- Negocios
- Posts
- INFORME DE GEOPOLÍTICA
INFORME DE GEOPOLÍTICA

I. BREVE INTRODUCCIÓN
El mundo amaneció este martes con dos noticias que, juntas, revelan la magnitud de una guerra que ha transformado por completo la arquitectura de seguridad de Oriente Próximo y sus ondas de choque sobre las alianzas occidentales. Israel confirmó la eliminación de Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní, arquitecto de todas las negociaciones nucleares del régimen y figura que muchos —erróneamente— consideraban el representante de una facción moderada del establishment teocrático-militar de Teherán. Al mismo tiempo, Joe Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista de EE. UU. (National Counterterrorism Center, NCTC), presentó su dimisión denunciando que Irán no representaba una amenaza inminente para los Estados Unidos y que la guerra respondía a presiones israelíes.
Estos dos hechos, en apariencia contradictorios, dibujan un panorama de una complejidad inhabitual incluso para la región más volátil del planeta: una potencia que decapita metódicamente a la cúpula de un régimen mientras uno de sus propios funcionarios de alto rango cuestiona la justificación legal y estratégica de esa misma guerra. A ello se suman las revelaciones de Reuters sobre la presión de Washington sobre Damasco para que actúe contra Hizbulá en el Líbano, y el análisis en exclusiva de la agencia sobre la madurez táctica de la guerra de drones que está reconfigurando el campo de batalla.
II. LAS CUATRO NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS
1. Israel confirma la eliminación de Alí Larijani y del comandante de las fuerzas Basij
Hechos
Israel anunció este martes la eliminación de Alí Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán, y del general Gholam Reza Soleimani, comandante de las fuerzas Basij —la milicia de voluntarios del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI)—. La operación fue confirmada por el ministro de Defensa israelí, Israel Katz, quien indicó que ambos habían sido abatidos en los ataques aéreos de la pasada noche. Horas después, el Consejo Supremo de Seguridad Nacional iraní confirmó la muerte de Larijani a través de la agencia semioficial Tasnim, precisando que su hijo Morteza y varios escoltas también perdieron la vida. El primer ministro israelí Benjamín Netanyahu declaró que el objetivo de las eliminaciones es dar al pueblo iraní la oportunidad de derrocar a su régimen.
Larijani era el colaborador más directo del eliminado Líder Supremo Alí Jamenei, muerto en el primer día de la guerra el 28 de febrero, y había asumido de facto la conducción estratégica del régimen. Era también el arquitecto de todas las negociaciones nucleares con Occidente. Fue confirmado como hombre clave en las operaciones regionales de Irán, con vínculos estrechos tanto con la rama llamada moderada del establishment como con el CGRI. Su desaparición representa la segunda decapitación de máximo rango en el seno del régimen en menos de tres semanas.
Implicaciones
La eliminación de Alí Larijani tiene implicaciones de alcance estratégico e histórico que los grandes medios occidentales están subestimando con alarmante superficialidad, o directamente distorsionando. Es preciso ser categórico y contundente: Alí Larijani no era un moderado ni un pragmatista. Era el más hábil y peligroso de los operadores de la oligarquía yihadista iraní. Su supuesto moderantismo —reiteradamente invocado por analistas de Washington, Londres y Bruselas a lo largo de dos décadas— era precisamente el instrumento más eficaz del régimen revolucionario: un rostro presentable para una estrategia implacable de engaño sistemático.
Larijani fue el inventor y el arquitecto intelectual de lo que este informe ha calificado en numerosas ocasiones como la táctica de la dilación ad nauseam: el arte de marear la perdiz en las negociaciones nucleares. Desde su etapa como secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, desarrolló un modelo de negociación diseñado no para alcanzar acuerdos sino para impedirlos mientras Irán continuaba enriqueciendo uranio con sus centrifugadoras de gas de manera ininterrumpida. Negociaba lentamente, cedía lo justo, generaba la ilusión de avance para luego retroceder de manera metódica. Cada ronda de negociaciones con la UE3 —Francia, Alemania y Reino Unido—, con el G5+1, con el OIEA (Organismo Internacional de la Energía Atómica, AIEA en sus siglas en inglés y francés), respondía a esta misma lógica: comprar tiempo, crear divisiones dentro del frente occidental, y permitir que Teherán siguiese su camino nuclear sin interrupción real. Mientras las centrifugadoras de gas de Natanz giraban sin pausa, Larijani ofrecía té, conversación diplomática y la ilusión de razonabilidad.
