana: el atentado en Washington y el colapso de Islamabad.

Estados Unidos.

The New York Times titula sobre el shooting at Trump dinner y las talks on hold; The Washington Post abre con la cancelación de Witkoff y Kushner («Trump calls off… for Iran peace talks»); el Wall Street Journal subraya la inestabilidad para los mercados; Politico, The Hill y Axios diseccionan el perfil del agresor Cole Tomas Allen y su manifiesto; Fox News amplifica la línea presidencial («lobo solitario, anti-cristiano»); CNN ofrece el live updates más completo sobre Araghchi en Mascate y luego en Moscú; CNBC encadena ambos sucesos en su Daily Open; CBS confirma la línea Sharif-Pezeshkian; The National Interest y Foreign Affairs ponderan, con cabeza fría, las consecuencias estratégicas; USA Today centra su mirada en la dimensión doméstica del atentado.

Reino Unido.

The Times of London y The Telegraph cubren con amplitud el atentado y la confirmación de Buckingham de que la visita del rey Carlos III a Estados Unidos «proseguirá según lo previsto»; The Guardian añade el ángulo del manifiesto y el debate sobre la seguridad del WHCD; el Financial Times domina el rack económico con un editorial sobre el coste energético del bloqueo dual; The Economist publica su «Stasis in the Strait» —pieza clave para entender el momento—; la BBC ofrece la cobertura más equilibrada con voces palestinas, israelíes e iraníes.

Europa continental.

Le Monde y Le Figaro abren con el atentado en Washington; Libération aborda la dimensión de la violencia política en Estados Unidos; La Croix mira hacia el Vaticano y la mediación humanitaria; Le Point y L'Express analizan la crisis franco-americana en clave OTAN; LCI y BFM TV emiten en directo; France Info dedica su matinal del lunes a la cuestión Bennett-Lapid; Frankfurter Allgemeine Zeitung y Die Welt abordan con seriedad el memorando del Pentágono sobre España; Die Zeit ofrece un análisis de fondo sobre la fractura transatlántica; Corriere della Sera amplía con Ormuz; L'Osservatore Romano subraya el llamamiento del Vaticano al diálogo; La Tribune de Genève y Helsingin Sanomat se ocupan del flanco norte; Gazeta Wyborcza pone el acento en Ucrania.

Oriente Medio.

Yedioth Ahronoth, Israel Hayom y The Jerusalem Post dedican las portadas del lunes a la fusión Bennett-Lapid; Haaretz y Maariv añaden el análisis crítico sobre Netanyahu; Al-Jazeera ofrece la mejor cobertura de la diplomacia de Araghchi entre Islamabad, Mascate y Moscú; Al-Arabia y Asharq Al-Awsat reflejan la posición saudí, alineada con la apertura del Estrecho; Al-Hayat y An-Nahar de Beirut ponen el foco en el alto el fuego de Líbano; L'Orient-Le Jour, The Daily Star y Al Quds Al Arabi cubren las repercusiones regionales; Jordan Times, Al Rai, Hürriyet, Arab News, Al Riyadh, Saudi Gazette, Gulf News, Khaleej Times, Gulf Today y Times of Oman desgranan, cada una desde su óptica nacional, la posibilidad de una mediación regional ampliada.

Asia y Pacífico.

The Times of India, Hindustan Times e Indian Express se ocupan del incidente de seguridad en el aeropuerto Indira Gandhi y de la Operación Urja Suraksha de la Marina India en el Golfo de Omán; WION ofrece el análisis más completo en lengua inglesa sobre la posición india; South China Morning Post y China Daily se mueven con cautela ante el bloqueo —China es el primer cliente del crudo iraní—; Yomiuri Shimbun y Tokyo Times reflejan la inquietud nipona por los precios energéticos; The Straits Times, desde Singapur, ofrece el ángulo más útil para los mercados asiáticos; Daily Jang y Pakistan Times celebran, en términos diplomáticos, el papel mediador de Islamabad.

Iberoamérica y mundo en español.

Clarín de Buenos Aires destaca la cuestión de las Malvinas en el memorando del Pentágono; El Mercurio de Chile y Reforma de México informan del incidente de la CIA en Chihuahua y la tensión Sheinbaum-Trump.

Rusia y zona postsoviética.