Fue Larijani quien convenció a la diplomacia occidental de que existía una facción moderada en el seno del régimen iraní con la que era posible negociar de buena fe. Esa ilusión le costó a Occidente casi dos décadas de apaciguamiento inútil. Mientras Javier Solana, Dominique de Villepin y Jack Straw creían estar negociando de buena fe, las centrifugadoras de gas de Natanz seguían girando. Mientras el Consejo de Seguridad debatía sanciones que nunca llegaban a tiempo, el programa de misiles balísticos iraní alcanzaba capacidades que hoy todos lamentamos. El JCPOA (Plan de Acción Integral Conjunto) de 2015 fue la culminación de ese proceso de engaño: un acuerdo que congeló el programa nuclear de manera superficial mientras dejaba intactas las capacidades militares del CGRI y la estructura de las milicias proxy. Las centrifugadoras de gas nunca se detuvieron de verdad.
Su carácter de hombre bisagra entre las facciones moderadas y el CGRI era asimismo una ficción útil que él mismo cultivó con maestría. Larijani servía al CGRI con la misma lealtad que el más duro de los comandantes Basij, solo que con una eficacia diplomática que aquellos jamás habrían podido ofrecer. Su hermano Sadegh, expresidente del Poder Judicial, y él mismo formaban parte de la misma aristocracia revolucionaria que ha sostenido al régimen durante cuatro décadas. Que los medios occidentales sigan presentando su eliminación como la pérdida de un interlocutor moderado no es solo un error analítico: es la continuación del mismo error de percepción que permitió a este hombre engañar a Occidente durante veinte años.
En el plano interno iraní, analistas como Sina Azodi, director del programa de Estudios del Oriente Próximo de la Universidad George Washington, advierten que la muerte de quien actuaba como puente entre facciones puede acelerar la consolidación del poder en manos de los más radicales, dificultando cualquier salida negociada al conflicto. Este análisis es parcialmente correcto, pero incompleto en un punto esencial: esa moderación nunca fue real. El poder ya estaba en manos de los radicales. Larijani era su mejor embajador ante comunidad internacional. En el plano militar, la organización Basij —con decenas de miles de efectivos— queda acéfala en un momento de máxima presión, lo que podría tanto debilitar las capacidades represivas internas como provocar acciones de represalia descontroladas.
A diferencia de lo que los analistas de salón suelen afirmar, el modelo israelí de decapitación sistemática de la cúpula iraní está siguiendo una lógica coherente: no sólo neutralizar capacidad militar, sino erosionar la cadena de mando hasta que el coste político interno de continuar la guerra sea insostenible para el régimen. La eliminación de Larijani no priva al régimen de un puente hacia la moderación —ese puente nunca existió—; lo priva del más hábil artista del engaño diplomático. Su eliminación no garantiza el derrumbe del sistema, pero sí lo sitúa ante un escenario sin precedentes desde la Revolución Islámica de 1979.
Perspectivas y escenarios
Escenario A (más probable a corto plazo): El régimen iraní, privado de sus principales árbitros entre facciones, endurece su posición, intensifica los ataques con drones y misiles contra el Golfo y el estrecho de Ormuz, y busca elevar el coste para los aliados de EE. UU. con el fin de generar presión internacional para un alto el fuego.
Escenario B (posible a medio plazo): La aceleración del colapso institucional, unida a protestas internas, abre una ventana de oportunidad para negociaciones de transición.
Escenario C (el más peligroso): Un mando iraní fragmentado y radicalizado toma decisiones autónomas e impredecibles, incluidas acciones contra objetivos fuera de la región. La ausencia de un plan conocido del nuevo Líder Supremo Mojtaba Jamenei, aún sin presencia pública, o las bien fundadas sospechas de que se trata de una marioneta de la Guardia Revolucionaria, añade otra incógnita de primer orden.
2. Dimisión de Joe Kent: la primera grieta interna en la Administración Trump
Hechos
Joe Kent, director del Centro Nacional Antiterrorista de EE. UU. (NCTC), presentó su dimisión irrevocable este martes en una carta pública dirigida al presidente Donald Trump y difundida en la red social X. Kent, veterano de 20 años en el Ejército con 11 misiones de combate y ex oficial de la CIA, afirmó que no podía apoyar en buena conciencia la guerra contra Irán, al considerar que Irán no representaba una amenaza inminente para la nación. Sus palabras fueron contundentes: responsabilizó a Israel y a su influyente sector de cabildeo en Washington (lobby) de haber arrastrado a EE. UU. a un conflicto que, a su juicio, contradice las promesas del presidente Trump de poner fin a las guerras interminables en Oriente Próximo y en Asia Central.
La reacción del presidente Trump fue inmediata: tildó a Kent de débil en seguridad (weak on security) y calificó su salida de buena noticia. La directora de Inteligencia Nacional, Tulsi Gabbard, se desmarcó discretamente sin avalar las conclusiones de Kent. El presidente de la Cámara de Representantes (Speaker of the House), Mike Johnson, salió al paso afirmando que todos los parlamentarios con acceso a los informes clasificados sabían que existía una amenaza inminente de que Irán pudiese alcanzar la capacidad de enriquecimiento nuclear a más del 90%, el grado requerido para construir armas nucleares .
Implicaciones
La dimisión de Kent es el incidente de indisciplina institucional más grave sufrido por la administración Trump desde el inicio de la guerra el 28 de febrero. Más allá del ruido político y mediático, la relevancia de este episodio radica en que Kent era el principal asesor antiterrorista del presidente y de la directora de inteligencia nacional: su juicio sobre la ausencia de amenaza inminente contradice directamente la justificación legal invocada por la administración para iniciar las hostilidades.
El senador demócrata Mark Warner, el jefe de filas del Partido Demócrata (Ranking Member) en el Comité de Inteligencia del Senado, respaldó la valoración de Kent afirmando que no existían pruebas creíbles de amenaza inminente. Conviene subrayar que el dimisionario es un personaje con pasado problemático: Kent tuvo que desvincularse de figuras de la extrema derecha durante su campaña al Congreso en 2022, lo que resta credibilidad por su extremismo político que sin duda ha inspirado su dimisión. Los elementos más duros del movimiento MAGA son abiertamente hostiles a esta y otras intervenciones militares.
Perspectivas y escenarios
La Casa Blanca, según fuentes citadas por NBC News, teme que la dimisión de Kent pueda desencadenar un efecto dominó de salidas de funcionarios contrarios a la guerra. La pregunta de fondo es si existe en Washington un consenso real sobre los objetivos de este conflicto o si, por el contrario, se trata de una guerra libremente elegida por el presidente con un respaldo institucional más frágil de lo que aparenta. En todo caso, y a diferencia de lo que sostiene la retórica del ala de izquierda radical del partido demócrata, esta no es una grieta sobre el fondo de la amenaza iraní, sino sobre el momento elegido (en pleno mes de Ramadán nadie se va a manifestar contra el régimen) y la estrategia o el plan de salida. El régimen de Teherán era y es una amenaza real y sistémica para la estabilidad regional y la seguridad internacional.
3. EE. UU. presiona a Siria para actuar contra Hizbulá en el Líbano. Damasco duda
Hechos
Una exclusiva de Reuters, confirmada por Al-Monitor, The Jerusalem Post e Israel Hayom, revela que EE. UU. ha alentado al gobierno del presidente sirio Ahmed al-Sharaa a considerar el envío de fuerzas militares al este del Líbano para colaborar en el desarme de Hizbulá. Según diez fuentes que incluyen seis funcionarios sirios de alto rango, dos diplomáticos occidentales, un oficial europeo y una fuente de inteligencia occidental, Washington dio su visto bueno a una posible operación transfronteriza, aunque Damasco se muestra reticente a ejecutarla. Las razones de la resistencia de las nuevas autoridades sirias son múltiples: temor a ataques de represalia iraníes, riesgo de agitar tensiones sectarias internas (en Siria el 13% de alauíes, 3% de chiíes imanitas, 1-2% de chiíes ismailíes), y el convencimiento de sus aliados árabes de que Siria debe mantenerse fuera del conflicto.
Hizbulá abrió fuego contra Israel en apoyo de Teherán el 2 de marzo, desencadenando una nueva ofensiva israelí en el Líbano. Siria desplegó unidades de cohetes y miles de efectivos en la frontera libanesa a comienzos de febrero, calificando esas medidas de defensivas. El propio Sharaa declaró que apoya los esfuerzos del gobierno libanés para desarmar a Hizbulá. No hay decisión final adoptada, pero la opción de intervenir si se produce un conflicto abierto entre el Estado libanés e Hizbulá permanece abierta.