TASS y Russia Today amplifican el viaje de Araghchi a Moscú y la cita prevista con Putin —para Vesti, una victoria moral de la diplomacia rusa—; Ukrainska Pravda, Ukrinform, Fakty i Kommentarii, The Kyiv Independent y Kyiv Post cubren con escepticismo las declaraciones de Trump sobre Ucrania.

Think tanks y prensa especializada.

Foreign Affairs publica un análisis prudente sobre la diplomacia trumpiana; The Economist Intelligence Unit revisa al alza sus pronósticos de inflación europea; los boletines de RUSI, IISS, CSIS e IFRI abordan, cada uno con su marca de fábrica, la fractura OTAN y el bloqueo de Ormuz; The National Interest y Washington Times ofrecen lecturas conservadoras; The Daily Beast y Newsweek, miradas más liberales; Time y el Nouvel Observateur cierran el espectro semanal; Bloomberg y The Mail & Globe ofrecen cobertura financiera de primer nivel.

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

El cuadro de riesgos refleja la gravedad simultánea de los frentes abiertos. Persisten en zona crítica el bloqueo dual de Ormuz y la asfixia diplomática EEUU-Irán. La violencia política en Estados Unidos y la fractura transatlántica con España y Reino Unido se sitúan en muy elevado. La reordenación política israelí y la tensión EEUU-México por la presencia de la CIA en Chihuahua se mantienen en elevado. Ucrania permanece en elevado por la persistencia del statu quo bélico y el desplazamiento mediático del expediente. Los mercados petroleros, en horquilla amplia, permanecen bajo vigilancia estrecha.

ÁMBITO / SITUACIÓN

NIVEL DE RIESGO

Estrecho de Ormuz / bloqueo dual y minas marinas

ROJO — Crítico

Negociación EEUU-Irán / canal Islamabad colapsado

ROJO — Crítico

Violencia política en EEUU / atentado contra Trump

NARANJA — Muy elevado

Cohesión OTAN / fricción EEUU-España-Reino Unido

NARANJA — Muy elevado

Israel — reordenación política Bennett-Lapid

AMARILLO — Elevado

Soberanía y narcotráfico — fricción EEUU-México (CIA Chihuahua)

AMARILLO — Elevado

Ucrania — desplazamiento de la atención por la guerra de Irán

AMARILLO — Elevado

Mercados petroleros / Brent en horquilla 95-106 USD

VERDE-AMARILLO — Vigilancia

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay que decirlo sin remilgos, con el tono firme que vengo empleando desde febrero en La Razón y El Debate: el atentado contra el presidente Trump en el Hilton de Washington no es un episodio aislado, es la enésima manifestación de una pútrida cultura política que tolera —cuando no abiertamente alienta— la violencia siempre y cuando provenga de la izquierda. Es un perfecto disparate que ni siquiera se denuncie con la energía debida la incitación al odio que vierten medios mainstream como la MSNBC desde la izquierda dura. La parcialidad ideológica con que se trata la violencia política según su origen —indulgente con la zurda, rigurosa con la diestra— recuerda al espantoso comentario sobre Charlie Kirk («he had it coming», lo tenía merecido) que algún periodista estrella se permitió pronunciar en directo y casi sin consecuencias profesionales. Que Trump guste más, menos o nada, lo que está sucediendo en la política y en los medios estadounidenses es sencillamente dramático. La pregunta es retórica pero ineludible: ¿cuántos intentos de atentado tuvo Joseph Biden? ¿Cuántos contra Kamala Harris? Ninguno. Esa es la respuesta, exacta y demoledora.

El ala izquierdista radical del Partido Demócrata —los autodenominados Democratic Socialists of America y la Squad (la Escuadra) con Ilhan Omar la somalí con un discurso cuasi-yihadista, Rashida Tlaib con un mensaje casi calcado al de Hamás, y Alexandria Ocasio-Cortez la inefable AOC con su discurso de odio que llega incluso al rico y al exitoso— ha venido sembrando durante años, con la complicidad pasiva de Bernie Sanders y compañía, una atmósfera de odio cancelatorio y de deshumanización del adversario que ahora cosecha sus consecuencias más amargas. Lo digo con absoluta claridad: esta corriente no representa a la mayoría de los demócratas, pero condiciona y contamina a un partido entero por la cobardía de su establishment para enfrentarse a ella. Bernie Sanders podrá rasgarse las vestiduras tras el atentado; quienes hemos seguido durante años su retórica incendiaria no caemos en la trampa de su sorpresa fingida.