Implicaciones
La noticia tiene una importancia estratégica de primer orden que va más allá de la eventual intervención militar siria. Lo que revela es que Washington está tejiendo una arquitectura anti-Hizbulá que no se limita al eje Israel-EE. UU., sino que busca implicar a los nuevos actores árabes del tablero levantino. Que Siria, cuyo régimen anterior fue sostenido durante quince años por Irán e Hizbulá, sea ahora el interlocutor de Washington para desmantelar esa misma organización, es uno de los giros geopolíticos más notables de la última década.
El dilema de Sharaa es real. Una intervención en el Líbano les expone a los mismos riesgos que histórica y trágicamente han tentado a todos los actores que han intentado controlar el territorio libanés: la pantanosa trampa sectaria. Como hemos señalado Siria tiene una importante minoría chií (de casi todas las tendencias) y no puede permitirse una fractura interna cuando aún no ha completado su proceso de estabilización post-Assad.
Perspectivas y escenarios
El escenario más probable es que Siria mantenga su posición de vigilancia armada (stand-by armado) mientras aguarda a ver cómo evoluciona el conflicto libanés. Si el gobierno libanés bajo el presidente el general Youssef Aoun logra avanzar en el desarme de Hizbulá por vías propias, la presión sobre Damasco disminuirá. Si, por el contrario, Hizbulá ofrece resistencia armada al gobierno de Beirut, la presión estadounidense para una operación siria aumentará exponencialmente. El riesgo de un error de cálculo que arrastre a la región a una guerra de dimensiones aún mayores es, en este escenario, elevado.
4. Los drones baratos reconfiguran la guerra. Reuters: Occidente aprende, al fin, la guerra del siglo XXI
Hechos
Un importante reportaje gráfico de Reuters analiza cómo EE. UU. ha inundado el espacio aéreo iraní con drones denominados merodeadores (loitering munitions) de 50.000 dólares la unidad, en lo que la agencia describe como una adaptación tardía pero significativa al paradigma bélico del siglo XXI. El análisis desmonta la noción —frecuente en foros académicos y think tanks— de que la guerra moderna se reduce a la guerra híbrida (hybrid warfare). La guerra del siglo XXI es, en realidad, la combinación de operaciones convencionales, empleo masivo de drones y elementos de guerra híbrida, todo ello potenciado por una capacidad de guerra electrónica (electronic warfare) y convencional (infantería, aviación y marina) en la que Occidente mantiene aun una cierta ventaja respecto a las potencias revisionistas.
El reportaje destaca además la dimensión ucraniana del fenómeno: cuatro años de guerra intensiva han convertido a Ucrania en el laboratorio mundial de la doctrina de drones, y Kiev está exportando esa experiencia con gran éxito al resto del mundo, incluidos los socios de EE. UU. en el Golfo.
Implicaciones
La confluencia entre el reportaje de Reuters y la realidad del campo de batalla iraní no es casual. Por primera vez desde el inicio de la guerra con Irán, se está produciendo una convergencia de narrativas: la guerra de Ucrania y la guerra de Irán son parte del mismo ecosistema bélico global. Los drones iraníes Shahed que machacan Ucrania son los mismos que atacan los emiratos del Golfo. La experiencia ucraniana en derribarlos es directamente exportable. La supremacía en guerra electrónica de Occidente, señalada por Reuters, es uno de los activos estratégicos menos publicitados de la Alianza Atlántica. Su empleo sistémico en el teatro iraní puede resultar decisivo para neutralizar las capacidades ofensivas del régimen sin necesidad de escalar a niveles que pondrían en riesgo la estabilidad del Golfo y los flujos energéticos globales.
Perspectivas y escenarios
La doctrina emergente que describe Reuters apunta a un modelo de guerra donde el coste unitario del atacante es dramáticamente inferior al del defensor que emplea misiles convencionales. Irán gasta 50.000 dólares por dron y obliga a su adversario a gastar cuatro millones de dólares en cada interceptación. A escala, esta asimetría puede resultar financieramente insostenible para los defensores si no adaptan urgentemente sus sistemas. La lección ucraniana —interceptores baratos y sistemas de defensa inteligente— es la respuesta.
III. RACK DE MEDIOS
Resumen de cómo los principales medios internacionales cubren las noticias de la jornada:
Medios anglófonos de referencia
Reuters: Tres piezas de portada: exclusiva sobre Siria-Hizbulá; reportaje gráfico sobre drones; y cobertura de la eliminación de Larijani con confirmación iraní. Trabajo de campo sólido y multi-fuente. Referencia del día.
The Washington Post: Confirma la eliminación de Larijani. Enfatiza la incertidumbre sobre las consecuencias para el liderazgo del régimen. Cobertura cautelosa y rigurosa. Como es habitual en el Post, persiste la tendencia a presentar a Larijani como un pragmatista, reflejo de dos décadas de análisis mal informado sobre el establishment iraní.
CNN: Cobertura en directo (live blog). Amplía las implicaciones de la dimisión de Kent y la respuesta de Trump. Destaca la ausencia de posicionamiento de Tulsi Gabbard.
CBS News: Confirmación de la dimisión de Kent como el funcionario de mayor rango en abandonar la administración Trump a causa de la guerra. Cita directa de la carta de renuncia.
CNBC: Doble cobertura: la guerra energética en el Golfo y la dimisión de Kent. Perspectiva financiera sobre la crisis del estrecho de Ormuz.
AP / AFP: Despachos sobre la eliminación de Larijani y el discurso de Zelenski ante el Parlamento británico en Westminster. Cobertura amplia y distribuida globalmente.
NBC News / MSNBC: Análisis sobre el efecto dominó que la Casa Blanca teme tras la dimisión de Kent. Fuentes anónimas de la Administración.
Medios europeos
Irish Times: Cobertura de la eliminación de Larijani y el contexto del desmantelamiento sistemático de la cúpula del régimen iraní.
Le Monde / Le Figaro: Análisis de las implicaciones geopolíticas de la eliminación de Larijani para el equilibrio de fuerzas en el seno del régimen iraní.
Medios israelíes y árabes
Israel Hayom: Confirma la operación que eliminó a Larijani y Soleimani. Perfil biográfico de ambos y valoración estratégica de la operación.
The Jerusalem Post: Exclusiva sobre el informe Reuters-Siria. Análisis de la viabilidad de una operación siria en el Líbano contra Hizbulá.
Al Jazeera: Cobertura crítica de la dimisión de Kent. Seguimiento en directo de la guerra. Perspectiva pro-iraní matizada pero presente.
WION (India): Perfil de Kent y análisis de las implicaciones de la renuncia en la cohesión de la inteligencia estadounidense.
IV. SEMÁFORO DE RIESGOS
ROJO | CRÍTICO | Eliminación de Alí Larijani y del comandante Basij Gholam Reza Soleimani. Segunda decapitación de máximo rango del régimen en menos de tres semanas. La desaparición del arquitecto de la estrategia nuclear y principal operador diplomático del régimen elimina el único canal que Occidente creía tener para una eventual negociación, aunque ese canal era en realidad el instrumento del engaño sistemático. El riesgo inmediato es una escalada abrupta protagonizada por un mando iraní fragmentado, desarticulado y sin la mano que controlaba los tiempos. La posibilidad de acciones de represalia descontroladas contra objetivos del Golfo, el estrecho de Ormuz o infraestructuras críticas es máxima. |
NARANJA | ALTO | Dimisión pública de Joe Kent, director del NCTC, por discrepancias con la justificación legal de la guerra. Primera grieta institucional grave en la administración Trump desde el 28 de febrero. Si la evaluación de inteligencia de Kent —que niega la amenaza inminente— llega a debatirse en el Congreso o en sede judicial, podría comprometer la base jurídica de las operaciones militares en curso. La Casa Blanca teme un efecto dominó de dimisiones. El riesgo para la cohesión interna de la administración es alto, aunque la posición presidencial sigue siendo sólida a corto plazo. |
AMARILLO | ELEVADO | Presión estadounidense sobre Siria para una operación militar transfronteriza en el este del Líbano contra Hizbulá. Damasco mantiene reservas por los riesgos de represalia iraní y de agitación sectaria interna. Si el gobierno libanés no avanza en el desarme de Hizbulá por vías propias, la presión sobre al-Sharaa se intensificará. El riesgo de apertura de un segundo frente bélico en el Levante, con todas las implicaciones regionales que ello comporta, es real y creciente. Un error de cálculo podría arrastrar a Siria a un pantano similar al que acabó con su propio régimen anterior. |
AZUL | OPORTUNIDAD | Revolución doctrinal de los drones baratos (loitering munitions) según el análisis de Reuters. EE. UU. emplea munición merodeadora de 50.000 dólares por unidad frente a defensas que cuestan cuatro millones de dólares el interceptor. La asimetría de costes favorece al atacante a escala sostenida. Oportunidad para Occidente si adapta sus sistemas defensivos con la experiencia ucraniana; riesgo si Irán logra saturar las defensas del Golfo antes de esa adaptación. La superioridad en guerra electrónica (electronic warfare) de la Alianza Atlántica es el factor compensador decisivo. |
V. COMENTARIO EDITORIAL
Lo que está ocurriendo en Irán desde el 28 de febrero es, sin rodeos, uno de los momentos más dramáticos de la historia reciente de Oriente Próximo. La guerra que comenzó con la muerte del Ayatolá Alí Jamenei —el máximo jerarca de un régimen que ha exportado terror, inestabilidad y miseria durante cuatro décadas— avanza con una cadencia que hasta los analistas más optimistas habrían considerado improbable hace apenas tres meses. La eliminación de Alí Larijani, el hombre que diseñó la táctica nuclear de Irán —la de marear la perdiz, en palabras certeras— supone privar al régimen de su negociador más hábil, el mismo que convenció a medio mundo occidental de que Irán era un interlocutor moderado cuando en realidad era un operador de primera clase al servicio de la Guardia Revolucionaria: un fanático de maneras cultivadas, un sofista de la diplomacia nuclear cuya pericia residía en prolongar indefinidamente las negociaciones para que las centrifugadoras de gas nunca se detuviesen.