Sobre Irán y Ormuz: lo dije y lo escribí en su momento y lo mantengo. Soy favorable a los ataques aliados contra el régimen oligárquico-yihadista de Teherán —cósmicamente corrupto, sanguinario, exportador de terrorismo a través de sus organizaciones terroristas Hezbollah, los hutíes del Yemen, Hamás y las milicias iraquíes—. Pero soy muy crítico, con la falta absoluta de planificación del día después: ni hay plan para una implosión del régimen, ni para una transición ordenada, ni para un repliegue calibrado. La paradoja del descabezamiento —y aquí subrayo el concepto— se manifiesta hoy con toda su crudeza: el triunvirato del CGRI bloquea cualquier salida negociada porque le va la vida en ello, mientras Pezeshkian queda reducido a la condición de figura ornamental y Araghchi vuela de capital en capital sin mandato real. Trump tiene parte de razón cuando dice que «nadie sabe quién manda allí, incluidos ellos mismos». Pero esa es precisamente la consecuencia previsible de una operación bélica brillante en su ejecución y pasmosamente improvisada en su day-after planning. Y esto, que vengo describiendo desde marzo, lo es más cada semana que pasa.

Sobre el memorando del Pentágono y España: la incoherencia del Gobierno Sánchez con las bases de Rota y Morón —que siguen funcionando como soportes logísticos activos a la operación contra Irán— y el discurso público de neutralidad rayana en la irresponsabilidad configura un caso paradigmático. Es más hostil este Gobierno con los Estados Unidos que con la oligarquía yihadista iraní; lo digo con toda crudeza. Si esa es la posición de fondo, asúmase con todas sus consecuencias y retírese España de la OTAN. Si no es esa, asúmanse las obligaciones aliadas, en particular el compromiso del 5% del PIB en defensa que aceptamos colectivamente en La Haya. La crítica no es maximalismo: es exigencia de coherencia. Y conviene recordar que la fortaleza del vínculo transatlántico es uno de los pocos activos estratégicos serios que aún conserva España, herencia, entre otros, de la transición y del rey Juan Carlos I, arquitecto fundamental de nuestra democracia. Este analista estima que el Gobierno actual está dilapidando alegremente ese capital.

Sobre Israel: la fusión Bennett-Lapid es la mejor noticia política para el Estado judío en mucho tiempo. No porque garantice el desbancamiento de Netanyahu —el primer ministro ha demostrado quince años de resiliencia política sobrenatural— sino porque ofrece, por fin, una alternativa coherente al actual gobierno más derechista de la historia israelí. Bennett y Lapid coinciden en lo esencial —ataques a Irán justificados, fin de las exenciones ultraortodoxas, comisión de investigación sobre el 7 de octubre, gestión más estratégica que tribal de las relaciones con Washington— y discrepan en lo accesorio. 

Sobre la guerra de Ucrania: que Trump retome el expediente, aunque sea por vía telefónica con Putin y Zelensky, es positivo. Pero conviene no engañarse: ni Putin tiene hoy incentivos para detenerse ni Zelensky puede aceptar un mal acuerdo. Lo que vengo llamando guerras de temperatura variable —de baja resolución, pero alta destrucción— se prolongarán hasta que cambien las condiciones materiales. Mientras Europa siga siendo incapaz de sostener militarmente el esfuerzo ucraniano, esa condición no cambiará.

Cierro con una nota sobre la mediocre y miope clase política europea del siglo XXI, contra la que vengo escribiendo con perseverancia: incapaces de tomarse en serio su propia defensa, su propia seguridad y su propio destino, los líderes europeos asisten al espectáculo de un Trump volátil y errático sin capacidad para incidir en la negociación. Macron en el 20% de aprobación; Friedrich Merz en una horquilla del 20-25%; Keir Starmer rondando el 20%. Trump, mid-30%. El cuadro es elocuente. Tocqueville advirtió contra la democracia del individuo desligado. Aron, contra la fascinación intelectual con las ideologías totalitarias. Kennan, contra los excesos del idealismo en política exterior. Kagan, en los últimos años, sobre la jungla que vuelve. Anne Applebaum, sobre la deriva autoritaria global. 

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