Es necesario decirlo con claridad ante la confusión que generan ciertos medios: que Larijani usase corbata, que recibiese a diplomáticos europeos con cortesía, que hablase el lenguaje de la negociación, no lo convertía en un moderado. Lo convertía en el engañador más sofisticado del régimen. La izquierda ilustrada europea, los think tanks washingtonianos y los diplomáticos de salón que lo presentaban como una voz de la razón dentro del sistema revolucionario iraní han prestado, durante veinte años, un servicio inestimable al programa nuclear militar de Teherán. Hoy, cuando Israel ha suprimido esa voz, muchos de esos mismos analistas lloran al hombre que les engañó con brillantez. La coherencia intelectual no es, evidentemente, su fuerte.
La dimisión de Joe Kent merece una lectura sin hipocresía. Tiene razón en que no hay que comenzar guerras por presiones de ningún lobby, sea del tipo que sea. Pero se equivoca de plano al afirmar que Irán no representaba una amenaza inminente. Un régimen en el umbral de la capacidad nuclear, que financia, arma y lanza a Hizbulá y a HAMAS, que sostiene a los hutíes del Yemen, que arma a las milicias terroristas chiíes de Irak y que suministra drones a Putin para masacrar a los ucranianos, no necesita lanzar un misil sobre Washington para constituir una amenaza de primer orden. La amenaza existía y existe. El debate legítimo es sobre el momento y los medios, no sobre su realidad.
La presión sobre Siria para que actúe contra Hizbulá en el Líbano es una de las apuestas más audaces —y arriesgadas— de la estrategia estadounidense en la región. Ahmed al-Sharaa es un actor racional que comprende perfectamente el peligro que Hizbulá representa para la estabilidad del Levante del Próximo Oriente. Pero también sabe que la historia de quienes se han metido en el avispero libanés termina siempre igual, incluido el sanguinario régimen de los Al-Assad que más de una vez salieron trasquilados. La prudencia de Damasco no es cobardía: es supervivencia política. Washington haría bien en no sobrecargar un barco que todavía no ha acabado de salir del puerto.
El presidente ucraniano Zelenski pronunció este martes ante el Parlamento de Westminster un discurso que merece una mención en este análisis: su identificación del eje Moscú-Teherán (Brotherhood of Hatred, la hermandad del odio) como el núcleo duro de la desestabilización mundial no es retórica, es geopolítica pura. Los mismos Shahed que caen sobre Járkov caen sobre Dubái. Los componentes rusos que llevan los drones iraníes son el hilo que une los dos conflictos. Occidente no puede permitirse el lujo de combatir ambas amenazas por separado si en realidad provienen de la misma fuente de financiación, tecnología e intención.
La guerra contra el régimen iraní (aunque sin duda mal planificada por el momento elegido y sin estrategia de salida, el segundo puede corregirse) no es una guerra de elección caprichosa: es la consecuencia inevitable de décadas de apaciguamiento fallido. Que cueste sangre y dinero no la convierte en injusta. Lo injusto habría sido seguir mirando hacia otro lado mientras Teherán alcanzaba la bomba atómica. El tiempo de las medias tintas se acabó el 28 de febrero. Y el mundo, aunque todavía no lo sepa, es hoy un lugar más seguro sin Alí Jamenei y sin Alí Larijani en él.
CLAVES DEL DÍA DE JOSE A. VIZNER
¿Te gusta esta Newsletter? Suscríbete
Reply